A los 91 años, Eric del Castillo Finalmente admite lo que todos sospechábamos

A los 91 años, Eric del Castillo, el patriarca indiscutible de la televisión mexicana, ha decidido abrir su corazón como nunca antes, revelando aspectos íntimos y dolorosos de su vida que han sorprendido a propios y extraños.

Eric Del Castillo - Director de cine

Conocido por su imagen de autoridad, disciplina y honor tanto en la pantalla como fuera de ella, el veterano actor ha confesado en entrevistas recientes detalles que pintan un pasado marcado por el sufrimiento, la rebeldía y una resiliencia extraordinaria.

Estas revelaciones, lejos de empañar su legado, humanizan a una figura que durante décadas interpretó roles de hombres fuertes e inquebrantables.

 

Nacido en Celaya, Guanajuato, en 1934, Eric del Castillo creció en una época sin comodidades modernas, donde el agua salía tibia de los pozos y la electricidad era un lujo en muchos pueblos.

Su infancia se vio truncada por la trágica muerte de su padre, un bombero que perdió la vida heroicamente en un incendio devastador en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Esa pérdida dejó una herida profunda en la familia y marcó el rumbo de su vida.

Su madre se volvió a casar, pero la relación con el padrastro fue tensa desde el principio, alimentada por diferencias profundas, especialmente en materia religiosa.

Eric, devoto católico desde niño, no toleraba las actitudes burlonas hacia su fe, como el momento en que su padrastro le ofreció dinero para tirar su escapulario al excusado, un gesto que consideró imperdonable.

 

Esta tensión familiar lo llevó a huir de casa en múltiples ocasiones —alrededor de diez veces, según sus propias palabras—.

En una de esas escapadas, siendo aún adolescente, viajó ilegalmente en tren hacia el norte y fue detenido en Aguascalientes.

Pasó cerca de un mes y medio en un centro para menores, en una celda pequeña desde donde trepaba a una ventana alta solo para mirar la calle y soñar con libertad.

En un intento de fuga, recibió un disparo y tuvo que pagar el costo de la bala utilizada contra él.

Estas experiencias, que hoy relata con crudeza, forjaron su carácter y lo impulsaron a buscar un camino diferente.

Eric del Castillo explicó por qué no reconoció a Kate

En una confesión particularmente impactante hecha en diciembre de 2025 durante una entrevista con Gustavo Adolfo Infante en el programa *El minuto que cambió mi destino*, Eric admitió haber experimentado lo que describe como un complejo de Edipo.

“Estaba enamorado de mi madre y no soportaba al padrastro”, declaró con honestidad desarmante.

Este apego emocional intenso hacia su madre, combinado con el rechazo al padrastro, exacerbó su rebeldía y lo llevó a esas huidas repetidas.

Aunque el término proviene de la teoría freudiana y se refiere a un fenómeno común en la infancia temprana, Eric lo aplica retrospectivamente a su adolescencia, explicando cómo influyó en su conducta y en su búsqueda de identidad.

 

A pesar de estos episodios oscuros, un momento de claridad lo cambió todo.

Tras considerar brevemente el sacerdocio —donde el encierro también le resultó opresivo—, sintió un impulso interior que atribuyó a la voz de su madre.

Ese llamado lo llevó a la academia de Andrés Soler, donde descubrió su vocación actoral.

Ver fotografías de leyendas como Pedro Armendáriz y María Félix fue un despertar repentino: supo que había encontrado su camino.

Desde entonces, su carrera ha sido prolífica: más de 300 películas, décadas en telenovelas y un amor profundo por el teatro, al que llama “la madre de las artes”.

 

Hoy, a sus 91 años, Eric del Castillo sigue activo en la televisión.

Participa en producciones como *Vivir de amor* y otras telenovelas recientes, donde su presencia impone respeto.

En el set, llega preparado con la ayuda de su esposa y su asistente Pablo: graba diálogos, los escucha repetidamente y se apoya en el teleprompter.

Sin embargo, el tiempo cobra su precio.

Sufre degeneración macular que le impide leer y le dificulta reconocer rostros a distancia —bromea diciendo que a veces la gente piensa que quiere besarlos—.

También padece dolores de espalda tras una cirugía, por lo que pide una silla siempre que puede.

Problemas dentales recientes lo llevaron de urgencia al hospital, pero afortunadamente no fueron graves.

No sólo es la vista, Eric del Castillo tiene otro padecimiento que afecta  su vida

A pesar de las limitaciones físicas, Eric se niega a retirarse.

“Actuar me mantiene vivo”, asegura.

Valora compartir escenas con generaciones jóvenes, ofreciéndoles consejos nacidos de su experiencia.

Sin embargo, una tristeza latente lo acompaña: la soledad.

Es uno de los últimos sobrevivientes de la época dorada del cine y la televisión mexicana.

La muerte de colegas como Ignacio López Tarso, Andrés García y Fernando Almada lo ha afectado profundamente.

“Ya casi no me quedan amigos”, confiesa.

Figuras como Silvia Pinal o Elsa Aguirre aún viven, pero ya no están activas, y los escenarios compartidos son solo recuerdos.

 

La familia sigue siendo su mayor refugio.

Su matrimonio de más de cinco décadas con su esposa es una bendición que describe con gratitud.

Han superado crisis, incluidas separaciones temporales —una vez se fue a Cuernavaca, vivió en una tienda de campaña e inició trámites de divorcio—, pero el amor por sus hijas lo hizo regresar.

Habla con orgullo de Kate y Verónica, reconociendo que no siempre fue fácil para Verónica vivir a la sombra del éxito internacional de su hermana, pero admira su fortaleza.

Sobre Kate, menciona con esperanza que podría regresar a México para producir una película titulada *Tuya*.

La distancia con sus hijas le pesa, especialmente ahora que la edad lo hace más vulnerable: “Es terrible cuando tus hijos están lejos”.

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Eric también reflexiona sobre la controversia que involucró a Kate en el pasado.

Lo que más le importa es verla feliz y acompañada.

Describe a su pareja actual como una buena persona, talentosa y competente, y expresa alivio al saber que ella está en paz.

Como padre, respeta las decisiones de sus hijas: Verónica ha sido clara en no querer hijos, y él lo acepta sin juzgar.

“Hay personas que no nacieron para casarse o tener hijos”, afirma.

 

Su fe católica ha sido un pilar constante, aunque distingue entre la religión y el comportamiento humano.

Las experiencias vividas —pérdidas, traiciones, éxitos y fracasos— han moldeado su visión del mundo.

Admite venir de otra época, donde las costumbres eran distintas, y le cuesta adaptarse a la tecnología moderna o a ciertas dinámicas actuales.

Sin embargo, acepta el cambio con humildad: “Los tiempos evolucionan”.

 

A sus 91 años, Eric del Castillo mira hacia atrás con gratitud por una vida intensa.

Sobrevivió a la cárcel siendo adolescente, a la rebeldía juvenil, a las tormentas familiares y a décadas bajo los reflectores.

Sus confesiones revelan no solo dolor y resiliencia, sino también una honestidad que conmueve.

Lejos de idealizar su pasado, lo cuenta tal como fue: con errores, lecciones y un amor inquebrantable por su familia y su profesión.

Hoy, convertido en leyenda viva, sigue trabajando, combatiendo la soledad con determinación y honrando una carrera que comenzó en 1956 y que, mientras su cuerpo lo permita, no piensa detener.

Su historia es un recordatorio poderoso de que las verdaderas leyendas se forjan no solo con fama, sino con verdades ganadas a pulso y una capacidad inagotable para seguir adelante.

 

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