Myriam Hernández, una de las voces más emblemáticas de la música romántica en América Latina, ha sido durante décadas una figura inspiradora para millones de seguidores.

Desde sus humildes comienzos en Ñuñoa, Chile, hasta convertirse en una estrella internacional, su trayectoria está marcada por éxitos, sacrificios y momentos de profunda introspección.
Ahora, a los 61 años, ha decidido romper el silencio y compartir aspectos inéditos de su vida, revelando una faceta más humana y cercana que ha conmovido a todos.
Desde pequeña, Myriam Hernández soñaba con la música.
En su infancia en Ñuñoa, Chile, se dedicaba a cantar frente a un espejo, imaginando que algún día sería una estrella.
Sus padres, a pesar de los recursos limitados, confiaron en su talento y hicieron sacrificios para que pudiera estudiar canto.
La joven artista no tenía aún un disco grabado, pero ya era considerada una promesa en su país, con la prensa llamándola la artista revelación.
En esa época, enfrentó mucha presión y nerviosismo, pero también una ilusión y rebeldía que la impulsaron a seguir adelante.
Su oportunidad llegó cuando participó en el Festival de Viña del Mar, donde fue coronada como reina y ganó reconocimiento internacional.
Sin embargo, su camino no fue fácil; en aquel entonces, muchos no confiaban en ella, y algunos incluso le aconsejaron que desistiera.
Pero Myriam decidió seguir su intuición y trabajar duro para construir su carrera.
El primer gran éxito de Myriam fue la canción “Ay amor”, que distribuyó por sus propios medios en las radios, enfrentándose al escepticismo de la industria.
La canción, que nació de su propia experiencia y sensibilidad, se convirtió en un himno y le abrió las puertas a toda Latinoamérica.
A pesar de que muchas compañías no apostaron por ella, su fe y perseverancia la llevaron a conquistar corazones en toda la región.
Su álbum debut, lanzado en 1988, fue un éxito rotundo en Chile, alcanzando discos de oro y platino.
La canción “El hombre que yo amo” se convirtió en uno de sus mayores hits, logrando posicionarse en los rankings internacionales y llegando a Billboard en Estados Unidos.
La artista no solo conquistó a su público, sino que también rompió barreras en un mercado dominado por artistas masculinos.
A lo largo de los años, Myriam Hernández ha sabido adaptarse a los cambios musicales sin perder su esencia.
En los 2000, experimentó con nuevos sonidos, fusionando la balada romántica con elementos electrónicos, siempre manteniendo su sello de emoción y sensibilidad.
Su álbum “Enamorándome”, lanzado en 2007, fue un éxito que la reafirmó como una de las grandes voces de la música en español.
Su carrera también estuvo marcada por momentos de introspección y desafíos personales.
En varias entrevistas, ha hablado sobre su lucha contra la soledad, el peso de la fama y las dificultades en su vida personal.
En particular, su relación con su esposo Jorge Saens, con quien estuvo casada más de 30 años, terminó en una separación que ella misma ha descrito como una decisión difícil pero necesaria para su bienestar.
A los 61 años, Myriam Hernández ha decidido romper el silencio sobre su vida personal y profesional, dejando atrás los rumores y especulaciones.
En una entrevista reciente, confesó que sufrió una relación tormentosa con violencia, y que en su proceso de recuperación decidió priorizar su amor propio y su dignidad.
La artista también habló sobre su separación, afirmando que ninguna relación, por larga que sea, justifica la deslealtad o el maltrato emocional.
Este acto de valentía ha sido aplaudido por sus seguidores, quienes ven en ella un ejemplo de fortaleza y autenticidad.
Además, ha expresado su deseo de ser recordada con amor y respeto, y de seguir cantando mientras su voz siga siendo un medio de expresión y sanación.
Myriam Hernández ha vendido más de 5 millones de discos en todo el mundo, con numerosos premios y reconocimientos, incluyendo nominaciones al Grammy Latino y su ingreso en el Salón de la Fama de los compositores en Miami.
Su legado trasciende las cifras, pues su música ha acompañado a generaciones enteras en momentos de alegría, dolor y esperanza.
A pesar de los años, su pasión por la música no ha disminuido.

En 2019, sorprendió a todos con una versión de la canción “Amorfoda” de Bad Bunny, respondiendo desde su estilo romántico y emocional.
En 2020, vivió uno de los momentos más difíciles de su vida cuando su esposo sufrió un infarto, pero gracias a su fortaleza y el apoyo de su familia, logró salir adelante.
En la actualidad, Myriam continúa trabajando, componiendo y compartiendo su talento con nuevas generaciones.
Su historia es un ejemplo de perseverancia, amor y autenticidad, y su voz sigue siendo un símbolo de la música romántica en español.
La vida de Myriam Hernández es un testimonio de que detrás de una estrella hay una mujer valiente, que ha enfrentado adversidades y ha sabido reinventarse sin perder su esencia.
A los 61 años, ha decidido abrir su corazón y mostrar su verdadera cara, dejando un legado que trasciende las notas y las letras.
Su historia inspira a todos a seguir luchando por sus sueños, con amor propio y dignidad.