El compañero que atormentó a Carlo Acutis reveló lo que pasó 3 años después… es imposible Hola, soy Mateo Rossi y el 15 de agosto de 2009 a las 11:47 de la noche debía haber muerto. Mi fiat voló 47 m por un precipicio, dio tres vueltas completas en el aire y se estrelló contra las rocas del fondo del barranco. Los bomberos que llegaron a rescatarme no buscaban un sobreviviente, buscaban un cadáver. El capitán de los bomberos, un hombre con 23 años de experiencia llamado Juspe Mancini, le dijo después a los periodistas, “En toda mi carrera jamás vi a alguien salir vivo de un accidente así. El auto quedó reducido a un cubo de metal comprimido de menos de 1 metro de altura. Físicamente es imposible que hubiera espacio para que un cuerpo humano sobreviviera ahí dentro. Pero yo sobreviví sin un solo hueso roto, sin hemorragias internas, sin traumatismo craneal. Salí caminando de los restos de ese auto con solo un corte superficial en la frente. Los paramédicos pensaron que estaban alucinando. Me hicieron cinco tomografías diferentes porque no podían creer que estuviera ileso. Y aquí está la parte que te va a helar la sangre, hermano, hermana………… Vea los comentarios a continuación 👇

Hola, soy Mateo Rossi y el 15 de agosto de 2009 a las 11:47 de la noche debía haber muerto.

Mi fiat voló 47 m por un precipicio, dio tres vueltas completas en el aire y se estrelló contra las rocas del fondo del barranco.

Los bomberos que llegaron a rescatarme no buscaban un sobreviviente, buscaban un cadáver.

El capitán de los bomberos, un hombre con 23 años de experiencia llamado Juspe Mancini, le dijo después a los periodistas, “En toda mi carrera jamás vi a alguien salir vivo de un accidente así.

El auto quedó reducido a un cubo de metal comprimido de menos de 1 metro de altura.

Físicamente es imposible que hubiera espacio para que un cuerpo humano sobreviviera ahí dentro.

Pero yo sobreviví sin un solo hueso roto, sin hemorragias internas, sin traumatismo craneal.

Salí caminando de los restos de ese auto con solo un corte superficial en la frente.

Los paramédicos pensaron que estaban alucinando.

Me hicieron cinco tomografías diferentes porque no podían creer que estuviera ileso.

Y aquí está la parte que te va a helar la sangre, hermano, hermana.

Cuando revisaron la caja negra del auto, cuando analizaron el último segundo antes del impacto, la velocidad registrada era de 143 km/h.

A esa velocidad, cayendo desde esa altura, el impacto debió generar una fuerza equivalente a 47 conegs.

Un ser humano normal pierde el conocimiento a cinco gesinc.

A 10 Cocos, el cerebro sufre daño permanente.

A 47 Jorgo, tu cuerpo literalmente debería desintegrarse.

Pero yo estaba consciente caminando, hablando.

¿Cómo es posible? Te voy a contar algo que nunca le he dicho a nadie, excepto a mi esposa y a mi confesor.

Mientras ese auto caía por el precipicio, mientras el mundo daba vueltas y yo veía a la muerte acercándose, escuché una voz clara como el agua que me dijo, “Mateo, todavía no es tu tiempo.

Te perdono.

Ahora perdónate a ti mismo.

” Era la voz de Carlo Acutis, el chico al que yo había torturado, el chico que había muerto 3 años antes, el chico al que nunca le pedí perdón.

Pero para que entiendas por qué esa voz me salvó la vida, necesito llevarte 3 años atrás, al año 2006, cuando yo tenía 15 años y era la peor versión de mí mismo.

Era abril de 2006.

Yo estudiaba en el Liceo Clásico Alesandro Mansoni en Milán, una escuela prestigiosa donde los hijos de familias acomodadas iban para prepararse para la universidad.

Mi familia no era rica, pero mi padre trabajaba dos empleos para pagar mi colegiatura porque quería que yo tuviera oportunidades que él nunca tuvo.

Yo era popular, capitán del equipo de fútbol, el tipo de estudiante que los profesores fingían no ver cuando hacía trampa porque sacaba buenas calificaciones en los exámenes importantes.

Tenía un grupo de cuatro amigos que me seguían a todas partes.

Lorenzo, Davide, Marco y Alesandro.

Juntos éramos los reyes de la escuela, pero también éramos cobardes crueles que nos sentíamos poderosos, haciendo sufrir a los más débiles.

Y nuestro objetivo favorito era un chico llamado Carlo Acutis.

Carlo había llegado a nuestra escuela en septiembre de 2005.

Era diferente a todos nosotros.

Usaba la misma sudadera azul de Pokémon casi todos los días.

No le interesaba el fútbol, no salía a fiestas, no perseguía chicas.

Durante los recreos, mientras todos estábamos en el patio, él se iba a la pequeña capilla que la escuela tenía en el segundo piso y pasaba 30 minutos orando frente al sagrario.

Eso me enfurecía por razones que no entendía entonces, pero que ahora veo con claridad.

La bondad de Carlo me hacía sentir sucio.

Su paz me recordaba mi propia miseria interior.

Cuando él hablaba de Dios con esa certeza absoluta, cuando sonreía con esa alegría genuina que no dependía de ser popular o admirado, yo sentía que me estaba juzgando sin decir una palabra, así que decidí destruirlo.

Comenzó con cosas pequeñas.

Le escondía la mochila y lo obligaba a buscarla por toda la escuela.

Tiraba sus libros al suelo en medio del pasillo y me reía mientras él los recogía en silencio.

Organizaba a mis amigos para que nadie se sentara con él en el almuerzo.

Una vez le puse pegamento en su silla justo antes de la clase de matemáticas.

Llegó tarde porque tuvo que ir a cambiarse los pantalones y el profesor lo regañó frente a todos.

Yo me reí tanto que me dolió el estómago.

Carlo solo me miró con esa tristeza profunda en sus ojos cafés.

una tristeza que no era por él, sino por mí.

Y eso me enfureció aún más.

Cómo se atrevía a sentir lástima por mí cuando yo era el fuerte y él el débil.

En junio de 2006 escalé mi crueldad a un nivel que me avergüenza hasta respirar cuando lo recuerdo.

Carlo tenía un proyecto especial en el que había trabajado durante meses, un sitio web sobre milagros eucarísticos alrededor del mundo.

Lo había creado él mismo aprendiendo programación por su cuenta, documentando más de 150 casos donde la consagrada se había convertido en tejido cardíaco humano.

era su pasión, su forma de compartir su fe con el mundo.

Un día encontré su USB en la biblioteca.

Dentro estaban todos los archivos del sitio web.

Podría haberlo devuelto, podría simplemente haberlo ignorado.

En lugar de eso, lo tiré en el basurero y le dije a Carlo que lo había visto, pero que no me importaba dónde estaba.

Vi su rostro palidecer cuando se dio cuenta de lo que había hecho.

Mateo me dijo con voz temblorosa.

Susb tiene 6 meses de trabajo.

Por favor, si sabes dónde está, dímelo.

Yo me acerqué a él.

Me paré tan cerca que podía ver las lágrimas formándose en sus ojos y le dije, “Tal vez tu Dios debería cuidar mejor tus cosas, ¿no crees? Esperaba que explotara, que me gritara, que me golpeara, que hiciera algo que me permitiera victimizarme y sentirme justificado.

Pero Carlo solo asintió lentamente.

Está bien, Mateo me dijo con una calma que me perturbó profundamente.

Tengo un respaldo en casa.

Puedo rehacer el sitio web, pero quiero que sepas algo.

Te perdono y voy a orar por ti todos los días.

Esas palabras me golpearon como un puñetazo en el estómago.

No quería su perdón, no quería sus oraciones, quería su odio, su rabia, su venganza, porque eso hubiera justificado lo que yo le estaba haciendo.

Pero él me ofrecía perdón y eso me hacía sentir como el monstruo que realmente era.

Durante el verano de 2006, mientras Carlo trabajaba en reconstruir su sitio web y pasaba horas en adoración eucarística, yo traté de olvidarlo.

Salí con chicas, fui a fiestas, jugué fútbol con mis amigos.

Pero cada noche, justo antes de dormir, veía su rostro en mi mente.

Escuchaba sus palabras.

Te perdono y voy a orar por ti todos los días.

Me despertaba con pesadillas donde Carlo me miraba con esos ojos llenos de tristeza mientras yo caía interminablemente en un vacío oscuro.

Traté de bloquear esas imágenes con alcohol, con más fiestas, con más crueldad hacia otros, pero nada funcionaba.

Carlo se había metido en mi cabeza y no podía sacarlo.

Cuando regresamos a la escuela en septiembre de 2006, noté inmediatamente que algo había cambiado en Carlo.

Se veía diferente, más delgado, más pálido.

Tenía ojeras profundas y a veces lo veía respirar con dificultad después de subir las escaleras.

Mis instintos de depredador me decían que estaba vulnerable, que era el momento perfecto para atacar de nuevo.

Pero había algo más en sus ojos ahora, algo que me incomodaba.

Era como si viera cosas que el resto de nosotros no podíamos ver, como si supiera secretos que nadie más conocía.

El 28 de septiembre de 2006, un viernes por la tarde, salí de mi última clase y vi a Carlo parado junto a su casillero.

Estaba solo mirando una foto en su teléfono con una expresión de paz absoluta que contrastaba brutalmente con su apariencia física deteriorada.

Me acerqué a él con Lorenzo y Marco, listos para burlarnos como siempre hacíamos.

Pero antes de que pudiera decir algo, Carlo levantó la vista, me miró directamente a los ojos y dijo con una voz tranquila pero firme, “Mateo, podemos hablar a solas, solo serán 5 minutos.

Es importante.

” Mis amigos se rieron.

Yo también me reí, pero había algo en su mirada que me incomodaba profundamente.

“¿De qué quieres hablar, Santo Carlos?”, le dije con sarcasmo.

Aunque mi voz no sonó tan confiada como esperaba.

Carlo no se inmutó de tu vida, de tu futuro, de algo que necesitas saber antes de que sea demasiado tarde.

En ese momento debía haberme ido, debía haber seguido riéndome y caminado hacia la salida con mis amigos, pero algo, no sé qué, me hizo quedarme.

Tienen 5 minutos les dije a Lorenzo y Marco, espérenme afuera.

Cuando nos quedamos solos en el pasillo vacío, Carlo se apoyó contra su casillero.

Podía ver que el simple acto de estar de pie le costaba esfuerzo.

Mateo comenzó con voz suave.

Te voy a decir algo y necesito que me escuches hasta el final sin interrumpir.

¿Puedes hacer eso? Yo me crucé de brazos tratando de mantener mi actitud defensiva.

5 minutos, Carlo.

Empieza a contar.

Él asintió y respiró profundo.

Tengo leucemia.

Me diagnosticaron hace tres semanas.

Es un tipo muy agresivo llamado leucemia promielocítica aguda.

Los doctores me han dado menos de un mes de vida, tal vez dos semanas.

Por eso me ves así.

Sentí como si me hubieran golpeado en el pecho.

De repente, todas mis burlas sobre su apariencia, todos mis empujones en el pasillo, todo tomó un peso que me aplastaba.

Carlo, yo yo no sabía.

Tartamudeé, mi actitud arrogante desvaneciéndose instantáneamente.

Él levantó una mano.

Lo sé, Mateo.

No te lo estoy diciendo para que sientas lástima.

Te lo estoy diciendo porque necesitas entender algo antes de que me vaya.

Durante los últimos se meses que me has estado haciendo la vida imposible, yo he estado orando por ti todos los días.

Cada vez que me empujabas, cada vez que escondías mis cosas, cada vez que organizabas a otros para aislare, yo iba a la capilla y le pedía a Dios que te mostrara cuánto vales, que te ayudara a ver que no necesitas hacer daño a otros para sentirte importante.

Las lágrimas comenzaron a formarse en mis ojos sin mi permiso.

¿Por qué? Logré susurrar.

¿Por qué orabas por mí cuando yo te hacía sufrir? Carlos sonrió.

esa sonrisa suave que tenía cuando sabía algo que yo aún no comprendía.

“Porque Dios me mostró algo sobre ti en oración, Mateo me mostró que debajo de toda esa rabia y crueldad hay un chico que está herido, que está asustado, que está tratando desesperadamente de probarse a sí mismo que vale algo.

” Y me mostró algo más, algo sobre tu futuro que necesitas saber.

Mi corazón latía tan fuerte que podía escucharlo en mis oídos.

¿Qué? ¿Qué viste sobre mi futuro? Carlo me miró con una intensidad que nunca había visto en él.

El 15 de agosto de 2009, exactamente 3 años después de la festividad de la Asunción de María, vas a tener un accidente automovilístico terrible.

Tu auto va a caer por un barranco en la carretera que va de Milán a cómo vas a estar manejando a más de 140 km porh enojado, borracho, tratando de huir de algo que te va hasta estar persiguiendo en tu mente.

El auto va a volar por el aire y va a estrellarse contra las rocas.

Por todas las leyes de la física deberías morir instantáneamente.

Pero no vas a morir, Mateo.

Vas a sobrevivir sin un solo rasguño, porque yo voy a estar orando por ti desde el cielo.

Ese día vas a nacer de nuevo.

Ese día vas a entender todo.

Yo me quedé paralizado, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.

Carlo, eso es eso es imposible.

Nadie puede saber el futuro.

Estás enfermo.

El cáncer te está afectando la mente.

Él negó con la cabeza suavemente.

No estoy delirando, Mateo.

Jesús me lo mostró durante la adoración eucarística hace dos noches.

Me lo mostró tan claramente como te estoy viendo a ti ahora.

Te mostró el accidente, te mostró sobrevivir y me mostró algo más.

Te mostró transformado en alguien que ayuda a otros en lugar de dañarlos.

alguien que usa su dolor pasado para sanar el dolor presente de otros.

Las lágrimas rodaban libremente por mis mejillas.

Ahora, Carlo, si realmente puedes ver el futuro, si realmente Dios te habla, ¿por qué no te salva a ti? ¿Por qué tienes que morir tan joven? La sonrisa de Carlo se hizo más amplia.

Porque mi trabajo aquí está casi terminado, Mateo.

Mi muerte no es el final, es el comienzo de mi verdadera misión.

Voy a tocar más vidas después de morir que durante mi vida, pero necesito que entiendas algo muy importante.

Te perdono por todo, por cada empujón, por cada burla, por el USB que tiraste, por el esguince que me causaste cuando me empujaste en las escaleras.

Todo está perdonado y necesito que prometas algo.

Yo apenas podía hablar entre soyosos.

¿Qué? ¿Qué necesitas que prometa? Carlo puso su mano derecha sobre mi hombro izquierdo.

Cuando sobrevivas ese accidente en 2009, cuando los doctores te digan que es un milagro que estés vivo, quiero que recuerdes esta conversación.

Quiero que recuerdes que te perdoné antes de que me pidieras perdón y quiero que uses tu segunda oportunidad para ayudar a otros.

Hay muchos chicos como tú, Mateo.

Chicos que hacen daño porque están heridos.

Chicos que buscan poder porque se sienten impotentes.

Cuando sobrevivas, dedica tu vida a ayudarlos.

Conviértete en el hombre que yo sé que puede ser.

En ese momento, algo se rompió dentro de mí.

Me derrumbé contra la pared del pasillo, soyando como no había llorado desde que era niño pequeño.

Carlo se sentó a mi lado en el suelo, aunque podía ver que le dolía hacerlo, y simplemente estuvo ahí conmigo en silencio mientras yo lloraba.

No me juzgó, no me cermoneó más, solo estuvo presente.

Después de varios minutos logré controlar mi respiración.

Carl, lo siento mucho, lo siento por todo.

Si pudiera devolver el tiempo, él sacudió la cabeza.

No necesitas devolver el tiempo, Mateo.

Solo necesitas cambiar tu futuro y vas a tener esa oportunidad.

Confía en mí.

Esa fue la última conversación completa que tuve con Carlo Acutis.

Dos semanas después, el 12 de octubre de 2006, murió rodeado de su familia en el Hospital San Gerardo de Monza.

Yo no fui a su funeral.

Les dije a mis padres que estaba enfermo, pero la verdad era que era un cobarde.

No podía enfrentar lo que había hecho.

No podía mirar a sus padres sabiendo que había hecho sufrir a su hijo durante los últimos meses de su vida.

Durante los siguientes 3 años traté de olvidar a Carlo.

Traté de bloquear sus palabras.

Traté de convencerme de que todo había sido delirio causado por el cáncer.

Terminé la preparatoria, entré a la universidad, seguí siendo el mismo Mateo superficial y cruel de siempre, pero las pesadillas no pararon.

Cada noche veía a Carlo mirándome con esos ojos llenos de perdón que yo no merecía.

En agosto de 2009, justo después de cumplir 18 años, mi vida comenzó a desmoronarse.

Reprobé tres materias en la universidad.

Mi novia me dejó por mi mejor amigo.

Mi padre descubrió que había estado robando dinero de su billetera para comprar alcohol.

La noche del 15 de agosto de 2009, después de una pelea terrible con mi padre, donde me dijo que era una decepción y que debería irme de la casa, tomé las llaves de mi Fiat.

Agarré una botella de whisky y salí manejando sin rumbo fijo.

Estaba bebiendo mientras manejaba, llorando, gritando al vacío.

Decidí ir al lago de Como, a un lugar donde solía ir con mis amigos a acampar.

Pensé que tal vez la distancia me ayudaría a aclarar mi mente, pero mientras más manejaba, más bebía y mientras más bebía, más rápido aceleraba.

La carretera de Milana como tiene varias curvas peligrosas.

especialmente el tramo que pasa por las montañas.

Eran las 11:45 de la noche, estaba lloviendo ligeramente.

Mi velocímetro marcaba 143 km/h.

La radio estaba a todo volumen tocando rock pesado que hacía eco del caos en mi mente.

Y entonces lo vi.

En el asiento del pasajero, reflejado en el vidrio mojado por la lluvia, vi el rostro de Carlo Acutis mirándome con esa sonrisa suave que tenía.

No era mi imaginación, no era el alcohol, era real, tan real como cualquier cosa que he experimentado en mi vida.

Mateo, escuché su voz clara como el agua por encima de la música.

Disminuye la velocidad, no es tu tiempo todavía.

Pero en lugar de disminuir, aceleré más.

Déjame en paz, Carlo”, grité al espacio vacío.

Estás muerto, no eres real.

Y justo en ese momento llegué a la curva.

Mis manos giraron el volante demasiado tarde.

El auto atravesó la barrera de protección como si fuera papel.

Sentí el estómago subir a mi garganta mientras el auto volaba por el aire.

El mundo dio vueltas.

Cielo, montañas, rocas, cielo.

Otra vez.

vidrios explotando, metal retorciéndose, mi cuerpo siendo sacudido en todas direcciones.

Y en medio de ese caos absoluto, en medio de esos 3 segundos que parecieron una eternidad, escuché la voz de Carlo una vez más firme y clara.

Mateo, todavía no es tu tiempo.

Te perdono.

Ahora perdónate a ti mismo.

Sentí algo imposible, como si manos invisibles me envolvieran, protegiéndome del impacto.

El auto golpeó las rocas con una fuerza que debió convertir mi cuerpo en pulpa, pero yo sentí como si estuviera flotando, sostenido por algo que no puedo explicar con palabras.

Hubo un último estruendo terrible, metal contra piedra y luego silencio absoluto.

Abrí los ojos lentamente.

Estaba colgando de cabeza, sostenido por el cinturón de seguridad.

El auto estaba completamente destrozado alrededor de mí, comprimido hasta ser casi irreconocible.

Había vidrios por todas partes.

El volante estaba doblado.

El techo había colapsado hasta estar a centímetros de mi cabeza, pero yo estaba consciente, respirando sin dolor.

Toqué mi rostro, mi pecho, mis brazos, todo estaba intacto.

Escuché sirenas a lo lejos, voces gritando desde arriba del barranco.

Hay alguien ahí abajo.

Llamen a más ambulancias.

Necesitamos equipo de rescate.

Y mientras esperaba que llegaran los bomberos, mientras colgaba de cabeza en los restos de lo que había sido mi auto, sentí una paz que nunca había experimentado en mi vida.

Una paz que no tenía sentido, dado que acababa de casi morir.

Una paz que solo podía venir de una fuente.

Carlo Acutis había cumplido su promesa.

Me había salvado desde el cielo y ahora tenía que cumplir la mía.

Hermano, hermana, lo que voy a contarte ahora sobre lo que pasó después de ese accidente va a mostrarte que los milagros no son cuentos de hadas para gente débil.

son realidad tangible que desafía todo lo que la ciencia puede explicar.

Los bomberos tardaron 2 horas y 15 minutos en sacarme de los restos del auto.

El capitán Giuseppe Mancini, que dirigía el operativo de rescate, me dijo después que cuando finalmente lograron cortar el metal suficiente para alcanzarme, todos los presentes se quedaron en shock absoluto.

Estabas consciente, hablando coherentemente, sin sangre visible.

Me contó semanas después.

En 23 años haciendo esto, jamás vi algo así.

El auto quedó reducido a menos de 1 metro de altura.

Matemáticamente no debería haber espacio para que un cuerpo humano cupiera ahí.

Cuando finalmente me sacaron y me pusieron en la camilla, los paramédicos comenzaron a revisarme con urgencia, casi frenética.

Buscaban hemorragias internas, fracturas, trauma craneal, pero no encontraba nada.

Uno de ellos, un hombre mayor llamado Alberto, se quitó los guantes y me miró directamente a los ojos con voz temblorosa.

Hijo, alguien allá arriba te quiere vivo.

Esto no es suerte, esto es intervención divina pura.

Me llevaron al hospital San Gerardo de Monza, el mismo hospital donde Carlo Acutis había muerto exactamente 2 años, 10 meses y tr días antes.

No me di cuenta de esa coincidencia hasta horas después.

Cuando desperté en la habitación 214 a las 6:23 de la mañana del 16 de agosto de 2009, lo primero que vi fue el rostro de mi madre llorando junto a mi cama, agarrando mi mano como si tuviera miedo de que fuera a desaparecer si me soltaba.

Mateo, mi amor.

Soyloosaba con una mezcla de alivio y shock.

Los doctores dicen que es un milagro, un milagro de Dios.

Mi padre estaba parado en la esquina con los brazos cruzados, su rostro mostrando emociones que nunca había visto en él.

El Dr.

Stefano Benedetti, un traumatólogo con casi dos décadas de experiencia, entró con una carpeta llena de resultados.

Joven Rossy comenzó con voz profesional que no podía ocultar su asombro.

He revisado sus tomografías, rayos X y análisis de sangre.

He consultado con cuatro colegas diferentes.

Todos llegamos a la misma conclusión imposible.

Usted no tiene ni una sola lesión seria, ni un hueso fracturado, ni hemorragia interna, ni trauma cerebral significativo, solo un corte superficial en la frente y moretones menores.

Fue entonces cuando lo vi.

Sobre la mesa auxiliar, junto a mi cama había una foto impresa en blanco y negro de Carlo Acutis sonriendo con su sudadera de Pokémon.

Mi corazón casi se detuvo.

¿De dónde salió esa foto? Pregunté con voz apenas audible.

Mi madre siguió mi mirada y frunció el ceño confundida.

No lo sé, hijo.

Cuando llegué esta mañana temprano, ya estaba ahí.

Pensé que tal vez alguna enfermera la había dejado por error.

El Dr.

Benedetti.

también miró la foto con curiosidad evidente.

Es extraño.

Ese chico se ve familiar.

Creo que murió aquí hace unos años.

Un caso muy triste, leucemia fulminante, pero no tengo idea de cómo su foto llegó a esta habitación.

Yo sabía exactamente cómo.

Carlo estaba cumpliendo su promesa.

Me estaba recordando lo que me había dicho 3 años antes, palabra por palabra.

El 15 de agosto de 2009 vas a entender todo.

Ese día vas a nacer de nuevo.

Y tenía razón el Mateo cruel, el Mateo que hacía daño a otros para sentirse poderoso.

Ese Mateo se quedó en los restos retorcidos del Fiat.

El que sobrevivió era alguien diferente, alguien que había sido perdonado cuando no lo merecía.

Pasé tr días en el hospital bajo observación.

Durante esos días, algo extraordinario comenzó a suceder.

La noticia de mi supervivencia milagrosa se esparció rápidamente por toda Milán.

Los paramédicos hablaron con periodistas locales.

Giuseppe Mancini dio una entrevista a un canal de televisión donde mostró fotos del auto completamente destruido y declaró abiertamente que mi supervivencia era científicamente inexplicable según todas las leyes conocidas de la física.

Pronto, reporteros comenzaron a llamar al hospital queriendo entrevistarme.

Yo rechacé todas las solicitudes inicialmente.

No estaba listo para hablar públicamente sobre algo que apenas comenzaba a procesar mentalmente, pero sí hablé con una persona muy específica, Antonia Salzano, la madre de Carlo Acutis.

La llamé desde el teléfono del hospital el segundo día con manos temblorosas marcando el número que había encontrado en el directorio.

Cuando contestó y escuchó mi nombre completo, hubo un silencio largo y cargado de significado.

Mateo Rossy dijo finalmente con una voz suave, pero llena de emoción profundamente contenida.

He estado esperando tu llamada durante exactamente 3 años.

Esas palabras me golpearon como un martillo directo al pecho.

¿Usted sabía que esto iba a pasar? Carlo me contó sobre ti dos días antes de morir, respondió Antonia con voz calmada.

Me dijo que había un chico en su escuela que lo había estado molestando durante meses, pero que él estaba orando por ti fervientemente todos los días sin falta.

me dijo que ibas a tener un accidente automovilístico terrible en agosto de 2009, pero que ibas a sobrevivir milagrosamente contra toda probabilidad médica.

Me dijo que cuando eso pasara, exactamente 3 años después, tú me llamarías buscando respuestas y claridad.

Dos horas después, Antonia Salzano estaba parada junto a mi cama de hospital.

Era una mujer elegante de unos 45 años, con ojos cafés profundos que se parecían dolorosamente a los de Carlo.

Traía consigo una carpeta de cuero gastada por el tiempo y el uso.

Mateo comenzó mientras se sentaba cuidadosamente en la silla junto a mi cama.

Mi hijo dejó algo muy específico para ti.

Me hizo prometerle solemnemente que te lo daría cuando llegaras a mí después del accidente que él predijo.

Abrió la carpeta lentamente y sacó varias hojas de papel escritas a mano con la letra adolescente inconfundible de Carlo.

La fecha en la esquina superior derecha decía claramente, 10 de octubre de 2006, apenas dos días antes de su muerte, mis manos temblaban incontrolablemente mientras tomaba las hojas.

“Querido Mateo, comenzaba la carta con letra clara y decidida.

Si estás leyendo esto, significa que sobreviviste el accidente del 15 de agosto de 2009.

Significa que Dios escuchó cada una de mis oraciones y te protegió cuando absolutamente debiste morir según todas las leyes naturales.

Significa que ahora tienes una segunda oportunidad preciosa.

Y quiero explicarte exactamente por qué todo esto tenía que pasar de esta manera tan específica.

Lágrimas comenzaron a rodar libremente por mis mejillas mientras continuaba leyendo cada palabra.

Mateo, sé que durante los últimos meses te he caído mal.

Sé que mi forma de ser te irritaba profundamente porque te recordaba algo dentro de ti que estabas tratando desesperadamente de ignorar y suprimir.

Pero necesito que entiendas algo fundamental.

Nunca te odié ni por un solo segundo.

Cada vez que me empujabas en los pasillos, cada vez que escondías mis cosas, cada vez que me hacías sufrir frente a otros, yo veía más allá de tus acciones crueles y veía a un chico profundamente herido que estaba gritando por ayuda de la única manera que sabía cómo hacerlo en ese momento.

La carta continuaba con una claridad que me destrozaba.

Dios me mostró en oración profunda que tú has crecido toda tu vida sintiéndote inadecuado e insuficiente, siempre comparándote con otros, siempre sintiendo que no eres suficientemente bueno para nadie.

Me mostró que usabas la crueldad como armadura defensiva para proteger un corazón que en realidad es extraordinariamente sensible y vulnerable.

y me mostró algo más importante.

Me mostró que ibas a ser completamente transformado por un milagro tan grande, tan imposible de negar racionalmente, que cambiaría el curso completo de tu vida entera.

Por eso le pedí específicamente a Dios que me permitiera ser el instrumento directo de ese milagro.

Por eso he estado orando por tu protección física y espiritual todos los días y por eso voy a seguir orando intensamente por ti desde el cielo después de que me vaya de este mundo.

Yo soyaba sin ningún control mientras leía cada línea.

Mi madre me puso una mano temblorosa en el hombro, pero sabiamente no dijo nada.

Antonia esperaba pacientemente, permitiéndome procesar.

El accidente que vas a sobrevivir no es castigo divino, Mateo, es redención pura.

Es Dios demostrándote que te ama tanto que está dispuesto a romper completamente las leyes de la física para mantenerte vivo.

Cuando finalmente pude controlar mi respiración entrecortada, levanté la vista hacia Antonia con ojos rojos e hinchados.

Señora Salzano, yo fui absolutamente horrible con su hijo.

Le hice sufrir durante los últimos meses preciosos de su vida.

Le causé dolor físico y emocional y él me perdonó completamente.

Él oró por mí diariamente.

Él literalmente me salvó la vida desde el cielo.

No puedo entenderlo.

¿Cómo pudo tener tanta bondad sobrenatural en su corazón? Antonia sonrió con lágrimas brillando en sus propios ojos.

Carlo vivía simultáneamente en dos mundos.

Mateo vivía en este mundo físico con todos nosotros, pero también vivía constantemente con un pie firmemente plantado en el cielo.

Tenía una conexión directa con Dios que yo nunca he visto en ninguna otra persona, ni siquiera en sacerdotes con décadas enteras de ministerio dedicado.

Desde muy niño podía percibir cosas que otros no veían.

sabía cosas que humanamente no debería saber y usaba esos dones extraordinarios no para su propio beneficio o gloria, sino exclusivamente para ayudar y sanar a otros.

Sacó cuidadosamente otra hoja de la carpeta.

Esta es una lista que Carlo mantenía meticulosamente en su computadora personal.

Se titula intenciones de oración, septiembre 2006.

Por favor, mira específicamente la línea número 23.

Tomé la hoja impresa con manos que no podían dejar de temblar y busqué la línea exacta que me indicaba.

Lo que leí literalmente me dejó completamente sin aire en los pulmones.

Mateo Rossi, 15 años, compañero de escuela, herido profundamente y actuando desde el dolor no procesado.

Accidente automovilístico severo.

El 15 SA089.

Necesita protección divina urgente, compromiso de orar tres rosarios completos diarios hasta que sobreviva milagrosamente y sea transformado espiritualmente.

La fecha del documento digital, 5 de septiembre de 2006.

Más de un mes completo antes de la muerte de Carlo.

Casi 3 años completos antes de mi accidente.

¿Cómo es esto posible? Fue todo lo que pude susurrar con voz quebrada.

Antonia cerró la carpeta suavemente.

No tengo todas las respuestas teológicas, Mateo, pero sí sé esto con absoluta certeza.

Mi hijo te amaba profundamente, aunque apenas te conociera superficialmente.

Te amaba lo suficiente como para dedicar las últimas semanas preciosas de su vida terrenal, orando fervientemente por tu futuro distante.

Y ahora estás vivo milagrosamente contra toda probabilidad científica conocida, porque esas oraciones persistentes fueron escuchadas y respondidas poderosamente por Dios.

Salí del hospital el 18 de agosto de 2009, 3 días después del accidente.

Los medios de comunicación estaban esperando masivamente afuera.

Cámaras, micrófonos, reporteros gritando preguntas simultáneamente.

Me detuve deliberadamente en la entrada principal del hospital.

Respiré profundo y miré directamente a todas las cámaras.

Dije algo que sorprendió incluso a mis propios padres completamente.

Sí, creo firmemente en los milagros genuinos porque soy uno viviente y el chico santo que oró específicamente por este milagro se llama Carlo Acutis.

murió hace exactamente 3 años en este mismo hospital de leucemia y desde el cielo intercedió y me salvó la vida cuando debí morir.

Dedicaré absolutamente el resto de mis días a honrar su memoria, ayudando a otros que están sufriendo.

Esa declaración pública se volvió instantáneamente viral en toda Italia.

Durante las siguientes semanas experimenté una transformación interna profunda y genuina.

Cada vez que cerraba los ojos, veía vívidamente el rostro de Carlo, perdonándome con esa paz sobrenatural.

Cada vez que recordaba el accidente, sentía físicamente esas manos invisibles, pero completamente reales, protegiéndome del impacto mortal.

No podía continuar viviendo como el Mateo anterior.

Necesitaba descubrir urgentemente quién era el nuevo Mateo que había sobrevivido milagrosamente.

Comencé asistiendo a misa diariamente en la iglesia de San Ambrosio en Milán, algo completamente fuera de carácter para mí.

Al principio, honestamente, no entendía las oraciones litúrgicas, no sentía conexión emocional profunda, pero seguí yendo persistentemente, día tras día, sentándome humildemente en las bancas traseras.

Un mes después del accidente, en septiembre de 2009, tomé una decisión radical que cambió absolutamente todo.

Dejé completamente la universidad donde estudiaba ingeniería mecánica y me inscribí en un programa intensivo de psicología con especialización en trabajo social y consejería juvenil.

Mis antiguos amigos pensaron genuinamente que me había vuelto completamente loco.

Trabajo social, se burló Lorenzo con desprecio evidente.

Mateo, eso es para gente que no puede conseguir trabajos reales con salarios decentes.

Pero yo sabía exactamente y precisamente lo que estaba haciendo.

Carl me había dicho proféticamente, hay muchos chicos exactamente como tú.

Chicos que hacen daño a otros porque ellos mismos están profundamente heridos.

dedica tu vida entera a ayudarlos y sanarlos.

Durante los siguientes 4 años me sumergí totalmente en mis estudios académicos.

Aprendí exhaustivamente sobre trauma infantil no procesado, sobre cómo el dolor emocional reprimido inevitablemente se convierte en rabia destructiva.

Aprendí sobre la psicología compleja detrás del bullying, sobre los patrones mentales de abusadores y víctimas, y con cada clase, con cada libro especializado que leía ávidamente, entendía más claramente por qué había sido tan cruelmente abusivo con Carlo.

Yo estaba herido, sintiéndome inadecuado, tratando desesperadamente de llenar un vacío interno masivo con poder ilusorio sobre otros más débiles.

En 2011, dos años después del accidente, hice algo que había estado posponiendo por miedo paralizante.

Visité la tumba de Carlo Acutis en Asís por primera vez.

Él había sido trasladado allí en 2007 por petición expresa de su familia.

El santuario era arquitectónicamente pequeño, simple, pero profundamente hermoso.

Había flores frescas coloridas por todas partes y docenas de personas orando en silencio reverente.

Me arrodillé tembloroso frente a su tumba y por primera vez en mi vida entera oré verdaderamente de corazón, sin fórmulas religiosas memorizadas, sin pretensiones falsas.

Carlo, susurré con lágrimas corriendo libremente por mi rostro.

Pasaron casi 5 años desde que moriste y 2 años desde que milagrosamente me salvaste.

He estado tratando sinceramente de vivir de una manera que honre tu sacrificio increíble, pero algunos días siento profundamente que no soy suficiente.

Algunos días la culpa abrumadora por lo que te hice me aplasta completamente.

Entonces sentí algo inexplicable racionalmente, pero completamente real.

Una paz sobrenatural descendió sobre mí como un manto protector.

Una paz que claramente no venía de mi interior, sino de una fuente externa.

Y en mi mente, clara como agua cristalina, escuché palabras que sé con certeza absoluta que venían directamente de Carlo.

No necesitas compensar nada más, Mateo.

Ya estás haciendo exactamente lo que te pedí fielmente.

Sigue adelante con propósito.

Ayuda a los heridos.

Sé el hombre que siempre supe que podías llegar a ser.

Me gradué en 2013 con honores académicos en psicología y trabajo social especializado.

Inmediatamente comencé trabajando apasionadamente en una organización sin fines de lucro en Milán, dedicada a ayudar a jóvenes en riesgo social severo, pero sabía internamente que necesitaba hacer algo más específico, algo directamente relacionado con mi experiencia personal transformadora.

En 2014, con ayuda invaluable de Antonia Salzano y varios benefactores generosos que habían escuchado mi historia viral, fundéalmente Casa Carlo Acutis, un centro especializado de ayuda, trabajando específicamente con jóvenes que exhibían comportamiento destructivo de bullying hacia otros.

Nuestra filosofía era revolucionariamente diferente a otros programas tradicionales.

No tratábamos a los abusadores como monstruos irredemibles que necesitaban ser severamente castigados.

Los tratábamos como lo que realmente eran.

Niños profundamente heridos que estaban actuando destructivamente desde dolor no procesado.

Cada joven que llegaba a nuestro centro recibía terapia individual personalizada, terapia grupal de apoyo y algo completamente único.

Escuchaban mi testimonio completo y honesto.

Les contaba detalladamente sobre Carlo, sobre mi crueldad inexcusable, sobre el accidente milagroso que desafió la física, sobre la transformación radical posible y ver sus rostros cuando entendían que yo había sido exactamente como ellos, que había estado precisamente en su lugar oscuro.

Eso generaba un poder transformador más allá de cualquier palabra.

En los primeros 5 años operacionales, Casa Carlo Acutis ayudó exitosamente a más de 300 jóvenes atrapados en ciclos de violencia.

Teníamos una tasa de éxito documentada del 78% en reducir significativamente comportamiento violento crónico.

Familias completamente destrozadas se reunían y sanaban.

Víctimas traumatizadas de bullying recibían disculpas genuinas y sinceras de sus antiguos abusadores arrepentidos.

Vidas enteras eran transformadas radicalmente y todo porque un chico extraordinario de 15 años con leucemia terminal había decidido conscientemente orar por su abusador cruel en lugar de odiarlo justificadamente.

El 10 de octubre de 2020, exactamente 14 años después de la muerte de Carlo, él fue oficialmente beatificado por la Iglesia Católica en una ceremonia masiva.

Yo estaba presente en Asís con mi esposa Laura y nuestros dos hijos.

Había miles de personas, especialmente jóvenes, inspirados de todo el mundo.

Cuando vi el cuerpo incorrupto de mi amigo, del chico que torturé, del santo que me salvó, algo dentro de mí se rompió completamente.

Lloré incontrolablemente.

Hoy en 2025 tengo 34 años.

Casa Carlo Acutis opera cinco centros en Italia.

Hemos ayudado a más de 1000 jóvenes.

Mi vida es un testimonio viviente de que si Dios transformó a alguien como yo, puede transformar absolutamente a cualquiera.

Carlo Acutis me salvó cuando debí morir.

Ahora vivo cada día siendo digno de ese milagro imposible.

Beato Carlo Acutis, ruega por nosotros.

Amén.

Yeah.

 

Related Posts

Our Privacy policy

https://noticiasdecelebridades.com - © 2026 News