En 2025, la vida de José Feliciano parece casi increíble si se compara con sus orígenes.
Nacido ciego, criado en una humilde casa de madera en Puerto Rico y rodeado de precariedad, su infancia estuvo marcada por la necesidad y el esfuerzo.
Desde muy pequeño, tocaba en las esquinas del Spanish Harlem para ayudar a su familia a sobrevivir.
Muchas décadas después, su realidad es completamente distinta.
A los 80 años, despierta en una mansión rodeada de bosques en Connecticut, dueño de una fortuna estimada en ocho millones de dólares y reconocido mundialmente como uno de los músicos más influyentes de su generación.
Su trayectoria, construida con disciplina, talento y un espíritu inquebrantable, refleja una vida marcada por el triunfo sobre la adversidad, pero también por la serenidad y el lujo que hoy lo acompañan.
La riqueza de Feliciano es el resultado de más de seis décadas de trabajo incansable.
Con más de 60 álbumes publicados, recorrió géneros como el bolero, el soul, el jazz, el rock y la música latina, creando un catálogo diverso y atemporal.
Su versión de Light My Fire lo catapultó como una figura respetada del folk y el rock, mientras que su icónico éxito Feliz Navidad se transformó en una de las canciones navideñas más rentables del mundo, generando millones en regalías año tras año.
A esto se suma su prolífica actividad como compositor y colaborador, participando en grabaciones, bandas sonoras y espectáculos con grandes figuras internacionales como Frank Sinatra, Santana, Marc Anthony y Vicente Fernández.

Las giras marcaron una parte crucial de su éxito económico.
Desde los años sesenta hasta muy avanzada su vida, Feliciano ofreció conciertos alrededor del mundo, llenando auditorios en América, Europa y Asia.
Incluso a medida que envejecía, seguía presentándose, demostrando que su pasión por la música superaba cualquier límite físico.
Sus ingresos, aunque sólidos, nunca estuvieron asociados al derroche.
De hecho, se caracteriza por una vida más centrada en la paz y la comodidad que en la ostentación.
El símbolo más poderoso de su vida actual es su mansión en Connecticut.
La propiedad, valorada entre tres y cinco millones de dólares, se encuentra escondida entre colinas boscosas del condado de Fairfield, una zona reconocida por sus extensas propiedades y su ambiente tranquilo.
Desde el exterior, la casa recuerda a las postales clásicas de Nueva Inglaterra, con paredes de piedra, techos altos, chimeneas imponentes y un largo camino rodeado de árboles centenarios.
Es un refugio cuidadosamente elegido, lejos del ruido de la industria, donde Feliciano puede dedicarse a la música sin presiones y disfrutar de la vida familiar.

En el interior, la residencia refleja su personalidad.
Un vestíbulo amplio y luminoso recibe a los visitantes con pisos de madera pulida y una escalera elegante.
Las paredes están adornadas con premios, discos de oro y fotografías de momentos emblemáticos de su carrera.
El corazón del hogar es su sala de música insonorizada, un estudio equipado con guitarras, amplificadores y equipos de grabación adquiridos a lo largo de toda su vida.
Allí, rodeado de instrumentos, encuentra inspiración y conexión con la música que ha definido su existencia.
Las áreas comunes están diseñadas para la comodidad y el disfrute.
La sala principal y la biblioteca incluyen chimeneas de piedra, sillones de cuero y muebles tallados a mano.
La cocina mezcla encanto rústico con instalaciones modernas y se abre hacia un patio con vista al bosque, un lugar que él y su familia utilizan para descansar y compartir.
El exterior de la propiedad cuenta con jardines cuidados, un pequeño estanque, senderos privados y una casa de huéspedes, creando un ambiente de retiro perfecto para un artista de su magnitud.

Uno de los aspectos más sorprendentes de la vida de Feliciano es su fascinación por los automóviles.
Aunque nació ciego y nunca ha conducido un vehículo, su aprecio por el sonido, las vibraciones y el diseño lo llevó a formar una colección notable.
Entre sus vehículos más preciados se encuentra un Cadillac Escalade modificado para mayor comodidad, un Mercedes-Benz Clase S conocido por su suavidad y silencio, y un Ford Mustang clásico de los años sesenta, valorado por el rugido de su motor más que por su estética.
Para él, los autos son experiencias sensoriales que vive a través del sonido y el tacto, una forma única de conexión con la ingeniería automotriz.
Los viajes también forman parte esencial de su día a día.
Durante sus giras internacionales y visitas a su hogar en Austria, prefiere vuelos en primera clase o incluso jets privados, priorizando la serenidad y el silencio.
Para Feliciano, el lujo no se define por el exceso, sino por la tranquilidad que le permite seguir creando.
Sus estancias suelen darse en hoteles de alta categoría como el Ritz-Carlton de Viena o el Four Seasons de Nueva York, donde busca suites amplias, privadas y con acústica adecuada para practicar con su guitarra.
En el ámbito personal, la vida del artista ha estado marcada por romances, pérdidas y un profundo amor familiar.
Su primer matrimonio, con la compositora Jana Merlin Pérez, terminó en divorcio después de años de presiones asociadas a su creciente fama.

Sin embargo, encontró estabilidad duradera junto a Susan Omillan, su esposa desde 1982, con quien tuvo tres hijos y construyó un hogar sólido y amoroso.
Susan ha sido su apoyo constante, ayudándolo a enfrentar controversias como aquella ocurrida en 2009, cuando su canción Feliz Navidad fue utilizada en una parodia ofensiva.
Feliciano respondió con dignidad, defendiendo el espíritu inclusivo de su obra, y finalmente recibió una disculpa pública.
Otra dimensión importante de su legado es su compromiso humanitario.
A lo largo de su vida, ha donado más de un millón de dólares a causas relacionadas con la ceguera, la salud infantil y la ayuda en desastres.
Ha apoyado organizaciones como la American Foundation for the Blind, Make-a-Wish, Habitat for Humanity y UNICEF, además de destinar recursos significativos para la reconstrucción de Puerto Rico después del huracán María.
Para él, la generosidad es una obligación moral, un reflejo de sus raíces humildes y una forma de devolver lo que la vida le ha concedido.
A sus casi ocho décadas, José Feliciano continúa siendo un símbolo de talento, resiliencia y humanidad.
De una infancia marcada por la pobreza a una vida rodeada de música, familia y paz, su historia sigue inspirando a millones alrededor del mundo.
Su legado no solo reside en su obra artística, sino también en su espíritu generoso y su capacidad para transformar cada desafío en una oportunidad.
Su vida en 2025 es el testimonio perfecto de una trayectoria tan brillante como conmovedora.