En un impactante giro de los acontecimientos, 51 sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) fueron masacrados en una emboscada que duró menos de 12 minutos.
Lo sorprendente es que no fue el Ejército ni la Marina quienes llevaron a cabo esta operación, sino sus propios compañeros, conocidos como los “murciélagos”.
Este grupo interno del CJNG ejecutó a su propia gente en lo que parece ser una limpieza brutal, dejando la carretera estatal convertida en un escenario de guerra.
La emboscada se realizó entre Chilpancingo y Acapulco, y lo más alarmante es que no hubo un solo escape.
De los 51 sicarios que iban en el convoy, todos murieron, algunos tratando de huir hacia la selva y otros intentando defenderse detrás de sus camionetas.
Los que se rindieron fueron ejecutados de rodillas, sin piedad ni excepciones.
La razón detrás de esta masacre es aún más perturbadora: el convoy transportaba 200 millones de pesos en efectivo, supuestamente destinados a los jefes del cártel.
Sin embargo, los murciélagos ya tenían información de que los sicarios planeaban desviarse hacia Michoacán para unirse al cártel de Tepalcatepec, llevando consigo todo el dinero.
Era una traición masiva, y la respuesta del CJNG fue la aniquilación total.
Los 51 sicarios no eran novatos; eran una célula completa que operaba en la costa de Guerrero desde hacía cuatro años.

Su jefe, apodado “el tiburón”, había ascendido dentro del cártel, generando entre 20 y 30 millones de pesos al mes.
Sin embargo, se convenció de que el CJNG lo estaba utilizando, sin darle el reconocimiento ni la autonomía que merecía.
El contacto con Tepalcatepec se venía gestando desde hace meses, ya que este grupo rival odia al CJNG con pasión visceral.
La oferta de Tepalcatepec incluía un mejor porcentaje de ganancias y la promesa de protección contra las purgas internas que el CJNG estaba llevando a cabo.
El plan era simple: recoger el dinero en Acapulco, formar un convoy y desviarse hacia Michoacán, donde los esperaría gente de Tepalcatepec.
Lo que el tiburón no sabía es que había infiltrados en su propia célula que informaban cada detalle del plan a la contrainteligencia del cártel.
El convoy salió de Acapulco el martes a las 5 de la tarde, compuesto por 17 camionetas y 51 sicarios armados hasta los dientes.
Pasaron sin problemas los retenes del CJNG, ya que eran conocidos y legítimos operadores del cártel.
Sin embargo, la emboscada estaba preparada en un tramo de carretera entre Chilpancingo y Chilapa, donde los murciélagos se habían posicionado estratégicamente.
Activaron bloqueos ocultos en la carretera, cortando completamente la ruta en cuestión de segundos.
El convoy quedó atrapado, y en ese momento desataron el infierno.
El fuego cruzado comenzó con ametralladoras de calibre .50 y rifles de asalto, inmovilizando las camionetas y causando el caos.
Las primeras ráfagas mataron a conductores y sicarios, mientras las camionetas empezaban a chocar entre sí.
El tiburón intentó organizar una defensa, pero estaban completamente sobrepasados por el ataque.
Los murciélagos tenían posiciones superiores y superioridad numérica.
Algunos sicarios intentaron salir de las camionetas, pero fueron abatidos antes de dar tres pasos.
Cuando la resistencia comenzó a quebrarse, los murciélagos usaron lanzacohetes contra las camionetas con más sicarios.
Las explosiones incendiaron varios vehículos, y hombres envueltos en llamas salieron corriendo solo para ser abatidos.
En minutos, todo el convoy estaba ardiendo.
Los que intentaron escapar hacia la selva fueron cazados uno por uno.
El tiburón sobrevivió los primeros minutos, pero al darse cuenta de que no había esperanza, intentó negociar por radio.
Su respuesta fue escalofriante: “No hay negociación. Esto es un ejemplo”.
Los últimos en morir fueron un grupo de ocho sicarios que se atrincheraron detrás de camionetas volcadas, pero eventualmente se quedaron sin municiones.
Salieron con las manos arriba, rogando piedad, pero fueron ejecutados uno por uno.
La escena que encontraron las autoridades horas después fue apocalíptica: 17 camionetas destruidas y 51 cuerpos en diferentes estados.
El gobierno de Guerrero emitió un comunicado técnico sobre el enfrentamiento, sin mencionar la cantidad de muertos ni los cárteles involucrados.
Las familias de los 51 muertos están atrapadas en un limbo horrible, sin poder reportar a sus seres queridos.
Algunas recibieron llamadas anónimas sobre dónde recoger los cuerpos, mientras que otras solo saben que nunca regresaron.
El CJNG recuperó los 200 millones de pesos, que serán usados para financiar operaciones continuas.
La masacre envía un mensaje claro a cualquier célula del CJNG que considere desertar: no hay perdón, no hay segunda oportunidad.
Sin embargo, esta brutal purga también revela la fragilidad interna del CJNG.
Cuando un cártel tiene que matar a su propia gente por deserción, algo está roto en su estructura.
Esto sugiere un descontento masivo y una falta de lealtad, lo que podría debilitar al cártel más que cualquier operación gubernamental.
La carretera donde ocurrió la masacre ahora tiene la reputación de ser un lugar maldito, y los negocios cercanos sufrirán las consecuencias.
Los próximos meses mostrarán si esta masacre estabiliza al CJNG o lo debilita aún más.
¿Se fortalecerá el cártel o se verán más fracturas fatales?
La dinámica interna del CJNG está definiendo el futuro de la organización criminal más poderosa de México.
¿Qué opinas sobre esta brutal masacre y las implicaciones que tiene para el CJNG?
Comparte tu perspectiva en los comentarios y mantente informado sobre esta situación crítica.