En la madrugada del 7 de febrero de 2026, la quietud de las montañas de Cundinamarca se vio interrumpida por un operativo que cambiaría la historia del entretenimiento colombiano.
A las 4 de la mañana, mientras la mayoría de Colombia dormía, el presidente Gustavo Petro daba la orden de capturar a Mario Rojas, el guardaespaldas del famoso cantante de música popular, Yeison Jiménez.
Este no era un operativo común; se trataba de una traición que había dejado al país sumido en el luto y la indignación.
Rojas, conocido como “el inquebrantable”, había estado al lado de Jiménez durante años, pero su lealtad se había transformado en una oscura conspiración.
Lo que parecía ser un accidente trágico en el aire se reveló como un plan meticulosamente orquestado por quien había jurado protegerlo.
La niebla densa cubría la carretera que serpentea hacia La Calera, y el silencio en la sala de crisis era palpable.
El aire pesado estaba cargado de tensión mientras los agentes de inteligencia se preparaban para realizar la captura.
La vida de Mario Rojas, un exmilitar de 43 años, había sido una fachada de confianza, pero detrás de esa imagen se escondía un hombre consumido por deudas y vicios.
Las investigaciones revelaron que Rojas había estado involucrado en un juego peligroso, apostando en casinos clandestinos y acumulando deudas que superaban los cientos de miles de dólares.
En su desesperación, vio en su protegido no a un amigo, sino a una salida financiera.
El plan comenzó a gestarse cuando Rojas orquestó la firma de un paquete integral de seguros de vida y derechos de imagen con una compañía offshore en un paraíso fiscal.
Lo que Jiménez nunca supo es que, en caso de un accidente, Rojas sería el beneficiario único.
Con un accidente perfectamente planeado, Rojas se preparó para cobrar una fortuna.
El 10 de enero de 2026, la tragedia se desató cuando la avioneta de Yeison Jiménez se estrelló, dejando a millones de fanáticos devastados.
La versión oficial hablaba de un fallo en el motor, pero la verdad era mucho más oscura.
Los investigadores comenzaron a rastrear los movimientos financieros de Rojas, descubriendo un patrón de actividad sospechosa que apuntaba a un crimen premeditado.
Las autoridades colombianas no tardaron en actuar, y la presión sobre Rojas aumentó cuando se filtraron detalles sobre su implicación en el sabotaje.
La captura de Rojas fue rápida y efectiva, llevada a cabo por un equipo de élite que utilizó tecnología avanzada para localizarlo en una lujosa finca de alquiler.
Mientras el sol comenzaba a salir, la noticia de su arresto se filtraba rápidamente, generando una ola de indignación entre los fanáticos de Jiménez.
El pueblo colombiano exigía justicia, y el presidente Petro no podía permitir que esta traición quedara impune.
La historia de Rojas se convirtió en un símbolo de traición y deslealtad en la cultura popular colombiana.
Las pruebas que se incautaron durante su arresto incluían documentos falsos, pasaportes, y un dispositivo que contenía el historial de transacciones que lo vinculaban al crimen.
Mientras tanto, la familia de Yeison Jiménez enfrentaba un segundo duelo, ahora sabiendo que su ser querido no había muerto por un accidente, sino por la codicia de alguien en quien confiaba.
El juicio que se avecina promete ser uno de los más mediáticos de la década, con la fiscalía buscando la pena máxima por homicidio agravado.
Las repercusiones de este caso han dejado claro que la justicia colombiana no se detendrá ante traidores.
Las pruebas digitales que se están extrayendo de los dispositivos de Rojas revelan un patrón de premeditación escalofriante que data de meses atrás.
La noticia de su captura ha llenado las plazas y parques de Colombia con velas y fotos de Jiménez, donde los fanáticos exigen justicia.
El impacto de esta traición ha resonado en toda la comunidad, y cada nuevo detalle que sale a la luz solo alimenta la indignación popular.
El caso de Mario Rojas no solo es una historia de traición, sino también un recordatorio de que la confianza puede ser un arma de doble filo.
Mientras las investigaciones continúan, la búsqueda del mecánico que ayudó a llevar a cabo este crimen sigue en pie.
La historia de Yeison Jiménez y su guardaespaldas es un relato de amistad traicionada, codicia y la búsqueda de justicia en un mundo donde la lealtad no siempre es lo que parece.
A medida que se acercan las audiencias, el país se prepara para un juicio que no solo revelará la verdad detrás de la muerte de Jiménez, sino que también pondrá en el centro del debate la fragilidad de la confianza en el mundo del entretenimiento.
La traición puede esconderse en las sombras, pero la verdad siempre encontrará la luz, incluso en las frías montañas de Cundinamarca.