A los 64 años, Alma Delfina Finalmente admite lo que todos sospechábamos 🥚

A los 64 años, Alma Delfina finalmente rompe el silencio sobre su vida, y lo que ha vivido es tan fascinante como conmovedor.

 

 

¿Recuerdas a Baby?

Aquella chica de mirada brillante y espíritu rebelde que deslumbró en el programa “Cachun Cachun Ra Ra”, un fenómeno cultural en México durante los años 80.

Para millones, Alma Delfina no era solo un personaje, sino el rostro de la juventud, el encanto y la promesa.

Sin embargo, justo cuando su estrella parecía intocable, desapareció de la escena.

Durante años circularon rumores sobre su misteriosa ausencia.

¿Dejó la actuación por amor?

¿Fue agotamiento o algo más profundo?

Ahora, a sus 64 años, Alma finalmente comparte su historia.

¿Qué fue lo que realmente pasó con la inolvidable Babi?

¿Por qué se alejó en la cima de su fama?

¿Y a dónde la ha llevado la vida desde entonces?

Alma Delfina Martínez Ortega nació el 5 de noviembre de 1956 en Ciudad Camargo, Chihuahua.

La menor de diez hermanos, se mudó a la Ciudad de México a la edad de cinco años, siguiendo a sus hermanos mayores.

Fue en la capital donde tuvo su primer encuentro con el mundo de la actuación.

Desde pequeña, Alma mostró interés por el teatro, acompañando a su hermana Evangelina al Instituto de Bellas Artes.

A los 12 años, comenzó a participar en clases de actuación, donde compartió espacio con futuras estrellas.

Sin embargo, su entusiasmo se desvaneció al poco tiempo.

El entorno competitivo y las presiones del medio la asustaron.

Recordó cómo un maestro la invitaba a fumar marihuana, lo que aumentó su ansiedad.

Una experiencia impactante fue la confesión de una amiga, Araceli, que dejó de asistir a clases, lo que la llevó a replantearse su lugar en ese mundo.

A pesar de las dificultades, su hermana Angelina la animó a seguir adelante.

Alma decidió cambiar de rumbo y se inscribió en el Instituto Andrés Soler, donde encontró un ambiente más tranquilo y enfocado.

Después de dos años, una oportunidad inesperada llegó a su vida.

El director Alejandro Bichir estaba buscando una actriz para una obra de teatro, y gracias a su hermana, Alma tuvo la oportunidad de audicionar.

Su debut fue desafiante, y la presión aumentó cuando tuvo que actuar en una escena intensa junto a Héctor Bonilla.

El salto a la televisión llegó cuando interpretó a la Virgen María en una pastorela, lo que llamó la atención del productor Valentín Pimstein.

Su papel en “Mundo de Juguete” marcó un hito en su carrera.

A finales de los años 70, Alma ya era considerada una estrella en ascenso, pero su verdadera prueba llegó en 1979 con la película “Ladrón”.

Ese papel requería su primera escena de desnudo, un desafío que la llenó de miedo.

Afortunadamente, su coprotagonista, Roberto “el Flaco” Guzmán, le brindó apoyo durante el rodaje.

La película fue un éxito, y Alma comenzó a recibir más atención en el medio.

Pronto, su vida personal también se volvió un tema de interés.

Su relación con Salvador Pineda comenzó a florecer, pero no sin complicaciones.

A medida que la fama de Alma crecía, también lo hacía la inseguridad de Salvador, lo que llevó a tensiones en su relación.

Los celos se convirtieron en una constante, y Alma se encontró atrapada en una relación tóxica.

A pesar de los momentos difíciles, la pareja se mudó junta y compartió la pantalla en “Colorina”.

Sin embargo, la presión del trabajo y los celos comenzaron a afectar su relación.

Alma se dio cuenta de que necesitaba un cambio y decidió poner fin a la relación.

La ruptura no fue fácil, y las cicatrices emocionales quedaron.

Alma se alejó del medio artístico por un tiempo, buscando sanar y reencontrarse.

En 1992, se casó con Michael Smith, y la maternidad transformó sus prioridades.

Alma se convirtió en madre de Natalia, lo que la llevó a hacer una pausa en su carrera.

A pesar de alejarse, siempre mantuvo su pasión por la actuación.

Regresó a la televisión en “El vuelo del águila” y “Cañaveral de pasiones”, asegurándose de que su hija siempre estuviera a su lado.

A lo largo de los años, Alma ha sido admirada no solo por su talento, sino también por su calidez y fortaleza.

Hoy, a los 64 años, Alma reflexiona con orgullo sobre su vida.

“Estoy realizada. He tomado los desafíos de la vida y los he convertido en crecimiento”, dice.

Lo mejor, tal vez, aún está por venir.

La historia de Alma Delfina es un testimonio de resiliencia y transformación.

Con cada desafío, ha encontrado la fuerza para levantarse y seguir adelante, inspirando a muchos en el camino.

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