La noche del culto parecía tranquila en una iglesia de barrio en Uruapan, Michoacán.
Las sillas de plástico y las paredes sin terminar eran testigos de una fe que se mantenía firme en la comunidad.
Efraín, un panadero de 33 años, llegó tarde, cansado del horno, buscando a su esposa para regresar juntos a casa.
Sin embargo, lo que encontró detrás de una puerta entornada lo desarmó por completo.
Verenís, su mujer, abrazada al mismo pastor que los había casado meses atrás.
No hubo explicaciones posibles, solo el peso de una traición que olía a mentira disfrazada de fe.
Esa madrugada, un panadero tomaría una decisión que mancharía para siempre el piso de aquel templo.
Uruapan, con sus cerros verdes y calles estrechas, es un lugar donde todos se conocen.
Efraín trabajaba en la panadería desde los 16 años, y a sus 33 años, ya cargaba las marcas del oficio.
Manos callosas, olor permanente a harina, madrugadas eternas frente al horno.
Entraba a las 3 de la mañana, amasaba hasta el amanecer y salía a repartir pan recién horneado.
Dormía a ratos durante el día, tratando de recuperar las horas que el trabajo le robaba.
Berenice Maldonado, de 26 años, también buscaba un futuro mejor.
Trabajaba en una estética del barrio, cortando cabello y escuchando historias de sus clientas.
Los fines de semana ayudaba a su madre vendiendo ropa usada en el tianguis.
No era una vida fácil, pero tampoco miserable.
Berenice tenía una energía especial que la hacía destacar.
Risueña y conversadora, siempre arreglada, le gustaba sentirse bonita.
Se conocieron en el mercado, una mañana de enero de 2020.
Efraín llegó a repartir pan a una tienda frente al puesto de la madre de Verenice.
Se miraron, ella sonrió, y él se puso nervioso, casi tirando el pan.
Desde ese día, Efraín comenzó a pasar más seguido por el mercado.
Berenice lo notó, y dejó de hacerse la distraída.
Hablaban de cosas pequeñas al principio, el calor y los sueños de un futuro juntos.
El noviazgo fue sencillo, sin grandes promesas ni regalos costosos.
A finales de 2020, Efraín le propuso matrimonio de una manera honesta.
Berenice aceptó sin pensarlo demasiado, ambos querían formalizar su relación.
La boda se planeó para marzo de 2021, en una iglesia cristiana del barrio.
Nada lujoso, solo una ceremonia sencilla con flores y comida hecha por familiares.
El pastor Eliseo Campos, un hombre respetado, aceptó oficiar la ceremonia sin cobrar.
El día de la boda, Eliseo predicó sobre la fidelidad y la importancia de protegerse mutuamente.
Berenice y Efraín escucharon atentos rodeados de amigos y familiares.
Hubo abrazos y lágrimas de felicidad, pero la rutina llegó rápido y pesada.
Efraín seguía entrando de madrugada al horno, mientras Berenice se sentía sola en casa.
Las conversaciones se volvieron breves y funcionales, y la intimidad se desvaneció.
Berenice buscó refugio en la iglesia, donde encontró un lugar donde sentirse valorada.
El pastor Eliseo comenzó a acercarse a ella, ofreciendo apoyo emocional.
Las conversaciones se volvieron más personales, y pronto se cruzó la línea.
Una tarde, después de un culto, Eliseo abrazó a Berenice, un gesto que encendió la chispa.
Los mensajes comenzaron a llegar, llenos de palabras de aliento que pronto se tornaron íntimos.
Berenice, sintiéndose comprendida, no vio las señales de advertencia.
El pastor hizo que se sintiera especial, deseada, y eso la llevó a un camino peligroso.
Las salidas nocturnas aumentaron, y Efraín comenzó a notar cambios en su esposa.
Ella se arreglaba más de lo habitual, y su teléfono se volvió un misterio.
Una noche, Efraín decidió seguirla al templo, donde descubrió la verdad.
Vio a Berenice y al pastor abrazados, y su mundo se desmoronó en un instante.
La rabia y la traición lo llevaron a un punto de quiebre, y tomó una decisión fatal.
Esa noche, Efraín se convirtió en un hombre diferente, impulsado por el dolor y la ira.
Al día siguiente, la noticia del crimen sacudió a la comunidad.
El panadero que ejecutó al pastor y a su esposa infiel se convirtió en tema de conversación.
Los medios locales no tardaron en cubrir la historia, presentando titulares sensacionalistas.
La iglesia cerró sus puertas, y la congregación se desintegró.
Los testimonios y las evidencias llevaron a Efraín a enfrentar un juicio por homicidio.
Mientras tanto, Berenice intentó reconstruir su vida, pero el peso de la culpa la perseguía.
La historia de Efraín, Berenice y el pastor Eliseo se convirtió en una lección amarga.
Una lección sobre la traición, el dolor y las consecuencias que nunca se olvidan.
Uruapan, un lugar que parecía tranquilo, se convirtió en el escenario de un crimen pasional.
La vida siguió, pero las heridas quedaron marcadas en la memoria de todos los involucrados.
En este relato, la fe, la traición y la muerte se entrelazan en un ciclo oscuro y trágico.