El 14 de febrero de 2024, día de San Valentín, falleció en Cuernavaca, Morelos, una de las figuras más emblemáticas y controvertidas del cine mexicano: Sasha Montenegro.

Su historia es mucho más que la de una vedette o actriz de cine de ficheras; es la historia de una mujer que llegó a México por accidente, que se convirtió en reina del espectáculo, que vivió un amor prohibido con un expresidente y que enfrentó escándalos, juicios y críticas durante toda su vida.
Nacida como Alexandra Achimovic Popovic el 20 de enero de 1946 en Bari, Italia, Sasha era hija de inmigrantes yugoslavos provenientes de Montenegro.
Su familia, aristocrática y marcada por la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que emigrar a Argentina donde Sasha creció y estudió ballet y periodismo.
Sin embargo, la dictadura argentina y la represión política la llevaron a buscar un nuevo rumbo.
En 1969, Sasha llegó a México con la intención de hacer un breve viaje, pero una confusión la llevó a ser presentada como una actriz argentina famosa, cuando en realidad nunca había actuado.
Sin corregir esta identidad errónea, aceptó un papel en la película *Un sueño de amor* (1972), dando inicio a una carrera que cambiaría su vida para siempre.
Sasha Montenegro se convirtió rápidamente en la figura icónica del cine de ficheras, un género popular en México durante las décadas de 1970 y 1980, caracterizado por comedias con humor sexual y la presencia de vedettes y mujeres sensuales.
Su papel en *Bellas de noche* (1975), donde protagonizó un desnudo de 30 segundos, fue un escándalo nacional y la catapultó a la fama, convirtiéndose en el sueño imposible de millones de hombres y en el blanco de críticas de muchas mujeres.

Este filme no solo fue un éxito comercial que duró más de seis meses en cartelera, sino que también marcó el inicio de un subgénero que dominó el cine mexicano durante años.
A pesar de su éxito, Sasha reconoció años después que este tipo de cine implicaba una violencia implícita hacia las mujeres, que eran sexualizadas y reducidas a objetos, aunque ella necesitaba trabajar y sobrevivir en la industria.
En 1984, Sasha Montenegro conoció al expresidente de México José López Portillo en Sevilla, España.
A pesar de la diferencia de edad y de que él seguía casado con la primera dama, comenzaron una relación secreta que duró años.
Sasha quedó embarazada dos veces antes de que López Portillo se divorciara en 1991, y tuvieron dos hijos juntos: Nábila y Alexander.
El escándalo fue enorme, con la prensa y la opinión pública atacándola duramente.
La familia de López Portillo, especialmente su hermana Margarita, se opuso ferozmente a esta relación, iniciando una batalla legal que incluyó acusaciones de maltrato y abuso contra Sasha durante los años en que cuidó al expresidente enfermo.
Tras la muerte de López Portillo en 2004, Sasha Montenegro enfrentó una dura lucha legal para mantener su derecho como viuda legítima y proteger los bienes que le fueron donados, en especial la propiedad conocida como “La Colina del Perro”.
A pesar de las presiones y demandas de la familia del expresidente, Sasha ganó el juicio y conservó su estatus legal, aunque la relación con la familia política quedó irremediablemente rota.
Como viuda presidencial, Sasha recibió una pensión vitalicia que generó controversia y críticas públicas, especialmente cuando en 2022 el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció la cancelación de estas pensiones.
A pesar de ello, Sasha mantuvo su dignidad y se retiró del espectáculo para dedicarse a su familia y a sus negocios inmobiliarios.
Sasha Montenegro vivió sus últimos años en Cuernavaca, lejos de los reflectores y del ruido mediático.
Luchó contra un cáncer de pulmón agresivo que finalmente la llevó a la muerte en 2024.
Su hija Nábila confirmó su fallecimiento y recordó a su madre no solo como la vedette y actriz, sino como una mujer fuerte, madre y sobreviviente.
Más allá de los escándalos y juicios, Sasha Montenegro dejó un legado importante en el cine mexicano.
Fue la reina indiscutible del cine de ficheras, un género que marcó una época y que, aunque polémico, brindó entretenimiento y trabajo a miles de personas.
Su valentía para mostrar su cuerpo en una época conservadora y para vivir su vida según sus propias reglas la convierten en una figura compleja y fascinante.
La historia de Sasha Montenegro es un recordatorio de la complejidad de las vidas públicas y privadas, especialmente para las mujeres que desafían normas sociales y enfrentan juicios constantes.
Fue una mujer que amó, que sufrió, que luchó y que vivió sin pedir permiso.
Su vida estuvo marcada por la fama, el amor prohibido, la controversia y la resiliencia.
Sasha Montenegro no fue ni una santa ni un demonio, sino una mujer humana, con virtudes y defectos, que dejó una huella imborrable en la cultura mexicana.
Su historia invita a mirar más allá de las etiquetas y a entender la humanidad detrás de las figuras públicas.