¡ÚLTIMA HORA! BALACERA EN GUADALAJARA: TIROTEAN LAMBORGHINI DE 8 MILLONES, HARFUCH YA INVESTIGA! 🥚

Última hora en Jalisco.

 

 

Una balacera de más de 10 minutos ha sacudido a Guadalajara.

El tiroteo dejó más de 100 casquillos en la calle y una camioneta de lujo con impactos de alto calibre.

La víctima, un hombre conocido como Alberto, alias El [__], fue asesinado a plena luz del día a bordo de una Lamborghini Urus naranja, valorada en más de 8 millones de pesos.

La escena parecía sacada de una serie de narcos, pero no, esto acaba de ocurrir.

Omar García Harfuch, titular de seguridad nacional, ya fue informado del caso y su respuesta fue contundente: “La violencia no tiene horario, pero nosotros tampoco tenemos límite”.

La colonia Santa Duiges, ubicada entre Guadalajara y Zapopan, despertó con fuego cruzado, helicópteros sobrevolando y una pregunta que no deja de repetirse: ¿quién era realmente el [__]?

No estamos hablando de un criminal conocido ni de un capo fichado por la Interpol.

Estamos hablando de un hombre de perfil bajo, pero rodeado de lujos imposibles.

Su camioneta Urus blindada y, según fuentes extraoficiales, escoltas armados que respondieron al fuego, añaden un aire de misterio a su asesinato.

¿Era un simple bodeguero con vida de narco o una pieza clave dentro de una red de lavado silenciosa?

Los primeros disparos se escucharon sobre Avenida Topo, en una zona residencial donde niños iban camino a la escuela.

Las detonaciones no fueron aisladas.

Testigos reportan al menos tres vehículos involucrados, ráfagas intermitentes y persecuciones breves.

La calle olía a pólvora y miedo.

Una mujer herida gritaba: “¡Hay niños! ¡Ay, niños!”

Mientras los casquillos seguían cayendo al pavimento como gotas de plomo.

La Lamborghini Urus quedó destrozada, junto a dos camionetas RAM llenas de impactos.

El saldo fue de cinco heridos, dos muertos y cero detenidos.

Uno de los cuerpos quedó junto a un puesto de tacos, el otro dentro del Lamborghini.

Casualidad no lo parece, ya que no hay muchas Urus naranjas blindadas paseando por Zapopan.

El nombre del [__] se esparció como pólvora en redes sociales.

En los chats del mercado de abastos ya se dice que él sabía que lo iban a buscar.

Llevaba semanas viendo cosas raras y hace días le habían cambiado los escoltas.

Lo más extraño es que nadie sabe de dónde sacó tanto dinero.

No tenía negocios conocidos fuera del mercado, no aparecía en listas negras y, sin embargo, terminó acribillado como si fuera un objetivo prioritario de un cártel rival.

¿Qué sabía el [__]?

¿A quién traicionó?

¿O simplemente ya no le convenía al grupo para el que trabajaba?

Por ahora, la escena permanece acordonada y el helicóptero que sobrevolaba la zona fue solo el primer aviso.

Esto no fue un asalto, fue una ejecución, y lo que encontraron los peritos en la guantera del Lamborghini podría cambiar por completo el rumbo de esta historia.

¿Qué hacía un supuesto comerciante con una libreta de contactos cifrados y coordenadas en zonas de riesgo?

Se desató una lluvia de fuego entre civiles armados.

Los vecinos aún no entienden qué pasó.

Solo recuerdan un zumbido seco y luego el estruendo.

Ráfagas de AK-47, vidrios volando, gritos ahogados.

Pero el verdadero desconcierto no vino por las balas, vino cuando vieron el auto.

Una Lamborghini Urus naranja blindada con placas del estado de Jalisco estacionada frente al sitio de los hechos.

A bordo, el cuerpo sin vida de un hombre moreno y robusto, de aproximadamente 45 años.

Su nombre: Alberto, alias el [__].

Un hombre que en teoría era un trabajador del mercado de abastos y sin antecedentes penales.

Un hombre con una camioneta de más de 8 millones de pesos.

La pregunta se clavó como un cuchillo entre los testigos: ¿Qué hace un comerciante de jitomate manejando un Lamborghini blindado?

Nadie tiene una respuesta clara, pero todos tienen una teoría.

Para algunos, el [__] era más que un bodeguero; era alguien que ayudaba con temas de facturación.

Un “facturero”, como se les conoce en los círculos del dinero rápido.

Personas que venden facturas falsas para empresas que buscan evadir impuestos o lavar dinero.

Un negocio ilegal, pero cada vez más común y peligroso.

Para otros, el [__] era víctima.

Un blanco fácil para grupos criminales que operan en la zona de abastos, exigiendo cuotas a quien gane bien.

Lo vieron varias veces reunido con hombres vestidos de civil con radios en la cintura.

Se decía que ya había recibido amenazas y que se negaba a pagar más.

Pero también hay quienes aseguran que Alberto ya estaba metido hasta el cuello, que su puesto en el mercado era solo una fachada.

Que desde hace meses servía como operador financiero de un grupo criminal local y que hoy alguien decidió que ya no servía.

Sea como sea, nada encaja.

No hay registros fiscales a su nombre.

No tenía negocios formales más allá del mercado y, sin embargo, en el sitio del ataque quedaron dos camionetas RAM blindadas, además del Lamborghini.

¿Quién protege a un comerciante con tres vehículos de lujo y escoltas armados?

Los vecinos aseguran que nunca lo vieron con guardaespaldas, pero en el lugar de los hechos, uno de los heridos llevaba un chaleco balístico bajo la ropa.

La fiscalía ya revisa su teléfono y lo que encontraron en las notas del celular puede ser solo la punta del iceberg.

Un archivo titulado “clientes 14/12” con números, nombres parciales y montos.

Facturación, extorsión, pagos.

Aún no hay nada confirmado, pero lo que sí está claro es que el [__] vivía una doble vida y esa doble vida, como en muchas otras historias en México, puede tener un precio letal.

¿Quién lo traicionó?

¿O acaso fue él quien cruzó la línea?

La primera ráfaga no fue aislada, fue una señal.

A las 9:23 de la mañana, las cámaras privadas de un local de pinturas captaron el inicio exacto.

Una camioneta RAM blanca aparece en la esquina de la calle Brillante.

Avanza lentamente como si buscara algo.

Segundos después se detiene.

Del otro lado de la avenida Topo aparece una segunda unidad, una yucón negra con los vidrios polarizados.

No intercambian señales, no hacen luces, solo frenan y entonces abren fuego.

La balacera duró más de 10 minutos.

Ráfagas entrecortadas, impactos secos, balas rebotando en el asfalto.

Una granada de fragmentación Cosco, según un testigo, estalló contra la parte trasera de una de las camionetas.

El estruendo sacudió los cristales de tres cuadras a la redonda.

Los autos civiles se orillaban desesperados.

Una mujer gritaba atrapada entre dos coches, un niño lloraba agachado entre dos bancas de concreto y, en el centro de todo, la Lamborghini Urus, naranja, blindada, callada, esperando.

De ella no salió nadie, pero dentro, los atacantes sabían perfectamente quién estaba.

El [__] era su objetivo y vinieron por él con precisión quirúrgica.

Uno de los hombres, vestido con chamarra negra y un radio de largo alcance, descendió de la Yukon.

Llevaba un arma larga, no disparaba al aire, disparaba directo.

En redes sociales, los videos comenzaron a explotar.

Está pasando en Santa Duiges.

Balazos en topacio.

Están matando al del Lamborghini.

Los disparos no eran en ráfaga continua, eran intermitentes, como si marcaran el ritmo de una ejecución controlada.

Bang, pausa.

Bang, cambio de flanco, van.

Uno de los atacantes fue herido, cayó cerca de un camión de basura y ahí, según un testigo, otro hombre lo remató con un solo disparo en la cabeza.

La policía no llegó, al menos no, mientras el fuego seguía.

Y ahí está la parte más inquietante.

Entre el primer disparo y el último pasaron exactamente 11 minutos con 43 segundos y durante ese tiempo ninguna patrulla apareció.

¿Coincidencia o retiro táctico?

¿O alguien dio la orden de no intervenir?

El enfrentamiento terminó de golpe.

Las camionetas aceleraron.

Una tomó bahía hacia el sur, la otra hacia el periférico.

La Lamborghini quedó sola en silencio, con el cuerpo sin vida del [__].

Impactos en el parabrisas, sangre en el asiento, un celular encendido en el piso.

Pero lo que encontraron los peritos junto a ese celular no era cualquier cosa.

Era una carpeta cifrada con coordenadas y nombres.

Alberto, el [__], dicen que trabajaba desde los 16 en el mercado de abastos.

Que empezó cargando costales, que luego puso su propio puesto y que con los años se volvió intocable.

Para algunos, era de los buenos.

Ayudaba a compañeros, prestaba dinero sin interés, pagaba funerales de conocidos.

Pero también hay quienes aseguran que tenía otra cara, la del hombre que negociaba con todos, pero le respondía a unos pocos.

Una mujer del mercado, entre lágrimas, lo dijo así: “Sí, tenía dinero, pero nunca decía de dónde”.

Solo decía: “Mientras no me metan en líos, todo bien”.

Y hoy lo metieron.

Y sí, hoy está muerto en una camioneta evaluada entre 6 y 8 millones de pesos con impactos de bala que solo se ven en ejecuciones profesionales.

¿Quién era realmente Alberto?

¿Un comerciante con suerte?

¿Un facturero al servicio del mejor postor o un operador financiero de bajo perfil para un grupo que ya no lo quería vivo?

Lo único claro es que no cayó por accidente y esa certeza ya detonó las primeras alertas a nivel nacional.

Porque esta vez el mensaje fue directo.

La ejecución ocurrió en plena calle con cámaras grabando en uno de los municipios más vigilados del país.

Y eso, en palabras de Omar García Harfuch, no se puede dejar pasar.

Desde la Ciudad de México, el titular de seguridad nacional activó su protocolo de enlace urgente.

En menos de 30 minutos ya estaba en contacto directo con la Fiscalía de Jalisco.

El secretario de gobierno, Salvador Zamora, y mandos operativos de Zapopan.

Su declaración breve fue rotunda: “No vamos a permitir que las calles de Jalisco sean vitrinas de impunidad”.

Ya tomamos control del caso.

Pero no solo habló, actuó.

Un equipo táctico de su unidad personal fue enviado en el primer vuelo oficial rumbo a Guadalajara.

Analistas forenses, especialistas en inteligencia financiera y un enlace directo con su sala de situación.

La orden es una: rastrear el origen del dinero del [__] y descubrir si esta ejecución fue un ajuste de cuentas o una purga interna.

Porque si lo que se sospecha es cierto, el ataque de esta mañana no fue un crimen local, fue una señal nacional.

Y las coordenadas encontradas en el teléfono de Alberto podrían cambiar por completo el enfoque del operativo.

Una de esas coordenadas apunta a una bodega en Tlajomulco y lo que hay dentro aún no se ha revelado.

Lo que pasó hoy en Santa Duiges no fue un crimen al azar, fue parte de algo más.

Las coordenadas halladas en el celular del [__] ya fueron analizadas por el equipo de inteligencia federal desplegado por Harf.

Y lo que están revelando es escalofriante.

Una red de domicilios fantasma, negocios sin clientes, bodegas que reciben pagos pero nunca entregan productos.

El patrón se repite.

Empresas fachada con nombres genéricos como Grupo Logística del Pacífico, Consultoría y Servicios de Oriente, Soluciones Integrales Áurea, todas registradas en los últimos 3 años.

Todas con declaraciones fiscales que cuadran al milímetro.

Demasiado perfecto, los analistas lo saben.

Cuando una empresa declara mucho, pero produce nada, hay lavado.

Y el [__] podría haber sido el engranaje financiero de un sistema que opera con absoluta normalidad.

Un sistema donde los delincuentes no usan pasamontañas, sino corbatas.

Donde no se dispara una bala, pero se mueve en millones.

Un sistema que se oculta detrás de las plazas más concurridas de Guadalajara y que usa el mercado de abastos como punto de partida y cobertura.

¿Era Alberto un simple facturero o era el intermediario entre una estructura criminal y el mundo empresarial?

La diferencia lo es todo.

Y podría explicar por qué lo ejecutaron con esa violencia.

Porque un facturero molesto se puede amenazar, pero un operador con información se elimina.

El ataque ocurrió justo después de que una investigación federal clasificada comenzara a cruzar nombres de proveedores del gobierno local.

Y entre esos nombres apareció uno que coincide con las iniciales de El [__].

¿Coincidencia otra vez o parte de un tejido que apenas comienza a revelarse?

Porque Harf no busca solo detener sicarios, busca cortar el flujo de impunidad.

Y eso significa levantar piedras donde nadie quiere mirar.

Esta no es una guerra de fuego, es una guerra de papel, de contratos, de sellos, de facturas manchadas de sangre.

Y para eso Harf tiene un equipo distinto, uno que no dispara, uno que rastrea, conecta y expone.

Y fue ese equipo el que esta noche encontró una lista, un documento firmado con iniciales y en él una relación de nombres marcados con una sola palabra: inestables.

¿Qué significa esa palabra?

¿Y por qué el [__] estaba en esa lista tres días antes de su muerte?

El asesinato del [__] no solo rompió una vida, rompió el equilibrio que sostenía a fuego lento a toda una comunidad.

Porque hoy no solo se teme al narco, se teme al silencio, a lo que no se dice, a lo que todos saben pero nadie pronuncia.

Los rumores se multiplican.

Que lo entregaron desde adentro, que alguien en el mercado pasó su ubicación, que el último mensaje que mandó fue a su esposa diciendo: “Si no llego, dile que ya sabía”.

En redes sociales, la indignación se mezcla con teorías.

Unos lo defienden, otros lo condenan.

Todos coinciden en una sola cosa: esta muerte no fue un ajuste de cuentas, fue un mensaje.

Y los mensajes, cuando se escriben con balas, dejan cicatrices colectivas.

Porque esta vez no mataron a un capo, mataron a alguien que iba todos los días al mercado, que se tomaba café con los cargadores y que pagaba en efectivo.

Y esa cercanía duele más.

En el entorno criminal, la ejecución también reventó costuras internas.

Dos grupos locales, según inteligencia estatal, están acusándose entre sí de haber filtrado información.

Hay tensión.

Movimientos de hombres armados en colonias de Zapopan y un aire de traición que flota como pólvora sin encender.

Pero las consecuencias no solo se sienten en el crimen organizado, también en los pasillos de gobierno.

Porque con cada contrato bajo sospecha y con cada factura cruzada, con cada nombre encontrado en las listas, la línea entre la política y el crimen se vuelve más delgada.

Y la gente lo siente, lo comenta en voz baja, en las tienditas, en los taxis, en los chats de WhatsApp.

Si a ese lo mataron, ¿qué le espera al que solo vende mango?

La moral colectiva se erosiona cuando la impunidad camina en carro blindado.

Cuando los muertos no tienen justicia, pero sí antecedentes fiscales.

Cuando un Lamborghini con sangre no sorprende, solo confirma.

La noticia ya cruzó fronteras, no por la sangre, sino por lo que representa.

Porque en este país, un comerciante ejecutado en una Lamborghini ya no sorprende.

Lo que sorprende es que haya registros oficiales a su nombre y que nadie, ni una sola autoridad, haya levantado la ceja hasta que su cuerpo apareció acribillado.

Las imágenes de la balacera se volvieron virales en minutos.

¿Cómo consiguió ese dinero?

¿Por qué tenía escoltas?

¿Quién más está involucrado?

Y en medio de esa ola, el nombre de Harf se volvió tendencia otra vez.

No como político, no como funcionario, sino como símbolo de una institución que, aunque llega tarde, llega.

Sus declaraciones resonaron en el eco digital.

La impunidad ya no tiene escondite y cada factura sin respaldo será tratada como un arma.

Pero el verdadero temblor comenzó cuando se filtró una llamada de voz, una conversación del [__] grabada días antes.

Donde dice: “Ya me están presionando. Si no paso los papeles me van a tumbar, pero si los paso también”.

Ahí estaba su dilema, ahí estaba su sentencia.

El sistema no le dio salida, solo opciones de muerte.

Y ese sistema sigue ahí operando, facturando o escondido entre recibos y licitaciones.

Y tú que estás viendo esto, ¿crees que fue el único?

¿Crees que esa Lamborghini fue la última prueba de una red invisible?

¿O crees, como muchos ya comienzan a sospechar, que hay decenas, tal vez cientos de prietos vivos facturando y marcados para morir?

Porque si una cosa nos enseñó este caso es esta: en México, la muerte ya no llega con pasamontañas, llega con firma, sello y folio fiscal.

Y mientras eso no cambie, la próxima víctima ya tiene nombre.

Solo falta fecha.

Yeah.

Related Posts

Our Privacy policy

https://noticiasdecelebridades.com - © 2026 News