En los años 90, pocas figuras del pop latino alcanzaron la fama y el impacto cultural que tuvo Fey.

Su voz etérea y pegajosa, canciones como “Media Naranja” y “La Noche se Mueve”, y su imagen juvenil y fresca la convirtieron en un ícono de toda una generación.
Sin embargo, detrás del brillo y la fama, Fey vivió una compleja historia de control, manipulación y búsqueda de autonomía artística y personal que marcó su carrera y su vida.
María Fernanda Velázquez Hill, conocida artísticamente como Fey, nació en la Ciudad de México en 1973.
Proveniente de una familia con raíces musicales —su padre bajista español y su madre cantante argentina— creció rodeada de música, aunque sus padres no la impulsaron directamente a seguir una carrera artística.
Fue su tía Noemí quien alentó su talento desde pequeña, ayudándola a dar sus primeros pasos en la televisión y en la música.
En 1995, tras años de esfuerzo y audiciones, Fey lanzó su álbum debut homónimo bajo Sony Music México.
El disco fue un éxito rotundo, con ritmos de tecnopop y canciones que rápidamente dominaron las radios y discotecas de América Latina.
Su imagen juvenil, coreografías y estilo marcaron tendencia, y Fey se convirtió en un fenómeno que llenó arenas y vendió millones de discos.
Uno de los capítulos más polémicos de su carrera fue la mentira sobre su edad.
Desde su debut, Fey fue presentada como una joven de 17 años, cuando en realidad tenía 21.
Esta falsedad fue una estrategia de marketing impuesta por su equipo, incluyendo a su manager y pareja Mauri Stern, para ampliar su atractivo adolescente y hacerla más comercial.
Esta mentira se mantuvo durante años en comunicados, entrevistas y portadas, hasta que en 1999 una excompañera de escuela reveló la verdad.
La reacción del público fue dura: muchos fans se sintieron traicionados y los medios criticaron la manipulación.
Fey confesó que se había sentido presionada y acorralada para aceptar esta falsificación, borrando parte de su identidad para poder avanzar en la industria.
Mauri Stern no solo fue su pareja sentimental sino también su comanager, ejerciendo un control casi absoluto sobre su carrera y vida personal.
Fey ha declarado que él la veía más como un proyecto que como una persona, y que su relación se volvió tóxica con el tiempo.
En 2002, Fey terminó abruptamente esta relación y se mudó a Los Ángeles para escapar de ese entorno.
Stern, por su parte, ha minimizado públicamente el conflicto, pero para Fey este periodo fue un punto de inflexión fundamental para recuperar su autonomía.
A partir de los 2000, Fey tomó un rumbo más experimental, alejándose del pop comercial para explorar sonidos más oscuros y electrónicos con su álbum “Vértigo”.
Sin embargo, la falta de apoyo de su sello afectó la promoción y éxito comercial del proyecto.
Después de separarse de Sony, Fey comenzó a trabajar de forma independiente, lanzando proyectos acústicos y tributos que mostraron su madurez vocal y artística.
En 2017, participó en el exitoso 90s Pop Tour, reafirmando su legado y conectando con una nueva generación de fans.

La vida personal de Fey también estuvo marcada por altibajos.
Tras su divorcio con Mauri Stern, se casó con Federico Trager en 2004, aunque la unión duró poco.
En 2010 contrajo matrimonio con Alonso Orozco, con quien tuvo a su hija Isabela en 2011.
Este periodo marcó un cambio en sus prioridades, alejándose del foco público para concentrarse en su familia y en retomar su carrera musical con mayor control creativo.
Fundó su propio sello, Elephant Music, y comenzó a manejar su carrera y marca con total independencia.
En años recientes, Fey ha enfrentado críticas y debates públicos, especialmente tras expresar apoyo a la actriz Yalitza Aparicio y pronunciarse sobre temas sociales como el VIH.
Su postura ha generado reacciones divididas, pero ella ha optado por mantener la honestidad y la coherencia sin ceder a la presión mediática.

Su carrera hoy es un testimonio de resiliencia, reinvención y autenticidad.
Fey no solo sobrevivió a la maquinaria del pop de los 90, sino que evolucionó para convertirse en una artista compleja que sigue conectando con su público.
La historia de Fey va más allá de un fenómeno musical.
Es la historia de una mujer que luchó por recuperar su voz y su identidad en un mundo que buscaba fabricarla como un producto.
Su legado es una mezcla de éxitos, errores, aprendizajes y una constante búsqueda de autenticidad que la mantiene vigente y respetada en la música latina.