Adiós CHENTE. Así Fue La EMOTIVA Despedida De Vicente Fernández.

El 12 de diciembre de 2021 quedó marcado como una de las fechas más tristes y significativas en la historia de la música latinoamericana, pues fue el día en que la voz de Vicente Fernández, el último gran ídolo de la música ranchera, se apagó para siempre.

A las 6:15 de la mañana de aquel domingo, tras meses de angustia y oraciones por parte de su familia y millones de seguidores alrededor del mundo, se confirmó el fallecimiento del “Charro de Huentitán” a los 81 años de edad.

Su partida no solo representó el fin de una era dorada para el mariachi, sino que desató una ola de dolor colectivo y homenajes que trascendieron fronteras, uniendo a generaciones enteras bajo el legado de sus canciones.

La noticia fue comunicada por su familia con un mensaje lleno de gratitud y dignidad, destacando el honor y el orgullo de haber compartido con el mundo una trayectoria musical inigualable, donde Vicente lo dio todo por su público hasta el último suspiro.

El calvario de salud que precedió a su deceso comenzó en agosto de ese mismo año, cuando una caída en su rancho “Los Tres Potrillos” le provocó un traumatismo raquimedular a nivel de la columna cervical.

Este accidente, aparentemente doméstico, tuvo consecuencias devastadoras, dejándolo sin movilidad en sus extremidades y comprometiendo funciones vitales básicas como la respiración.

A pesar de una intervención quirúrgica de emergencia y de los esfuerzos médicos por estabilizarlo, su condición se deterioró progresivamente, obligándolo a depender de asistencia respiratoria artificial.

Aunque hubo momentos de leve mejoría que permitieron su regreso temporal a casa, las complicaciones, incluyendo un cuadro de neumonía, lo llevaron nuevamente al hospital en estado crítico.

Durante esas semanas de incertidumbre, la fe de sus seguidores se mantuvo inquebrantable, con vigilias y plegarias lideradas incluso por su hijo Alejandro Fernández, quien en medio de lágrimas pedía por la recuperación de su padre durante sus conciertos.

La muerte de Vicente Fernández no solo fue la pérdida de un cantante, sino la despedida de un símbolo cultural que encarnó la esencia del machismo romántico, el dolor del despecho y la alegría de la fiesta mexicana.

Nacido en Huentitán el Alto, Jalisco, en 1940, en el seno de una familia humilde, Vicente forjó su camino desde abajo, cantando en bodas y restaurantes hasta que su talento innato lo catapultó a la cima.

Con más de 50 años de carrera, más de 100 discos grabados y millones de copias vendidas, su legado es monumental.

Su voz potente y emotiva le valió innumerables premios, incluidos tres Grammys Latinos, y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, un reconocimiento que él siempre dedicó a su México querido y a su público.

Canciones como “Volver, Volver”, “Por tu maldito amor”, “Mujeres divinas” y “Acá entre nos” se convirtieron en himnos que resonaron en cantinas, hogares y estadios de todo el mundo, consolidándolo como el rey indiscutible de la ranchera.

 

Uno de los momentos más conmovedores tras su fallecimiento fue recordar la petición que el propio Vicente había hecho en vida: que el día de su entierro, el mundo entero cantara “Volver, Volver” a todo pulmón.

Y así fue.

En su funeral, miles de personas se congregaron para despedirlo entre aplausos, llantos y coros multitudinarios, cumpliendo su última voluntad y honrando la promesa que él mismo había hecho de seguir cantando mientras el público siguiera aplaudiendo.

Su despedida fue un evento de magnitud nacional, comparable solo con los funerales de otras leyendas como Pedro Infante o Jorge Negrete, marcando el cierre definitivo de la época de oro de los grandes intérpretes de la música regional mexicana.

Vicente fue el heredero y guardián de esa tradición, llevándola a nuevos horizontes y manteniéndola viva en el corazón de Hispanoamérica.

 

El impacto de su muerte se sintió profundamente en el gremio artístico.

Figuras de la talla de Ricardo Montaner, Marc Anthony y Florinda Meza expresaron su dolor y admiración a través de redes sociales, reconociendo no solo su talento musical, sino su calidad humana y su generosidad con sus colegas.

Sin embargo, el golpe más duro lo recibió su familia: su esposa María del Refugio Abarca, conocida cariñosamente como “Doña Cuquita”, sus hijos Vicente Jr.


, Gerardo, Alejandro y Alejandra, y sus nietos y bisnietos.

Ellos, que lo acompañaron en sus últimos días de agonía, se enfrentaron al vacío de perder al patriarca, al esposo y al padre amoroso que, detrás de la figura pública, siempre tuvo como prioridad el bienestar de los suyos.

Las imágenes de Alejandro Fernández destrozado y de Doña Cuquita velando el féretro de su compañero de vida conmovieron al mundo, mostrando el lado más humano y vulnerable de la tragedia.

 

A pesar del dolor, la familia Fernández mostró una entereza admirable, agradeciendo las muestras de cariño y asegurando que Vicente se fue en paz, llevado, según palabras de su hijo Gerardo, por la Virgen de Guadalupe en su día, un detalle que para los creyentes añadió un matiz de consuelo espiritual a su partida.

Vicente Fernández vivió la vida intensamente, “como una copa de licor”, saboreando cada momento de éxito y superando las adversidades con la misma fuerza con la que interpretaba sus canciones.

Su frase “mientras ustedes no dejen de aplaudir, su Chente no deja de cantar” se convirtió en una profecía cumplida, pues aunque su cuerpo físico ya no esté, su voz seguirá resonando eternamente en cada rincón donde se escuche una ranchera.

Su legado es inmortal, y su figura permanecerá como el eterno Rey del Mariachi, un hombre que, sin trono ni reina, logró conquistar el corazón de millones y cuyo recuerdo vivirá para siempre en la memoria colectiva de un continente que hoy, más que nunca, sigue cantando “volver, volver, volver a tus brazos otra vez”.

 

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