Imagina vivir toda tu vida bajo la sombra más grande del mundo, la de una hermana que se convirtió en uno de los íconos más admirados y fotografiados del siglo XX.

Lee Radziwill, nacida Caroline Lee Bouvier, fue la hermana menor de Jacqueline Kennedy Onassis, la famosa primera dama de Estados Unidos.
A pesar de su belleza, elegancia y título nobiliario, Lee vivió una existencia marcada por la rivalidad silenciosa, la lucha por la identidad y el constante intento de salir del eclipsante legado de su hermana.
Lee nació tres años y medio después que Jackie, en una familia acomodada de Nueva York, los Bouvier.
Desde muy pequeña, la comparación con su hermana mayor fue inevitable.
Jackie, con su piel morena y su carisma natural, era la favorita de su padre, John Vernou Bouvier III, conocido como “Blackjack”.
Este hombre, un corredor de bolsa con fama de mujeriego, dedicaba su atención principalmente a Jackie, dejando a Lee relegada a un segundo plano.
Este favoritismo paterno dejó una marca profunda en Lee, que desde niña sintió que debía esforzarse el doble para recibir la mitad de los aplausos.
Mientras Jackie era vista como la “obra maestra”, Lee era el “boceto”, una percepción que cargó como una pesada piedra durante toda su vida.
El divorcio de sus padres y la mudanza a Virginia con su madre y padrastro no hicieron más que acentuar la distancia emocional con su padre y la brecha entre ella y Jackie.

A medida que crecían, la rivalidad entre las hermanas se fue intensificando.
Jackie se convirtió en la debutante del año en la alta sociedad neoyorquina, coronándose como la reina indiscutible de la élite social.
Lee, aunque objetivamente más hermosa y con rasgos más finos, sentía que nunca podía alcanzar el nivel de su hermana, que ya estaba conquistando el mundo con su inteligencia y encanto.
Mientras Jackie se preparaba para una carrera política y social, Lee optó por un camino diferente: el de la moda, el estilo y la conquista rápida de la sociedad.
No deseaba ser una copia de su hermana ni seguir las reglas establecidas por sus padres; quería ser libre y destacar a su manera.
A los 20 años, Lee se casó con Michael Canfield, un editor que se rumoreaba era hijo ilegítimo de la realeza británica.
La boda fue fastuosa y la pareja se mudó a Londres, donde Lee buscó construir su propia identidad lejos de la sombra de Jackie.
Allí se convirtió en una figura destacada en la sociedad británica, marcando tendencias y rodeándose de aristócratas.
Sin embargo, el matrimonio no fue feliz.
Michael tenía problemas con el alcohol y carecía de la ambición que Lee esperaba.
Mientras tanto, en Estados Unidos, Jackie se casó con John F. Kennedy, lo que volvió a colocar a Lee en un lugar secundario, observando cómo su hermana se convertía en la mujer más poderosa y fotografiada del mundo.

En busca de un nuevo estatus y reconocimiento, Lee se casó en 1959 con el príncipe Stanislas Radziwill, un noble polaco con un título antiguo, aunque con una fortuna menguante.
Este matrimonio le otorgó a Lee el título de princesa y la oportunidad de vivir una vida de lujo y fiestas exclusivas en Londres y la Riviera Francesa.
Pero la felicidad fue efímera.
La relación se deterioró y en 1974 se divorciaron.
Lee perdió su estatus de esposa de príncipe y regresó a Nueva York, enfrentando la realidad de una vida sin el apoyo económico y social que había disfrutado.
La relación con Jackie siempre estuvo marcada por la competencia y la distancia emocional.
Aunque en público parecían hermanas unidas, en privado existía una guerra silenciosa de celos y reproches.
Lee intentó construir su propia carrera como actriz y socialité, aunque sus intentos artísticos fueron recibidos con críticas duras y poco reconocimiento.
Durante años, Lee fue vista como la “hermana olvidada”, la que vivía a la sombra del mito de Jackie Kennedy.
Sin embargo, mantuvo su elegancia y estilo, convirtiéndose en un icono de la moda y la alta sociedad, admirada por su sofisticación y porte.

Tras la muerte de Jackie en 1994, Lee quedó como la última guardiana de una época dorada que parecía desvanecerse.
La relación entre ambas hermanas nunca se reparó completamente, y el testamento de Jackie, que no dejó herencia a Lee, fue una humillación final que marcó el cierre de un capítulo doloroso.
Lee vivió casi dos décadas más, enfrentando la pérdida de su hijo y la soledad, pero siempre manteniendo su misterio y discreción.
Falleció en 2019, a los 85 años, dejando un legado complejo: una mujer que buscó su propia luz en un mundo dominado por la figura de su hermana, y que sobrevivió para contar su historia.
La vida de Lee Radziwill es un relato sobre la búsqueda de identidad, la lucha contra la invisibilidad y el precio de vivir bajo una sombra imponente.
Su historia revela que, detrás de la fama y el glamour, existen heridas profundas y rivalidades que marcan para siempre.
Lee y Jackie, dos caras de una misma moneda, representan la dualidad de la familia, donde el amor y la competencia coexisten, y donde la historia a veces decide a quién ilumina y a quién deja en la penumbra.