A sus 35 años, Jessi Uribe Rompe el silencio sobre Yeison Jimenez 🥚

En un giro inesperado, Jessie Uribe ha decidido romper el silencio y hablar sin filtros sobre su relación con Yeison Jiménez.

 

 

Una amistad marcada por luces y sombras que ahora cobra un peso estremecedor tras la trágica muerte de Jason.

Jessi confiesa que habló con Jason poco antes de su fallecimiento, una conversación que ahora resuena con una intensidad inquietante.

Pero eso no es todo; también admitirá que existió una enemistad personal entre ellos, un choque de egos que complicó su relación.

“¿Rivalidad real o heridas nunca cerradas?”, se pregunta Uribe.

¿Qué se dijeron en esa última charla y por qué mantuvo este secreto tanto tiempo?

Las revelaciones de Jessi prometen cambiar la percepción que muchos tienen sobre su amistad.

“Los que vivimos la música de verdad aprendemos a leer silencios y energías que no se explican”, dice Uribe.

Conocí a Jason Jiménez lejos de las tarimas, en momentos íntimos donde no había necesidad de aparentar.

Coincidimos muchas veces en camerinos vacíos y aeropuertos de madrugada, donde las conversaciones eran honestas.

Hablábamos no solo de canciones, sino de la presión que implica sostener el éxito y las expectativas.

Jason tenía una sensibilidad única que lo hacía cuestionarlo todo, un don que pocos poseen.

Más de una vez, en largas charlas post-show, me habló de sueños recurrentes y señales que lo inquietaban.

Lo decía con serenidad, como si supiera que la vida no siempre avisa dos veces.

A veces bromeaba para quitarle peso al tema, pero en sus ojos había una conciencia clara de lo frágil que es todo.

 

 

Hoy, recordando esas conversaciones, entiendo que él veía la vida con una profundidad que pocos se atreven a mirar.

Cargar con esa percepción mientras el mundo te aplaude no es fácil.

Jason no solo hablaba de música, sino de su propia existencia y de las cargas que llevaba consigo.

Recuerdo una noche después de un concierto en un pueblo pequeño, donde me habló del silencio que queda tras los aplausos.

Me decía que ese silencio le recordaba lo rápido que se acaba todo, que un aplauso dura segundos, pero el cansancio se queda días.

En otra ocasión, mientras manejábamos de noche, confesó que a veces sentía que vivía varias vidas en una sola.

El éxito te empuja hacia adelante, aunque el cuerpo y la mente pidan un freno.

Hablaba de su familia y de las promesas que no siempre podía cumplir por estar de viaje.

Ahí ya no estaba el artista seguro, sino un hombre cargando culpas y sueños al mismo tiempo.

Intentaba animarlo, recordándole de dónde venía y lo mucho que había logrado.

Pero Jason miraba por la ventana como si escuchara algo que los demás no oíamos.

No era tristeza, era una sensibilidad profunda que lo hacía sentir todo más fuerte.

Ahora, con su ausencia tan presente, me doy cuenta de que Jason no solo cantaba historias, las vivía con una intensidad que tocaba a cualquiera.

Solía decirme que lo que más le angustiaba no era morirse, sino irse con cosas guardadas, con palabras atragantadas.

Después de una premiación, me confesó que a veces sentía que amaba con prisa, como si el tiempo le debiera algo.

Luego vino ese accidente que casi nos lo quita, y ahí todo cobró sentido.

Ese día viajaba con la misma disciplina de siempre, pensando más en cumplirle a la gente que en cuidarse a sí mismo.

Horas antes habíamos hablado por mensajes, bromas cortas y quejas sobre el cansancio acumulado.

Pero entre líneas había una lucidez que hoy pesa.

Cuando comenzaron a llegar las llamadas y los rumores, sentí un vacío helado, como si la vida me obligara a repasar cada conversación.

Entendí que Jason no hablaba por hablar; intuía lo que venía.

No le huía a los temas incómodos y podía hablar de la muerte con una serenidad desarmante.

Mientras todos intentaban armar teorías, mi mente se iba a sus carcajadas y a esas llamadas inesperadas de madrugada.

Ese día cayó una oscuridad rara, no solo en el cielo, sino en el ánimo de un país entero que creció con su música.

De repente, sus letras dolían distinto, como si siempre hubieran estado avisando algo que nadie supo escuchar.

El silencio que dejó fue pesado, difícil de llenar.

Jason se fue dejando una huella que no se borra, la de un hombre que llegó a lo más alto sin perder su esencia.

Aunque su voz se apagó de una manera para la que nadie estaba preparado, su historia sigue viva en cada persona que encontró refugio en sus canciones.

Con el paso de las horas, comprendí que todo ocurrió en segundos, que su viaje terminó en un silencio extraño.

Hoy quedan rutas que ya no hará, escenarios que aún parecen esperarlo y corazones tratando de entender cómo una vida tan intensa pudo apagarse de golpe.

Jason venía de lo sencillo, de una realidad que le enseñó temprano a valorar el trabajo y la constancia.

Nada le llegó fácil y por eso defendió cada logro con carácter.

Para él, la música no era un hobby, era una convicción que lo acompañaba desde niño.

Recuerdo verlo pararse frente a la gente con una seguridad poco común, como si ya tuviera claro que ese era su destino.

Con los años crecieron también las responsabilidades.

Se hacía cargo de lo que podía, escribía en silencio, soñaba despierto y trabajaba sin pausa.

Jason hablaba del respeto que sentía por su público, de lo mal que le hacía fallarles.

En algún punto había familias enteras que esperaban escucharlo, y de repente todo quedó detenido en una espera inexplicable.

No hubo ensayo, solo una atmósfera pesada que creció hasta que el silencio se apoderó de todo.

Me dolía imaginar esos escenarios encendidos sin propósito, porque Jason hacía de cumplir una forma de vida.

Mientras el país empezaba a asimilar lo sucedido, sentía cómo lo impensable tomaba forma, dejándonos frente a una ausencia imposible de explicar.

Jason partió siendo joven, cercano, convertido en una voz que muchos sentían como propia.

Quedaron canciones que hoy pesan distinto, y una nación tratando de asimilar cómo una vida tan llena de planes pudo apagarse sin aviso.

Él entendía que el talento sin disciplina no alcanza, y por eso se levantaba antes que todos.

Observaba en silencio y escuchaba historias en cada pueblo, transformando todo en música auténtica.

Jason tenía el don extraño de convertir la vida real en canciones sinceras.

Hoy su ausencia duele porque no solo se fue un artista, se fue una voz que hablaba por muchos.

Y aunque su voz ya no esté presente, su legado permanece intacto, porque fue construido desde la honestidad.

Ese día no podía dejar de pensar en quienes lo esperaban sin saber nada, en esas personas que se reunieron con la ilusión de escucharlo.

Jason hablaba mucho del respeto que sentía por su público, y su ausencia deja una sensación de que aún tenía demasiado por entregar.

La música no es solo fama, sino memoria, verdad y corazón.

Y aunque su historia se detuvo, su mensaje sigue resonando en cada canción que nos dejó.

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