La historia de amor entre Chris Pérez y Selena Quintanilla es una de las más intensas, trágicas y conmovedoras de la música latina.
Más de tres décadas después, el guitarrista ha decidido abrir su corazón y compartir los secretos y verdades de aquel amor que marcó su vida para siempre.

A finales de los años 80, la banda familiar Selena y los Dinos comenzaba a conquistar el sur de Texas.
La voz de Selena ya era inconfundible: poderosa, dulce e imposible de olvidar.
En el escenario, detrás de ella, un joven guitarrista llamado Chris Pérez tocaba con una pasión que parecía hablar el mismo idioma que su corazón.
Chris era un músico autodidacta que soñaba con ser parte de una banda de rock, pero nunca imaginó que el destino lo pondría frente a la mujer que cambiaría su vida.
Cuando Abraham Quintanilla, padre y manager de Selena, contrató a Chris para tocar en el grupo familiar, este se sintió intimidado.
“Yo sabía quién era Selena, pero no imaginaba que fuera tan encantadora en persona”, recordaría años después.
Por su parte, Selena se sintió intrigada por aquel chico silencioso y diferente a los demás.
Sus primeras conversaciones fueron tímidas, llenas de risas, bromas y miradas cómplices.
Pero detrás de esa inocencia, crecía una conexión que ni ellos mismos podían controlar.
El amor entre Selena y Chris no fue un romance fácil ni aprobado.
Abraham desconfiaba de los músicos que se acercaban a su hija y consideraba que Chris no era el hombre ideal para ella.
Sin embargo, durante las giras y ensayos, el amor floreció.
Chris comenzó a escribir canciones inspiradas en Selena, y ella le dedicaba miradas que decían más que mil palabras.
“Nos enamoramos sin querer, sin planearlo. Fue algo que simplemente sucedió”, confesó Chris décadas después.
La pareja mantuvo su relación en secreto durante meses, encontrándose a escondidas en hoteles, camerinos y autobuses de gira.
Estos momentos robados, aunque breves, fueron intensos y se convirtieron en la base de una historia digna de película.
Cuando Abraham descubrió la relación, reaccionó con furia: despidió a Chris de la banda y prohibió a Selena volver a verlo.
Fue un momento doloroso para ambos.
Chris recuerda que nunca quiso ser la causa del sufrimiento de Selena, quien debía cuidar su carrera y su familia.

A pesar de la prohibición y la distancia, su amor se fortaleció.
En abril de 1992, decidieron casarse en secreto.
Sin vestidos ni flores, solo dos corazones decididos a unirse para siempre en el Palacio de Justicia de Nueces County, Texas.
“Cuando firmamos los papeles, ella sonrió y me dijo: ‘Ahora sí, nadie nos podrá separar'”, recuerda Chris con la voz quebrada.
La noticia sorprendió al mundo y, aunque al principio Abraham se mostró enfadado, terminó aceptando el amor sincero y profundo de su hija.
Chris regresó a la banda y por un tiempo todo parecía perfecto.
Selena y Chris vivían juntos en Corpus Christi, en una pequeña casa llena de amor, música y sueños.
Selena cocinaba, cuidaba a sus perros y Chris componía canciones.
Eran días simples pero felices.
Como pareja, se convirtieron en un símbolo del Tex-Mex.
Selena brillaba en los escenarios, mientras Chris la acompañaba con su guitarra y lealtad inquebrantable.
En privado, disfrutaban de películas, pizzas caseras y soñaban con formar una familia.
Selena hablaba con frecuencia de tener hijos y construir una casa frente al mar.
En una entrevista de 1994, ella dijo: “Chris no es solo mi esposo, es mi mejor amigo. Nos entendemos sin hablar”.
Para Chris, cada día con Selena era un regalo.
Ella tenía una energía única que hacía que todo a su alrededor cobrara vida.
Sin embargo, esa armonía estaba destinada a enfrentar pruebas difíciles.
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A medida que la fama de Selena crecía, también lo hacían las presiones y complicaciones.
Las giras internacionales la alejaban de casa, y las decisiones de negocio afectaban su vida personal.
En ese tiempo, Yolanda Saldívar, presidenta del club de fans de Selena, entró en escena y poco a poco se ganó la confianza de la cantante y su familia.
Chris nunca se sintió cómodo con Yolanda.
“Había algo en su mirada que no me inspiraba confianza”, confesó.
Pero Selena, generosa y confiada, la consideraba una amiga leal.
A pesar de las dificultades, la pareja seguía unida, viajando juntos, escribiendo canciones y planeando un futuro lleno de amor y música.
Selena soñaba con lanzar su primer disco en inglés y tener hijos con Chris.
“Ella me decía: ‘Quiero que cuando tengamos una hija se parezca a ti. Era su manera de prometerme eternidad'”, recuerda Chris con lágrimas contenidas.
1994 fue el último año completo que pasaron juntos.
Selena estaba en la cima de su carrera, ganando premios y diseñando su línea de ropa.
Chris la acompañaba orgulloso a todos lados, consciente de que compartía la vida con una estrella que iluminaba no solo escenarios, sino corazones.

Pero el destino cruel preparaba una tragedia devastadora.
El 31 de marzo de 1995, Chris recibió una llamada que partió su vida en dos: Yolanda Saldívar, en quien Selena había confiado, la había asesinado a sangre fría en un motel de Corpus Christi.
El mundo se paralizó. Selena tenía apenas 23 años.
Chris recuerda ese día como una pesadilla de la que nunca pudo despertar.
Cuando vio a Selena en el hospital, sintió que todo dentro de él moría también.
Durante días, se encerró en su casa, rodeado de guitarras y recuerdos, incapaz de hablar o dormir.
Tras la muerte de Selena, Chris desapareció del ojo público.
Dejó de tocar y componer, y guardó silencio durante años, pues su dolor era demasiado profundo.
En 2012 publicó un libro titulado *To Selena, with Love*, donde narró con honestidad desgarradora su historia con ella.
Hablar de Selena para Chris es una forma de mantenerla viva, aunque también significa revivir la pérdida.
“Nunca volví a amar de la misma manera. Selena no fue solo mi esposa, fue mi otra mitad. Cuando murió, me quedé incompleto”, confesó.

Con el tiempo, aprendió a perdonarse y a honrar su memoria.
Se convirtió en guardián del legado de Selena, participando en homenajes y manteniendo viva su esencia como musa y compañera.
Chris siente la presencia de Selena en cada amanecer, en cada nota que toca en la guitarra.
“A veces cierro los ojos y la escucho cantar, y sé que no se ha ido. Está aquí conmigo en cada acorde”, dice.
Aunque la fama ya no le interesa, su arte sigue siendo una conversación constante con el pasado y una plegaria silenciosa.
Su amor por Selena no ha muerto; solo se transformó.
En sus propias palabras, si pudiera hablar una vez más con Selena, solo le daría las gracias: “Gracias por amarme, por enseñarme lo que es la bondad, por haber sido tú”.
La historia de Chris Pérez y Selena Quintanilla es una leyenda de amor moderno, puro y eterno.
No necesitan un final feliz, solo la verdad y el recuerdo vivo de un amor que trasciende el tiempo y la muerte.