La noche del reciente operativo en Villa Purificación fue un verdadero espectáculo de poder y estrategia.

A las 11 de la noche, la tierra tembló no por un sismo, sino por la irrupción de 100 elementos federales en lo que se conocía como “el paraíso”.
El cielo se llenó de helicópteros Black Hawk y los caminos fueron cerrados por vehículos blindados, transformando la mansión en una ratonera.
Todo esto ocurrió horas después de que el heredero del cártel amenazara directamente a Omar García Harfuch, prometiendo colgarlo en Polanco.
Esa amenaza fue un grave error, y lo que encontraron dentro de la mansión superó cualquier expectativa de inteligencia federal.
Este operativo no fue solo un cateo, fue un mensaje claro: la respuesta del Estado mexicano a una provocación directa.
Los acontecimientos se remontan a semanas antes, cuando la muerte de Iván Archivaldo y su funeral clandestino en Chiapas desataron una serie de movimientos.
La amenaza contra Harfuch activó un protocolo que el cártel no esperaba.
A las 8:45 de la noche, la inteligencia federal interceptó una comunicación encriptada proveniente del búnker de operaciones de Kevin Oseguera Cervantes, conocido como “el 03”.
El contenido del mensaje era claro: plantar a Harfuch en su propia casa y amenazar con colgar su cabeza en una manta, una declaración de guerra personal.
Harfuch, quien sobrevivió a más de 400 balas en un atentado en 2020, no dudó y activó el protocolo fantasma.
En menos de dos horas, 16 helicópteros Black Hawk estaban en el aire, con 42 vehículos blindados cerrando todas las rutas de escape alrededor de Villa Purificación.
Drones de reconocimiento marcaron cada punto de la propiedad, conocida como el bastión financiero del cártel.
A las 9:30 minutos comenzó la irrupción.
Los primeros elementos enfrentaron resistencia armada inmediata, con 28 sicarios abriendo fuego desde la torreta principal de la mansión.
Estaban armados con rifles Barret calibre 50, capaces de perforar blindaje militar.
Los primeros 12 minutos fueron un infierno de balas, granadas de aturdimiento y maniobras aéreas coordinadas.
Desde los cafetales cercanos, francotiradores federales neutralizaron las posiciones elevadas, mientras un dron kamikaze del cártel fue derribado en el aire.
El olor a pólvora se mezclaba con el humo de las bengalas de cobertura, y los vecinos escucharon el estruendo durante más de media hora.
Nueve sicarios fueron abatidos en el enfrentamiento inicial, y el resto, al ver el despliegue federal, optó por rendirse.
Fueron esposados uno a uno en el jardín principal bajo la luz de los reflectores montados en los Black Hawk.
A partir de las 9:30 comenzó la revisión quirúrgica de la mansión.
La propiedad tenía cuatro niveles, incluyendo una piscina infinita y una capilla privada decorada con oro.
Pero lo realmente interesante sucedió en el sótano, donde la primera persona de alto valor capturada fue Rosalinda González Valencia, conocida como “La Tesorera”.
Hermana de Iván Archivaldo, había sido liberada semanas antes por falta de pruebas y fue encontrada en una habitación del segundo piso en pijama, con una laptop abierta mostrando transferencias bancarias activas hacia cuentas en Estados Unidos.
Cuando los agentes entraron, Rosalinda gritó algo que quedó grabado en las bodycams y se filtró en redes: “Todo esto es por el audio de mi sobrino, que nos maldice desde la tumba”.
Fue sacada esposada y llorando, mientras el altar familiar ardía en llamas.
La Tesorera era el cerebro financiero que manejaba las rutas de fentanilo hacia California, y su captura representa un golpe al corazón económico del cártel.
Junto a ella, fueron detenidos 14 sicarios más, de los cuales ocho resultaron heridos durante el enfrentamiento.
Aquí surge un dato que está causando un terremoto en los círculos de inteligencia: dos de los detenidos eran exagentes de la DEA.
Esto confirma sospechas de que el cártel tiene infiltrados en las agencias de seguridad estadounidenses.
Pero lo que se encontró en el sótano es lo que realmente cambia el juego.
Detrás de una pared falsa, los agentes descubrieron 2.1 toneladas de fentanilo puro, listas para exportación.
El valor estimado de ese cargamento supera los 1,470 millones de dólares, escondido en tanques que aparentaban contener agua bendita.
Junto al fentanilo, se decomisaron 180 millones de pesos en efectivo y 420 kg de oro en lingotes, cada uno marcado con el número 04.
El arsenal incluía 89 armas largas, 12 lanzacohetes RPG y cuatro drones equipados con explosivos C4.
Los documentos encontrados son quizás lo más valioso del decomiso, con rutas aéreas detalladas y una lista de 47 nombres de funcionarios públicos que recibían pagos mensuales del cártel.
Un video inédito muestra a Iván Archivaldo dando instrucciones para el atentado contra Harfuch, evidenciando la conexión directa del cártel con el intento de asesinato.
Las implicaciones legales son enormes, y el impacto en la guerra contra el narcotráfico en Jalisco es monumental.
La captura de la Tesorera desarticula la columna financiera del cártel en un momento crítico, justo cuando intentaban reorganizarse tras la muerte de Iván Archivaldo.
Sin flujo financiero estable, mantener operaciones se vuelve difícil.
El decomiso del fentanilo también tiene implicaciones internacionales, ya que Estados Unidos presiona por resultados en la lucha contra esta droga.
Las redes sociales arden con el debate: unos celebran el operativo como una victoria histórica, mientras otros advierten que esto solo escalará la violencia.
El mensaje de Harfuch fue claro: amenazaron su casa, y él respondió golpeando donde más duele.
La pregunta ahora es qué tan lejos está dispuesto a llegar cada bando para tener la última palabra.
La guerra contra el narcotráfico en México está lejos de terminar, y lo que suceda en los próximos días será crítico para el futuro del país.