¡GUERRA TOTAL en GUASAVE! MURCIELAGOS DESTRUYEN BASE de los MAYITOS y DEJA 32 CAMIONETAS FUERA 🥚

El 7 de enero de 2026, un evento sin precedentes sacudió la calma de Guasave, Sinaloa.

 

 

Una columna de humo se elevaba hacia el cielo, visible desde kilómetros de distancia.

No era un incendio forestal ni la quema de soca; era el resultado devastador de la operación “Murciélago”.

Esta maniobra militar marcará un antes y un después en los enfrentamientos en el Pacífico Mexicano.

En las primeras horas de la mañana, lo que ocurrió no fue un intercambio de disparos convencional.

Fue una demostración de superioridad tecnológica que dejó a la facción de Ismael Sambada, conocidos como los Mayitos, en ruinas.

32 camionetas de alta gama y blindaje artesanal fueron convertidas en chatarra en cuestión de minutos.

La base logística, un centro neurálgico para sostener su guerra interna, fue borrada del mapa.

Hoy, exploraremos cómo se gestó este ataque, la tecnología utilizada y por qué esta destrucción representa una fractura crítica en el cártel.

La guerra ha cambiado; el enemigo ya no está solo en las brechas.

La muerte ahora llega en silencio desde el cielo, con la precisión de un murciélago cazando en la oscuridad.

Para comprender la magnitud de este evento, debemos situarnos en el contexto actual de Sinaloa.

Desde la captura de Mayo Sambada y la traición que sacudió el crimen organizado en 2024, el estado ha vivido en tensión constante.

Guasave, por su ubicación estratégica, se había convertido en un bastión vital para los Mayitos.

La inteligencia militar sabía que en esta zona se concentraba una fuerza de reacción rápida, un ejército privado capaz de movilizarse en minutos.

Sin embargo, ubicar el punto exacto no fue sencillo.

Los criminales habían aprendido a esconderse, utilizando la vegetación y las estructuras agrícolas como camuflaje.

Pero cometieron un error fatal: subestimar la capacidad de vigilancia aérea nocturna de las fuerzas armadas.

La operación Murciélago no fue improvisada; fue el resultado de semanas de monitoreo.

A las 5:30 de la mañana, mientras la mayoría de la población dormía, la actividad frenética pero silenciosa comenzaba en una base militar a 15 km del objetivo.

Los operadores de sistemas aéreos no tripulados recibieron la confirmación final de la ubicación del complejo criminal.

En una zona rural de difícil acceso, la vigilancia había sido validada.

Las pantallas de control mostraban claramente lo que el ojo humano no podía distinguir en la oscuridad.

El calor de los motores y el movimiento de decenas de hombres armados eran visibles.

A las 6:15 de la mañana, la orden fue dada.

El cerco terrestre comenzó a cerrarse, pero el golpe principal no vendría por tierra.

Los murciélagos recibieron luz verde para neutralizar la amenaza.

Desde una altitud que los hacía invisibles, los drones fijaron sus objetivos.

El primer misil de precisión descendió en silencio, golpeando la bodega principal del complejo.

La detonación iluminó el cielo de Guasave, y el caos se apoderó de los sicarios.

Intentaron correr hacia las camionetas, pero la respuesta aérea fue implacable.

Un segundo proyectil impactó en el patio de maniobras, creando una onda expansiva devastadora.

Las 32 camionetas comenzaron a arder, convirtiéndose en hornos de metal.

La escena era dantesca; el blindaje artesanal se derretía y los sicarios, aturdidos, intentaban escapar.

Helicópteros artillados Black Hawk llegaron minutos después, bloqueando cualquier ruta de escape.

Los soldados encontraron una capacidad bélica expuesta en la base destruida.

Entre los escombros se hallaron fusiles Barret y lanzagranadas, evidencias de una fuerza formidable.

Los chalecos tácticos y los parches con las siglas MF confirmaron que esta base pertenecía a la facción de Sambada.

La destrucción de estas 32 camionetas representa un golpe financiero devastador.

No se trataba de vehículos comunes; eran modelos recientes, modificados y armados.

El valor de lo perdido supera los 50 millones de pesos.

Más allá del dinero, lo que se destruyó fue la capacidad de respuesta inmediata de los Mayitos.

Perder 32 vehículos significa que sus sicarios están a pie, vulnerables y sin capacidad de desplazarse rápidamente.

Las rutas de distribución quedan descubiertas, lo que afecta gravemente su operación.

La logística para reponer este parque vehicular tomará semanas o meses.

La guerra ha cambiado; el uso de drones para reconocimiento y ataque minimiza riesgos y maximiza resultados.

La coordinación entre los operadores de los sistemas aéreos y las tropas en tierra fue impecable.

Esto coloca a las fuerzas especiales mexicanas a la vanguardia en tácticas de combate asimétrico.

La población de Guasave escuchó las explosiones con una mezcla de temor y esperanza.

La fuerza del Estado puede superar a quienes los mantienen sometidos.

Durante mucho tiempo, la narrativa fue que los cárteles tenían mejor equipo que el gobierno.

Pero este ataque rompió esa narrativa.

Los drones Hermes 900 demostraron que la tecnología militar está del lado de la ley.

La guerra total contra la impunidad continúa, y los murciélagos están vigilando desde las sombras.

La destrucción de la base de los Mayitos no acabará con el narcotráfico de inmediato, pero cambia la dinámica del conflicto.

Les recuerda que su poder es finito y que la impunidad tiene un límite.

Las 32 camionetas que ardieron son el símbolo de una estrategia fallida.

La operación Murciélago fue un triunfo de la información sobre la fuerza bruta del crimen.

Guasave fue testigo de una operación limpia, devastadora y necesaria.

La guerra sigue, pero la victoria está más cerca que nunca.

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