La tumba de Carlo Acutis: un lugar de sanación para una abuela y su nieta

Una abuela evangélica, Ru Esperanza Torres, nunca imaginó que un viaje a Italia con su nieta ciega cambiaría su fe para siempre.

 

 

Durante 42 años, Ru ha sido pastora en Bogotá, Colombia, y ha dedicado su vida a confrontar el catolicismo.

Sin embargo, el 12 de octubre de 2023, su comprensión de la fe y el amor de Dios se vio desafiada de una manera inesperada.

Isabela, su nieta de 9 años, nació con ceguera congénita total.

A pesar de múltiples cirugías, su condición no mejoró.

Isabela desarrolló una obsesión por Carlo Acutis, un joven santo católico que, según ella, podía ayudarla a recuperar la vista.

Ru se sintió horrorizada ante la idea de que su nieta buscara ayuda en la idolatría católica.

A medida que la obsesión de Isabela crecía, Ru se enfrentó a una difícil decisión.

Finalmente, decidió acompañar a Isabela a Asís, pero con la condición de que el viaje sería educativo, no religioso.

El 10 de octubre, abordaron un vuelo hacia Roma, y Isabela estaba llena de esperanza.

Al llegar a Asís, Ru se encontró rodeada de miles de peregrinos, muchos de ellos buscando milagros.

En el santuario de San Rufino, donde reposaba Carlo, Isabela mostró un comportamiento inesperado.

En lugar de decepcionarse, comenzó a hablar con la tumba como si Carlo estuviera presente.

Ru sintió una presencia abrumadora, un amor que nunca había experimentado en sus 42 años de ministerio.

De repente, Carlo Acutis se le apareció a Ru, desafiando todas sus creencias teológicas.

“Los santos son amigos de Jesús”, le dijo Carlo, “no competidores”.

Durante 20 minutos, Carlo abordó las objeciones de Ru con una sabiduría que trascendía las divisiones sectarias.

Le explicó que la obsesión de Isabela no era solo por sanarse, sino para sanar la ceguera espiritual de Ru.

Cuando Carlo tocó los ojos de Isabela, un milagro ocurrió: ella pudo ver por primera vez.

La primera imagen que vio fue el rostro de su abuela, llena de lágrimas.

Ru se dio cuenta de que su comprensión de la fe había sido demasiado limitada.

No solo había sido testigo de un milagro físico, sino de una transformación espiritual profunda.

A su regreso a Colombia, Ru enfrentó el desafío de explicar su experiencia a su congregación.

Decidió ser honesta y contar toda la historia, desde su resistencia inicial hasta el milagro de Isabela.

La reacción fue mixta; algunos se sintieron traicionados, mientras que otros se sintieron liberados.

Con el tiempo, la atmósfera espiritual de su iglesia cambió.

Ya no luchaban contra otros cristianos, sino que trabajaban juntos para acercar el mundo a Jesús.

Hoy, Ru sigue siendo pastora evangélica, pero su enfoque ha cambiado.

Predica sobre el amor de Jesús, reconociendo que su familia espiritual es más amplia de lo que alguna vez imaginó.

Ha creado un nuevo ministerio llamado “Cristianos Unidos a través de Carlo Acutis”, que reúne a familias católicas y protestantes.

Este ministerio ha visto numerosos milagros y ha promovido la unidad en la fe.

Isabela, ahora capaz de ver, no solo recibió un milagro físico, sino que también se convirtió en la maestra espiritual de su abuela.

La historia de Ru y Isabela es un testimonio de que Dios sigue obrando milagros hoy.

Más importante aún, es un recordatorio de que el amor de Cristo trasciende las divisiones humanas.

Al abrir su corazón a la posibilidad de que el amor de Jesús es más grande que las doctrinas, Ru encontró una nueva perspectiva.

Carlo Acutis, desde el cielo, continúa siendo un puente que une a los cristianos de diferentes tradiciones.

Su historia nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras limitaciones pueden obstaculizar la experiencia del amor divino.

La transformación de Ru no solo fue un milagro personal, sino un llamado a la unidad y al amor entre todas las denominaciones cristianas.

Así, su relato inspira a otros a buscar la amplitud del amor de Dios, que no conoce fronteras.

La historia de esta abuela evangélica y su nieta ciega es un poderoso recordatorio de que, en la fe, siempre hay espacio para el asombro y la transformación.

Al final, la verdadera sanidad no solo se encuentra en la vista física, sino en la visión espiritual que une a los creyentes en el amor de Cristo.

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