El reciente fallo del Consejo de Estado que tumbó provisionalmente el aumento del salario mínimo del 23,7% ha generado una ola de indignación en Colombia, especialmente entre la clase trabajadora y sectores progresistas.
Esta decisión es vista como un golpe directo a los derechos laborales y a la justicia social, y ha provocado un llamado urgente a la movilización y a la defensa de las conquistas sociales en el país.
El Consejo de Estado, en una medida cautelar, suspendió el decreto que establecía el aumento histórico del salario mínimo para 2026, alegando que el gobierno debe ajustar el monto a parámetros macroeconómicos.
Esta decisión ha sido interpretada por muchos como un acto político que favorece a los sectores más ricos y poderosos, dejando de lado las necesidades de millones de trabajadores y sus familias que dependen de este ingreso para vivir dignamente.
El aumento del 23,7% representaba un avance significativo para reducir la brecha salarial y mejorar las condiciones de vida de los colombianos con menores ingresos.
Sin embargo, la suspensión del decreto obliga al gobierno a emitir un nuevo decreto en un plazo de ocho días, lo que abre la puerta a una reducción del aumento o a una nueva negociación que podría afectar negativamente a los trabajadores.
El presidente Gustavo Petro y sus seguidores han denunciado que esta decisión refleja la captura de las instituciones por parte de las élites económicas y políticas.
Se señala que magistrados con altos ingresos y vínculos con grandes gremios empresariales están bloqueando políticas que buscan justicia social y una distribución más equitativa de la riqueza.
Este escenario ha reavivado el debate sobre la necesidad de una reforma política y judicial profunda en Colombia, e incluso ha impulsado el apoyo a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que permita transformar las estructuras de poder y garantizar que las decisiones políticas respondan a los intereses del pueblo y no de una minoría privilegiada.

Frente a esta situación, líderes sociales, sindicales y políticos han hecho un llamado a la movilización masiva en las calles para defender el derecho a un salario digno.
Se destaca la importancia de salir a manifestarse y presionar para que el gobierno pueda implementar políticas que beneficien a la mayoría y no solo a los sectores económicos más poderosos.
El ejemplo de las protestas en Argentina, donde la clase trabajadora ha salido a las calles para enfrentar medidas que afectan sus derechos laborales, es citado como una inspiración para la movilización en Colombia.
La defensa del salario mínimo vital es vista como una causa justa y necesaria para garantizar la dignidad y el bienestar de millones de familias.
Contrario a los argumentos de los opositores al aumento, que señalaban que este generaría inflación y aumentos en los precios de los alimentos, los datos del último mes de noviembre demostraron que estas predicciones no se cumplieron.
La inflación se mantuvo controlada y no hubo incrementos significativos en los costos de productos básicos, lo que refuerza la legitimidad del aumento aprobado inicialmente.
Además, la realidad social colombiana muestra que muchas familias dependen del salario mínimo para subsistir, y que un incremento en este ingreso tiene un impacto directo en la reducción de la pobreza y en la mejora de la calidad de vida de los trabajadores.
La suspensión del aumento del salario mínimo también tiene un fuerte componente político y electoral.

Se advierte que sin mayorías en el Congreso y sin un apoyo sólido a las fuerzas progresistas, será difícil avanzar en reformas que beneficien a la clase trabajadora.
El llamado a votar por el Pacto Histórico y a fortalecer la representación popular en el Congreso es clave para enfrentar la resistencia de los sectores conservadores y empresariales que buscan mantener el statu quo y limitar los avances sociales.
La decisión del Consejo de Estado de suspender el aumento del salario mínimo es un reflejo de las tensiones existentes en Colombia entre los intereses de las élites económicas y las demandas de justicia social de la mayoría de la población.
Esta medida ha despertado una conciencia colectiva sobre la necesidad de defender los derechos laborales y de transformar las instituciones para que respondan a las verdaderas necesidades del pueblo.
La movilización social, la participación electoral y la presión política son herramientas fundamentales para lograr un cambio real y duradero.
La lucha por un salario digno es también una lucha por la dignidad humana y por un futuro más justo para Colombia.