El 15 de abril de 1957, a las 5:47 de la mañana, Pedro Infante, el ídolo más amado de México, despegaba en su avión privado desde Mérida, Yucatán, rumbo a la Ciudad de México.

Lo que nadie sabía era que aquel vuelo sería el último.
Apenas cinco minutos después del despegue, el avión sufrió una falla fatal y se estrelló, acabando con la vida de Pedro a los 39 años, en la cima absoluta de su fama.
Sin embargo, detrás de la tragedia y la leyenda, existía un secreto que Pedro Infante guardó durante una década y que María Félix, la mujer más bella e inalcanzable del cine mexicano, protegió durante 68 años: un hijo secreto.
Pedro Infante nació en 1917 en Mazatlán, Sinaloa, en una familia humilde.
Desde niño mostró un talento innato para la música y la actuación, convirtiéndose en la esperanza del pueblo mexicano para alcanzar el éxito a pesar de la pobreza.
Su voz y carisma lo hicieron un símbolo nacional, pero su vida personal estuvo marcada por amores prohibidos y secretos que pocos conocían.
Uno de esos secretos fue su relación clandestina con María Félix, conocida como “La Doña”, la reina del cine mexicano.
Su romance, intenso y apasionado, dio lugar al nacimiento de un hijo en 1947, un niño que fue entregado en adopción para proteger la imagen pública de ambos artistas y evitar el escándalo social que hubiera significado en aquella época.
María Félix, nacida en 1914 en Álamos, Sonora, provenía de una familia acomodada y desde pequeña supo usar su belleza y carisma para conquistar el mundo del cine.
Su fama y carácter fuerte la convirtieron en una figura imponente, casi inalcanzable para muchos.
Sin embargo, detrás de esa fachada, María vivió un amor prohibido con Pedro Infante que marcó su vida para siempre.

Cuando María quedó embarazada de Pedro, enfrentó un dilema imposible: mantener su carrera y reputación o criar a un hijo fuera del matrimonio con un hombre casado.
La presión social y profesional la llevó a tomar la dolorosa decisión de dar al bebé en adopción, un secreto que guardó celosamente hasta su muerte en 2002.
El hijo de Pedro Infante y María Félix nació en marzo de 1947 en Guadalajara, en un hospital privado donde la discreción era fundamental.
Pedro tuvo la oportunidad de verlo solo una vez, y ambos lloraron por la pérdida y el sacrificio que significaba entregar a su hijo para que tuviera una vida lejos del estigma y la exposición pública.
Este niño creció sin saber quiénes eran sus verdaderos padres, criado por una familia adoptiva que desconocía la magnitud del secreto que cargaba.
Mientras tanto, Pedro y María continuaron con sus vidas públicas, construyendo carreras legendarias pero llevando en silencio el dolor de la separación.
Décadas después, una grabación privada reveló la confesión de Pedro Infante sobre la existencia de su hijo secreto.
En una reunión con amigos, Pedro, visiblemente afectado y en estado de ebriedad, admitió que tenía un hijo fuera de su matrimonio, que había sido dado en adopción y que lamentaba profundamente no haber podido reconocerlo.

Además, en su testamento de 1955, Pedro dejó una cláusula especial que destinaba una suma de dinero para un beneficiario desconocido, que solo su abogado conocía.
Esta suma estaba destinada a su hijo secreto o a la familia que lo adoptó, con condiciones estrictas para verificar su identidad.
Tanto la familia Infante como la Félix negaron durante décadas la existencia de este hijo, manteniendo el secreto bajo llave y evitando cualquier revelación pública.
Sin embargo, evidencias como cartas, testimonios y documentos han salido a la luz, confirmando la veracidad de esta historia.
Las cartas entre Pedro y María, encontradas tras la muerte de María Félix, hablan del amor perdido, del hijo y del dolor que ambos cargaron hasta sus últimos días.
Estas cartas fueron ocultadas por los herederos para proteger la imagen de las familias y evitar escándalos.
La muerte de Pedro Infante ha sido objeto de teorías conspirativas que cuestionan el accidente oficial.
Se habla de sabotaje, rivalidades profesionales, y hasta de un posible suicidio encubierto, motivado por el sufrimiento interno de Pedro, quien volaba cada vez más peligrosamente y mostraba signos de depresión.
Aunque la versión oficial habla de un fallo mecánico, las inconsistencias en la investigación y el carácter del piloto han alimentado estas especulaciones que siguen vigentes hoy.

Hoy, en pleno siglo XXI, la pregunta que sigue abierta es: ¿dónde está ese hijo? Con casi 80 años, podría estar viviendo en algún lugar de México sin conocer su origen ni la magnitud de su historia.
La búsqueda de su identidad y paradero es una de las grandes incógnitas del cine y la cultura mexicana.
La historia de Pedro Infante, María Félix y su hijo secreto es un recordatorio del costo personal que a menudo implica la fama y la imagen pública.
Detrás de las luces y el glamour, existen vidas marcadas por el sacrificio, el dolor y los secretos que sólo el tiempo puede revelar.