Un impactante operativo llevado a cabo el 18 de enero de 2026 ha marcado un antes y un después en la lucha contra el narcotráfico en México.
Bajo el mando del secretario de seguridad, Omar García Harfuch, 22 helicópteros Black Hawk oscurecieron el cielo de la Sierra de Sinaloa.
Más de 100 elementos de élite se lanzaron en una misión que resultó devastadora para la estructura criminal de los chapitos.
El resultado fue asombroso: 76 sicarios abatidos, cuatro búnkers calcinados hasta los cimientos y 9.2 toneladas de fentanilo decomisadas.
Las palabras de Harfuch resonaron en el aire: “El chapito ya está en la morgue. Sus búnkers ya son ceniza”.
Por primera vez en 15 años, la sierra respira libre de la opresión del crimen organizado.
Este operativo no es solo un rumor; es el golpe más contundente a la facción de Iván Archivaldo Guzmán.
La inteligencia detrás de esta acción se había estado cocinando durante meses, tras la muerte del narcotraficante.
Las agencias federales interceptaron comunicaciones de un teléfono satelital que reveló las coordenadas de tres búnkers subterráneos.
Estas estructuras eran los últimos refugios de Iván, diseñadas para resistir asedios prolongados.
Harfuch no dudó en convocar a una junta de emergencia con los altos mandos de la Defensa Nacional y la Marina.
El plan era simple pero brutal: un asalto simultáneo a las tres posiciones para evitar que los sicarios pudieran reaccionar.
La operación fue bautizada como “Tormenta Final”, y a las 10:30 de la mañana, el infierno se desató.
Los helicópteros descendieron sobre el primer búnker, ubicado cerca de Badirahuato.
Desde el aire, la estructura parecía inofensiva, pero los drones revelaron la verdad: tres niveles subterráneos reforzados.
Los sicarios abrieron fuego inmediatamente, pero los pilotos no retrocedieron.
Los artilleros respondieron mientras los equipos de asalto descendían por cuerdas rápidas.
El combate fue instantáneo y feroz, con los agentes avanzando metro a metro.
Los sicarios, atrincherados, no cedían terreno fácilmente.

Un elemento de la marina describió el enfrentamiento como “entrar a una licuadora de balas”.
Simultáneamente, otros equipos atacaban el segundo búnker cerca de Cosalá, que contaba con un sistema de túneles camuflados.
Los sicarios intentaron escapar, pero los drones térmicos los detectaron antes de que pudieran alejarse.
No hubo cuartel.
El tercer búnker, el más profundo, estaba custodiado por la unidad de élite Delta Chapito.
Estos hombres, muchos exmilitares, sabían que no había escapatoria y pelearon hasta el último cartucho.
El enfrentamiento total duró 38 minutos.
En ese tiempo, 76 sicarios fueron abatidos y 18 capturados.
Las bajas del lado federal fueron mínimas gracias a la superioridad táctica y al elemento sorpresa.
Cuando el humo comenzó a disiparse, llegó la segunda fase del operativo: el cateo y la destrucción.
Los equipos forenses encontraron 4.8 toneladas de fentanilo puro en el búnker norte, suficiente para matar a millones.
Las cajas estaban etiquetadas con destinos en la frontera norte, listas para cruzar a Estados Unidos.
En el segundo búnker hallaron un arsenal impresionante: 1240 armas largas, incluidos rifles Barret calibre .50.
Este equipamiento representaba un ejército pequeño pero letal.
El tercer búnker guardaba el tesoro financiero del cártel: 180 millones de pesos en efectivo y 42 kg de oro.
Este dinero les permitía sobornar funcionarios y financiar operaciones criminales.
Sin embargo, lo más perturbador fue lo encontrado en los servidores del búnker principal.
Un centro de comunicaciones con equipos de última generación reveló videos de Iván Archivaldo dando órdenes.
Estas grabaciones mostraban su obsesión por controlar su legado incluso después de su muerte.
Un analista de inteligencia explicó que Iván había planificado su propia muerte como una transición de poder.
Quería que su organización funcionara en piloto automático, siguiendo sus instrucciones pregrabadas.
Las grabaciones también contenían nombres, rutas y contactos que las autoridades están utilizando para desmantelar la red de los chapitos.
Cada video es una pieza del rompecabezas que está llevando a más arrestos y decomisos.
Harfuch ha dejado claro que este operativo es solo el comienzo de una ofensiva más amplia.
Se ha ordenado la creación de una fuerza de tarea permanente para localizar y destruir infraestructura criminal en Sinaloa y otros estados.
La guerra contra el narcotráfico no terminará con este operativo, pero algo ha cambiado en el equilibrio de fuerzas.
Los cárteles, que operaban con la certeza de que sus fortalezas eran impenetrables, ahora saben que no hay lugar seguro.
Las comunidades de la sierra han comenzado a hablar, revelando secretos que habían permanecido ocultos por décadas.
Un agricultor resumió el sentimiento de muchos: “Ahora siento que puedo caminar por mi propio rancho sin miedo”.
La lucha contra el narcotráfico en México sigue siendo compleja, pero este operativo ha enviado un mensaje claro: el narco no tendrá paz.
Mientras Harfuch esté al mando, cada búnker y cada laboratorio serán un objetivo.
La historia de la lucha contra el narcotráfico se está escribiendo ahora mismo, y tú eres testigo de ella.
El operativo del 18 de enero será recordado como un día crucial en la batalla contra el crimen organizado en México.
Las llamas que consumieron los búnkers son un símbolo de esperanza para un futuro más seguro.
Esto apenas comienza.