En la madrugada del 28 de enero de 2026, un operativo sin precedentes tuvo lugar en Guanajuato.
Dieciocho sicarios fueron capturados, junto con cuatro vehículos blindados tipo monstruo.
El operativo, coordinado personalmente por Omar García Harfuch, desmanteló un audaz plan de rescate.
Los delincuentes no llegaron vestidos como criminales; se disfrazaron de gafes, el grupo aeromóvil de fuerzas especiales del ejército mexicano.
Llevaban chalecos tácticos con insignias copiadas, cascos idénticos a los originales y rifles que parecían FX05 SH Quattle.
Querían engañar al Estado imitando al Estado.
Su objetivo era rescatar a José Antonio Yepez Ortiz, alias “el Marro”, el líder del cártel de Santa Rosa de Lima.
A las 2 de la madrugada, el convoy disfrazado comenzó a moverse por una carretera secundaria entre Celaya, Irapuato y Salamanca.
Cinco vehículos avanzaban en perfecta formación, pareciendo un convoy federal.
Los hombres dentro llevaban el equipo completo y seguían protocolos de comunicación que parecían auténticos.
Todo estaba diseñado para que nadie sospechara.
Sin embargo, alguien estaba observando desde antes de que encendieran los motores.
La escena era inquietante: una carretera oscura, el rugido de motores diésel y la neblina comenzando a formarse.
Nadie imaginaba que este lugar se convertiría en el escenario de uno de los operativos más importantes en la lucha contra el crimen organizado en México.
Este operativo no solo se trataba de capturar a 18 sicarios; era una misión para desmantelar una red que mueve más de 150 millones de pesos mensuales en actividades ilícitas.
El cártel de Santa Rosa de Lima sigue generando dinero a pesar de los golpes que ha recibido.
Dinero proveniente del robo de combustible, extorsión a comerciantes, y venta de drogas sintéticas.
El crimen organizado ha evolucionado, y la sofisticación de su plan de rescate revela una realidad alarmante.
¿Cómo es posible que un grupo de sicarios se disfrace de fuerzas especiales y casi logre engañar a todo el aparato de seguridad federal?
La respuesta está en la preparación meticulosa de los sicarios.
Obteniendo uniformes auténticos, armamento militar y blindando sus vehículos.
Simularon protocolos militares, estudiando cómo se mueven y comunican las fuerzas especiales.
Varios de ellos tenían entrenamiento militar previo, lo que hacía su disfraz aún más convincente.
La guerra psicológica también fue una táctica clave.
Antes del intento de rescate, circularon amenazas personalizadas a funcionarios, advirtiendo sobre las consecuencias si algo le pasaba al Marro.
Además, la desinformación coordinada y la infiltración de información fueron cruciales para el plan.
Las autoridades federales detectaron comunicaciones sospechosas semanas antes del operativo.
En lugar de alertar públicamente, Harfuch decidió preparar una trampa inversa.
Monitoreó cada movimiento y cuando el convoy disfrazado se puso en marcha, las fuerzas federales estaban listas.
La fragmentación del cártel de Santa Rosa de Lima creó una situación caótica que llevó a este intento desesperado de rescate.
Los hombres leales al Marro sabían que debían actuar rápido o su organización desaparecería.
La carretera elegida no fue al azar; era una ruta estratégica que conectaba territorios disputados.
Si el rescate hubiera tenido éxito, el Marro habría reaparecido como un símbolo de resistencia.
Pero la inteligencia de Harfuch y su coordinación fueron decisivas.
El operativo fue quirúrgico, capturando a los 18 sicarios sin bajas federales significativas.
Las horas posteriores a la captura fueron cruciales para la investigación.
Los sicarios fueron interrogados individualmente, revelando la magnitud del plan y nombres de contactos dentro de las instituciones gubernamentales.
El decomiso de armas, uniformes y vehículos blindados muestra la capacidad logística del crimen organizado.
Sin embargo, el mensaje es claro: el crimen organizado puede intentar imitar al Estado, pero nunca podrá replicar su verdadera capacidad.
Las autoridades están vigilando y el futuro de Guanajuato depende de decisiones que se tomarán en las próximas semanas.
Los escenarios futuros incluyen represalias del crimen organizado, fragmentación de cárteles, o un fortalecimiento del control federal.
El costo invisible de este conflicto sigue afectando a la población civil.
Negocios cerrados, familias desplazadas y jóvenes reclutados son solo algunas de las consecuencias de esta guerra.
La historia de Guanajuato es un recordatorio de que la lucha contra el crimen organizado es compleja y multifacética.
A medida que avanza la investigación, el desafío es claro: restaurar la seguridad y la confianza en las instituciones.
El operativo de Harfuch demuestra que cuando hay voluntad política y coordinación efectiva, el crimen organizado puede ser derrotado.
La pregunta que queda es si esta victoria será el comienzo de algo más grande o solo un momento aislado en una guerra interminable.