En un periodo de solo nueve semanas, cinco comandantes de un poderoso cartel en Sinaloa fueron asesinados de manera misteriosa.
Cada uno de los cuerpos apareció con la misma nota, firmada por alguien llamado Valeria.
Nadie sabe quién es Valeria, ni por qué está cazando a estos hombres, pero lo cierto es que su mensaje ha dejado a todos en estado de alerta.
La historia comienza en octubre de 2021, en un rancho a las afueras de Culiacán.
Ese día, el silencio del rancho no era el habitual; era un silencio inquietante, como si algo terrible hubiera sucedido.
Las autoridades llegaron a las 7 de la mañana, tras recibir reportes de disparos en la madrugada.
Al ingresar al rancho, encontraron 18 cuerpos, incluyendo al temido jefe de plaza, Eriiberto Luján, alias “el Toro”.
Este hombre era conocido por su brutalidad y había estado involucrado en cientos de muertes.
En el centro de la sala principal, se encontraba su cuerpo, con un disparo en la cabeza y una nota a su lado que decía: “Cinco de cinco por Valeria”.
Los investigadores quedaron desconcertados.
¿Quién era Valeria? ¿Qué significaba este mensaje?
Sin embargo, alguien dentro del cartel comprendió el mensaje y sintió que el mundo se les venía encima.
En solo nueve semanas, cinco comandantes habían caído, y todos los asesinatos estaban firmados con el mismo nombre.
Para entender esta historia, debemos retroceder 11 meses a un hombre llamado Aurelio Mendoza.
Aurelio era un ex-soldado de las fuerzas especiales del ejército mexicano, con 15 años de experiencia en operaciones de alto riesgo.
Había participado en rescates de rehenes y había desmantelado células criminales, pero decidió retirarse para buscar una vida tranquila.
Tenía una hija llamada Valeria, quien estudiaba medicina y soñaba con ayudar a los demás.
El 15 de enero de 2021, Valeria desapareció.
Aurelio recibió la devastadora noticia de que su hija había sido secuestrada por el cartel.
La desesperación lo llevó a activar todos sus contactos, buscando respuestas en un sistema que nunca había funcionado para él.
Las autoridades no hicieron lo suficiente, y Aurelio se dio cuenta de que debía actuar por su cuenta.
Con la ayuda de antiguos compañeros del ejército, comenzó a buscar a su hija, descubriendo que el cártel había confundido a Valeria con la novia de un traidor.
La rabia y el dolor lo impulsaron a buscar venganza.
Aurelio se preparó meticulosamente, y poco a poco, fue eliminando a los responsables de la muerte de su hija.
La primera víctima fue Joel Acosta, un halcón del cartel que había identificado a Valeria como objetivo.
Aurelio lo interceptó en la carretera y dejó una nota sobre su cuerpo: “Uno de cinco por Valeria”.
La segunda víctima fue Ramiro Cisneros, el jefe de sicarios que había liderado el levantón de Valeria.
Aurelio lo eliminó en un ataque rápido y preciso, dejando otra nota: “Dos de cinco”.
La tercera víctima fue Adrián Soto, el químico que había dado la orden de secuestrarla.
Aurelio lo encontró en su rutina nocturna y lo eliminó, dejando la nota: “Tres de cinco”.
La cuarta víctima fue Fermín Reyes, el lugar teniente que había autorizado el asesinato de Valeria.
Aurelio y su equipo lo atacaron en su casa, completando su venganza con la nota: “Cuatro de cinco”.
Finalmente, todos los ojos estaban puestos en Eriberto Luján, “el Toro”, el jefe de plaza del cartel.
Él se había encerrado en su rancho, protegido por un fuerte sistema de seguridad y un ejército de sicarios.
Aurelio sabía que debía actuar con cautela.
Planeó cada detalle del asalto, utilizando su experiencia militar y la inteligencia que había recopilado.
La noche del ataque, Aurelio y su equipo se movieron como sombras, eliminando a los guardias y entrando en el rancho.
Cuando finalmente se enfrentó al Toro, Aurelio le mostró la foto de Valeria.
El miedo en los ojos de Eriberto fue evidente.
Aurelio apretó el gatillo, cumpliendo su promesa de venganza.
La noticia de las muertes de los comandantes del cartel se propagó rápidamente, y el mensaje de Valeria resonó en todo Sinaloa.
Cinco hombres, cinco notas, y un padre que no se detuvo ante nada para hacer justicia.
Esta historia es un recordatorio de los peligros que enfrenta la sociedad en la lucha contra el crimen organizado.
La figura de Valeria se convirtió en un símbolo de la lucha por la justicia en un país donde muchas veces las víctimas son olvidadas.
El caso de Camila Gómez y la venganza de Aurelio Mendoza son ejemplos de cómo la violencia genera más violencia, pero también de cómo el amor de un padre puede llevar a la acción.
Mientras el cartel intenta recomponerse, la leyenda de Valeria y su padre sigue viva, recordando a todos que la justicia, aunque a veces brutal, puede ser alcanzada.