Hoy vamos a descubrir cómo vivió realmente Miguel Acéz Mejía, el rey del falsete, el hombre que grabó más de 2000 canciones en 90 discos convirtiéndose en uno de los tres pilares de la canción ranchera junto a Jorge Negrete y Pedro Infante.

Acompáñanos a conocer al niño limpiabotas y tartamudo de Chihuahua, que se convirtió en el primer mexicano en conquistar Argentina con música ranchera al cantante que vivió hasta los 90 años cuando casi todos sus colegas murieron jóvenes.
Al final de este video descubrirás por qué su legado fue injustamente relegado a segundo plano.
Comencemos.
El comienzo de una leyenda.
Miguel Acézes Mejía nació el 13 de noviembre de 1915 en Chihuahua, aunque algunas fuentes mencionan el 15 de noviembre.
Era hijo de Miguel Acézes, quien trabajaba como ferrocarrilero y Herminia Mejía, ambos originarios de los Altos de Jalisco.
Nació en familia humilde en plena época de la Revolución Mexicana.

Cuando Miguel tenía apenas 4 años de edad, su padre falleció dejando a la familia en situación económica desesperada.
Miguel quedó con su madre Herminia, quien hacía todo lo posible por sacar adelante a sus hijos.
Vivieron su infancia en plena revolución mexicana viendo pasar tropas por Chihuahua escuchando balaceras.
Pero Miguel no tuvo tiempo de asimilar lo que fue la revolución.
Estaba más ocupado tratando de conseguir dinero para ganarse el pan de cada día.
Desde niño Miguel trabajó como limpiabotas en las calles de Chihuahua.
También vendía periódicos gritando los titulares en las esquinas, cualquier trabajo que le permitiera llevar dinero a casa.
Era niño pobre en ciudad fronteriza, donde la vida era dura y las oportunidades escasas.

Cuando era niño, llegaban a Chihuahua Mariachis a cantar en las calles.
Iban con viuela, guitarrón y guitarra vendiendo las letras de las canciones que tocaban a 10 centavos.
Fue entonces cuando Miguel descubrió su amor por la música ranchera.
Escuchaba a esos mariachis fascinado, memorizando las canciones, soñando con poder cantar así.
En su adolescencia, Miguel trabajaba como ayudante de mecánico en la Ford Motor Company de Chihuahua.
Era trabajo duro, pero mejor pagado que limpiar botas.
Miguel aprendía el oficio de mecánico mientras cantaba constantemente.
Cantaba mientras trabajaba en los motores.

Cantaba en los descansos.
Cantaba camino a casa.
Pero Miguel tenía un problema serio.
Era tartamudo.
Cuando hablaba, las palabras se atoraban en su garganta.
Tartamudeaba al dar los buenos días, al pedir herramientas, al conversar con compañeros.
Era condición frustrante que hacía difícil la comunicación básica, pero cuando cantaba, el tartamudeo desaparecía completamente.
Su voz fluía sin obstáculos, clara y poderosa.
Sus compañeros en la Ford Motor Company lo alentaron a entrar a concurso de canto que realizaba la empresa.
Se la pasaba cantando todo el tiempo y según decían ellos que cantaba muy bonito.
El primer premio era contrato para trabajar en Monterrey en la XCB El buen tono.
Miguel se inscribió sin esperanzas de ganar, pero ganó.
Ese concurso cambió su vida.
Llegó a Monterrey en 1936 con contrato para cantar en radio.
Ahí conoció a Emilio Andrade y Nicolás Jiménez con quienes formó el trío Los porteños.
Era 1938 y Miguel tenía 23 años.
Por primera vez en su vida ganaba dinero cantando en lugar de limpiando botas o reparando motores.
Después de trabajar en Monterrey y hacer gira que lo llevó hasta Los Ángeles, donde grabó su primer disco, Miguel decidió ir a Ciudad de México.
Era 1940 y la Ciudad de México era donde estaban las oportunidades reales en radio y cine.
Pero entrar a la XCW, la estación más importante, era casi imposible.
Miguel se formaba todas las mañanas desde las 7 de la mañana frente a los estudios de la XCW.
esperando oportunidad.
Día tras día llegaba temprano.
Esperaba horas, pero nadie lo escuchaba.
Pasaban semanas sin que le dieran chance de demostrar su voz, pero Miguel no se rendía.
Un día, el cantante Fernando Fernández lo vio formado afuera y sintió compasión.
Uno de los cantantes del programa se enfermó y Fernando introdujo a Miguel para que lo sustituyera.
Miguel subió al aire y cantó.
Su voz impresionó inmediatamente a los directores de la XCW por su tesitura única y su tono característico.
Le preguntaron que le gustaba cantar.
Miguel contestó que siempre había incursionado en género ranchero, pero los directores le dijeron que ese género no tenía muchos seguidores en Ciudad de México, que la moda era otra.
Lo iniciaron en el programa Rumbas y boleros como cantante de boleros y música afrocubana que estaba de moda.
Miguel aceptó porque necesitaba el trabajo.
Durante años cantó boleros, rumbas, guarachas.
Al lograr éxito como bolerista tuvo su propio programa en la XCW, el director Mariano Rivera, donde lo hizo grabar varios discos con rumbas y guarachas.
Miguel se volvió popular, pero su corazón siempre estuvo en la música ranchera.
En 1945, cuando se preparaba para grabar nuevo sencillo de boleros, inició huelga en México de todos los músicos sindicalizados.
Era crisis que paralizó la industria musical, pero a Mariano Rivera Conde se le ocurrió idea brillante.
Le dijo a Miguel, “¿Por qué no grabamos con mariachi?” En el sindicato no están reconocidos como músicos.
Era vacío legal que podían explotar.
Fue oportunidad dorada.
Miguel grabó sus primeras canciones rancheras con mariachi en 1945, cuando tenía 30 años.
Su voz se adaptaba perfectamente al género, pero lo que distinguió a Miguel fue su falsete.
El falsete es técnica vocal donde el hombre canta en registro agudo similar a voz femenina.
Los guapangueros tradicionales usaban falsete ocasionalmente, pero Miguel lo perfeccionó y lo hizo su sello distintivo.
Oficializó el falsete a nivel mundial, lo incorporó sistemáticamente en sus interpretaciones rancheras de manera que nunca nadie había hecho.
Cuando Miguel cantaba la malagueña y subía al falsete en los momentos clave, el público quedaba electrificado.
Era sonido único, inconfundible, que nadie más podía replicar con esa perfección.
Entre 1945 y su muerte en 2006, Miguel grabó más de 2000 canciones en 90 discos que abarcan todos los géneros folkóricos mexicanos.
Sus interpretaciones más famosas incluyen la malagueña, el pastor, la del reboso blanco.
Se me hizo fácil, yo tenía un chorro de voz, vaya con Dios.
El jinete, Cuatro Caminos, La Barca de Guaimas, Tatadió, Cielo Rojo.
Cada canción era obra maestra interpretativa.
En su vida personal, Miguel se casó primero con Angelina Sánchez, con quien tuvo una hija, Gloria Angélica Acebe Sánchez.
El matrimonio terminó en divorcio.
Después se casó con Rita Monterrey, Argentina, en 1958.
Con ella tuvo un hijo, Miguel Santiago Acées Martínez.
Este segundo matrimonio duró hasta la muerte de Miguel en 2006.
Rita fue su compañera durante casi 50 años.
Pero antes de hablar de su carrera cinematográfica y su legado, necesitamos entender cuánto ganó realmente el rey del falsete.
Prepárate porque las cifras te van a impresionar.
Su fortuna.
Durante su mejor época, entre las décadas de 1950, 1960 y 1970, Miguel Acéz Mejía fue uno de los artistas mexicanos mejor pagados de toda la industria.
Su estatus como uno de los tres pilares de la canción ranchera, junto a Jorge Negrete y Pedro Infante le permitió negociar contratos que estaban al nivel de las máximas estrellas del espectáculo.
Por cada película que protagonizaba o en la que tenía una participación relevante, Miguel cobraba entre 40,000 y 85000 pesos durante los años 50 y 60, una cifra enorme para la época.
Para entender la magnitud, el salario mínimo en México en los años 50 rondaba los 3 pesos diarios, es decir, unos 90 pesos mensuales.
En una sola película, Miguel ganaba lo que un trabajador promedio tardaba entre 37 y 79 años en ganar.
A lo largo de su carrera cinematográfica participó en más de 60 películas.
En su etapa más productiva filmaba entre dos y cuatro películas por año.
Si tomamos un promedio conservador de 60,000 pesos por película y unas tres películas anuales, Miguel obtenía alrededor de 180,000 pes al año solo por cine.
Una cifra que llevada a valor actual representa aproximadamente entre 3.
5 y 4.
5 millones de pesos anuales.
Pero el cine era solo una parte de su fortuna.
Miguel grabó más de 2000 canciones y lanzó alrededor de 90 discos oficiales.
Fue artista exclusivo de RCA durante 61 años, uno de los contratos más largos en la historia de la música mexicana, lo que le garantizaba ingresos constantes y estabilidad financiera.
Cada disco vendido le generaba regalías.
Sus álbumes más exitosos vendían entre 8,000 y 10,000 copias en cada lanzamiento, según testimonios de ejecutivos de Sony BMG.
Con cerca de 90 discos en su catálogo, las ventas acumuladas fueron masivas.
Durante los años 50, 60 y 70, sus regalías anuales por discos fluctuaban entre 40,000 y 70,000 pesos, dependiendo de cuántos materiales lanzaba cada año.
Las presentaciones en vivo eran otro pilar fundamental de sus ingresos.
Miguel cobraba entre 10,000 y 25,000 pesos por presentación durante los años 60 y 70, según el Benju y la importancia del evento.
Llenaba todos los lugares donde se presentaba.
Su falsete único garantizaba sold out absoluto.
Con apenas tres presentaciones mensuales en temporadas activas, podía generar entre 30,000 y 75,000 pesos al mes, es decir, entre 360,000 y 900,000 pes anuales solo por SS, una cantidad extraordinaria para cualquier artista de la época.
Su éxito no se limitó a México.
Miguel Acéz Mejía tuvo un impacto histórico en Argentina.
Aunque Jorge Negrete fue quien llevó la canción ranchera por primera vez a ese país, fue Miguel quien provocó el verdadero boom popular en 1951, llenando teatros y extraciudades.
Entre 1956 y 1959 participó en tres producciones cinematográficas realizadas en Argentina.
Que me toque las golondrinas.
Amor se dice cantando y viva quien sabe querer.
Estas películas le generaron ingresos relevantes que al ser convertidos a moneda mexicana representaban montos estimados entre 50,000 y 100,000 pesos por película, cifras altísimas incluso para estándares mexicanos.
Además, una de sus composiciones más emblemáticas, ruega por nosotros, le permitió establecer vínculos cercanos con figuras influyentes del ámbito cultural y social argentino.
Esta cercanía le abrió las puertas a eventos de alto perfil, presentaciones privadas y escenarios reservados para la élite, donde Miguel cobraba honorarios elevados, consolidando aún más su prestigio y su reconocimiento internacional.
En España también fue grande.
Compartió créditos con Lola Flores en Échame a mí la culpa en 1958 y en Tú y las Nubes en 1955.
Su versión de No volveré fue éxito de dimensiones mayores en España.
Las giras españolas también le generaban ingresos considerables en pescetas que convertidas a pesos mexicanos aumentaban su fortuna.
Una de sus películas más importantes fue Música de Siempre en 1956, una de las producciones más ambiciosas de la época.
reunió a Miguel con figuras de la música internacional como Ris Ortolani, Catina Ranieri, Amalia Rodríguez, Imasumac y Edit Piaf.
era producción de alto presupuesto que le pagó excepcionalmente bien, sumando todas sus fuentes de ingreso.
En sus mejores años durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, Miguel Acébes Mejía ganaba entre 580,000 y 1.
1 millones de pesos anuales.
Eran cantidades que lo colocaban entre los artistas mexicanos mejor pagados de su época.
En valor actual estaríamos hablando de ingresos anuales de entre 11 y 22 millones de pesos.
Con esos ingresos, Miguel vivía muy bien.
No era ostentoso, pero vivía con comodidad apropiada para artista de su nivel.
Mantenía a su familia, viajaba constantemente, se hospedaba en buenos hoteles, vestía bien, era profesional que había salido de la pobreza extrema y sabía valorar la estabilidad económica que su talento le había dado.
A diferencia de otros artistas que dilapidaban sus fortunas, Miguel fue prudente financieramente.
Tuvo contrato exclusivo con RCA durante 61 años que le garantizaba ingresos constantes.
Su asistente, Juan Perea, cobraba las regalías hasta los últimos años de su vida, cuando Miguel ya estaba muy enfermo.
Cuando murió en 2006, a los 90 años, Miguel había acumulado patrimonio considerable gracias a décadas de trabajo constante.
Sus discos seguían vendiéndose cada vez que salía reedición.
Su legado musical continuaba generando ingresos para sus herederos.
Fue uno de los pocos artistas de la época de oro que vivió lo suficiente para ver el valor completo de su obra.
El rey del cine ranchero, Miguel Acéz Mejía incursionó en el cine cuando su popularidad musical estaba establecida.
Su primera película fue Rancho Alegre en 1940, cuando tenía 25 años.
En esa película aparece solo al final interpretando el tema musical de la historia.
Era participación pequeña, pero marcó su debut cinematográfico.
Durante sus primeras 10 películas, Miguel aparecía solo como cantante en números musicales.
Incluso dobló la voz de José Pulido en el filme de Pecado en Pecado en 1947.
Era trabajo de cantante contratado, no de actor protagónico, pero los productores veían potencial.
En 1954, a los 39 años, Miguel debutó estelarmente en la película A los cuatro vientos al lado de Rosita Quintana.
Fue momento definitorio en su carrera cinematográfica.
Rosita Quintana era actriz establecida que lo consideraba su aijado artístico.
La química entre Miguel y Rosita en pantalla fue excepcional.
Fue tal aceptación de Miguel y Rosita como pareja que los productores decidieron reunirlos en otras películas.
Que seas feliz en 1956, mi niño, mi caballo y yo en 1958, donde estás corazón y paloma brava, ambas filmadas en 1960.
Cada película fue éxito de taquilla.
Miguel trabajó al lado de las grandes figuras del cine mexicano.
Con Lola Beltrán compartió créditos en Rogaciano Elapanguero y guitarras de medianoche ambas de 1957.
Era reunión de dos de las voces más importantes de la música ranchera en pantalla.
Con libertad, la marque actúa en historia de un amor en 1955, cuatro copas en 1957 y sabrás que te quiero en 1958.
Con María Félix cantó a Dúo en Camelia en 1953, demostrando que podía sostener escenas con la diva más grande del cine mexicano.
También actuó con María Félix en si yo fuera Millonario en 1962.
Con Marga López intervino en camino de la Orca en 1961 y bajo el cielo de México en 1957.
Con Flor silvestre fue protagonista en el ciclón en 1959, un western y los fanfarrones en 1960 una comedia.
Demostraba versatilidad como actor capaz de manejar diferentes géneros.
Aunque muchos dirían que la actuación no era su fuerte, Miguel tenía presencia en pantalla que funcionaba perfectamente para el cine ranchero de la época.
Su característica física más distintiva era mechón de pelo blanco que contrastaba con su cabello negro.
Ese mechón blanco se volvió parte de su imagen icónica, tan reconocible como su falsete.
Cuando el público veía ese mechón blanco y escuchaba el falsete, sabían inmediatamente que era Miguel Acéz Mejía.
En total, Miguel protagonizó o participó en más de 60 películas entre 1940 y principios de los años 80.
Sus últimas películas incluyen El asesino enmascarado en 1962 y Asesinos de la lucha libre en 1962, donde incursionó en género de luchadores que era muy popular en esa época.
A diferencia de Jorge Negrete, que murió a los 42 años y Pedro Infante, que murió a los 39, Miguel vivió hasta los 90 años.
Esto significaba que su carrera cinematográfica fue más larga, pero también que vivió para ver el declive del cine mexicano en los años 70 y 80.
Las películas de sus últimos años no tuvieron el mismo impacto que las de la época de oro.
El legado injustamente olvidado.
Miguel Acéz Mejía logró lo que muy pocos artistas logran, vivir hasta los 90 años después de carrera de más de 60 años.
Pero desde perspectiva histórica, esto fue arma de doble filo.
A diferencia de otros grandes artistas de la época de oro, Miguel no tuvo la suerte de morir joven y en plena gloria.
Jorge Negrete murió a los 42 años en 1953 en cúspide de su fama.
Su muerte fue evento nacional, su funeral fue multitudinario, se convirtió en mito instantáneo.
Pedro Infante murió a los 39 años en 1957 en accidente aéreo.
Su muerte también fue tragedia nacional que lo convirtió en leyenda eterna.
Javier Solís murió a los 34 años en 1966.
Todos murieron jóvenes, hermosos, en su mejor momento.
Miguel vivió.
Vivió para envejecer, para ver declinar el cine mexicano, para ver cambiar los gustos musicales, para ver surgir nuevas generaciones que no conocían la época de oro y tal vez por ello no llegó a ser mito de la misma magnitud.
Su nombre, al igual que su inmenso legado como cantante, quedó a veces injustamente relegado a segundo plano.
Pero la realidad es que Miguel Acéz Mejía está considerado por especialistas como pilar fundamental de la canción ranchera mexicana.
Junto con Jorge Negrete y Pedro Infante forma el triumbirato de los tres grandes de la época dorada.
Para muchos conocedores, Miguel fue el más grande intérprete de todos.
Nadie mejor que él llevó la música ranchera al exterior.
Fue el primero que la hizo triunfar internacionalmente.
Jorge Negrete abrió caminos, pero Miguel conquistó territorios.
En Argentina fue ídolo absoluto.
En España fue estrella de primera magnitud.
Sus giras lo llevaron por toda América Latina y Europa.
Rubén Fuentes, uno de los músicos y compositores más respetados de México, descubrió las cualidades únicas de Miguel y lo apoyó durante toda su carrera.
reconocía que la voz de Miguel era instrumento excepcional que merecía las mejores composiciones.
Miguel también hizo duetos inolvidables con grandes figuras.
Cantó con libertad la Marque, con Marco Antonio Muñiz, con Pedro Vargas.
Cada dueto era encuentro de titanes donde Miguel demostraba que su falsete podía complementar cualquier voz sin opacarse.
Fue creador y perfeccionador del falsete en música ranchera.
Los guapangueros tradicionales usaban falsete, pero Miguel lo oficializó mundialmente.
Luego lo reforzó con el mariachi, creando estilo único que influenció a generaciones de cantantes posteriores.
En sus últimos años, Miguel sufrió complicaciones de salud.
Estuvo hospitalizado en el Hospital Santa Elena en habitación 401.
Su esposa Rita Monterrey apenas podía comunicarse de la impresión de verlo con sondas y débil.
3 años y medio antes de su muerte comenzaron a complicarse sus afecciones.
El 6 de noviembre de 2006, Miguel Acéz Mejía falleció en Ciudad de México a los 90 años de edad a causa de neumonía.
recibió homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, el máximo honor que México otorga a sus artistas más grandes.
Su cuerpo fue velado el 8 de noviembre de 2006 y después fue enterrado en el Panteón Jardín de Ciudad de México.
Miguel dejó legado de más de 2000 canciones grabadas en 90 discos.
Dejó más de 60 películas que documentan su talento.
Dejó técnica del falsete que ningún otro cantante ha igualado.
Dejó ejemplo de longevidad profesional, trabajando hasta edad muy avanzada.
Sus discos se siguieron vendiendo después de su muerte.
Cada vez que sale reedición se superan 8,000 a 10,000 unidades.
Según ejecutivos de Sony BMG.
Sus canciones siguen sonando en radio.
Nuevas generaciones descubren su voz y quedan fascinadas por ese falsete que nadie más puede replicar.
Miguel Acéz Mejía fue hombre hecho en la vida.
No tuvo título universitario.
De hecho, apenas cursó primaria cuando cursar primaria era equivalente a secundaria o preparatoria de ahora, pero se educó en la vida, en el trabajo, en la música.
Subió desde limpiabotas hasta leyenda nacional.
Espero que hayas podido conocer mejor a Miguel Acézes Mejía, el rey del falsete que vivió 90 años y grabó más de 2000 canciones, tanto como yo disfruté preparar este recorrido por su vida.
Si conoces alguna anécdota adicional sobre su carrera, sus películas o su legado, déjamela en los comentarios.
Y ahora te pregunto a ti, ¿crees que Miguel hubiera sido más reconocido si hubiera muerto joven como Jorge Negrete y Pedro Infante? ¿O su longevidad le permitió dejar un legado musical más completo? Y si te gustan estas historias sobre los grandes de la música mexicana, no te pierdas nuestros otros videos.
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