La historia de María Alejandra Contreras Suárez es un relato impactante de venganza y dolor.
Una refugiada venezolana que se convirtió en una figura de controversia tras confesar haber envenenado a cuatro agentes del régimen de Nicolás Maduro.
Su historia comienza en Caracas, donde fue enfermera durante 12 años.
María vivió el horror del régimen cuando su esposo, un activista político, fue ejecutado y su hijo de 16 años desapareció.
En 2019, decidió huir a México, buscando refugio y una nueva vida.
Sin embargo, tres años después, se encontró cara a cara con uno de los hombres que destruyó su familia.
Reconoció a un agente del CEVIN que había participado en la ejecución de su esposo.
Durante 20 meses, María planeó su venganza, utilizando su conocimiento médico para llevar a cabo un plan meticuloso.
Hoy, desde la celda 23 de Santa Marta Catitla, cuenta su historia.
“Soy la venezolana vengadora”, afirma con una mezcla de orgullo y tristeza.
Su viaje desde la esperanza hasta la desesperación es un testimonio de cómo el dolor puede transformar a una persona.
María recuerda su vida en Venezuela antes de la tragedia.
Era parte de una familia de clase media, con un esposo amoroso y un hijo querido.
“Éramos una familia normal”, dice, “hasta que el régimen nos quitó todo”.
La situación en Venezuela se volvió insostenible.
La falta de comida y medicinas afectaba a todos, y las protestas contra Maduro se intensificaron.
Carlos, su esposo, luchaba por la libertad y la justicia, pero su valentía le costó la vida.
El día que el SEVIN llegó a su casa, todo cambió.
“Mi mundo se derrumbó”, recuerda María, con lágrimas en los ojos.
“Escuché a mi hijo gritar por ayuda, pero no pude hacer nada”.
La llamada de Sebastián fue la última vez que escuchó la voz de su familia.
Después de la ejecución de Carlos, se encontró sola y desolada, buscando respuestas en un país que parecía haber olvidado a sus ciudadanos.
Los meses pasaron y la desesperación se apoderó de ella.
“Tenía que hacer algo”, pensó, “no podía dejar que se salieran con la suya”.
Fue entonces cuando decidió que la venganza sería su única salida.
María comenzó a rastrear a los hombres responsables de la muerte de su familia.
Con un papel en la mano que contenía los nombres de los cuatro agentes, se sumergió en un mundo oscuro de venganza.
“Cada uno de ellos debía pagar por lo que hicieron”, juró.
El 25 de enero de 2022, María llevó a cabo su primer ataque.
Envenenó al “gordo”, uno de los agentes, con insulina en su bebida.
“Lo hice parecer una muerte natural”, dice con frialdad.
Cuando el hombre murió, sintió una mezcla de satisfacción y alivio.
“Uno de cuatro”, se repitió, sintiendo que la justicia finalmente había llegado.
A medida que los meses pasaban, María continuó su misión.
Mató al “flaco” y al “chino” en operaciones similares, cada vez más audaces y calculadas.
Con cada victoria, su sed de venganza crecía.
Finalmente, se enfrentó al “capitán”, el líder de los agentes, el hombre que había dado las órdenes de ejecutar a su familia.
El 5 de agosto de 2023, María lo envenenó también.
“Cuatro de cuatro”, pensó mientras el hombre caía.
Pero su alegría fue efímera.
Diez días después, la policía llegó a su trabajo.
“Estás arrestada por cuatro homicidios calificados”, le dijeron.
María no podía creerlo.
“¿Por qué? Solo hice justicia”, respondió.
Su historia se volvió noticia en todos los periódicos.
“Venezolana vengadora asesina a cuatro exagentes del CEVIN”.
La fiscalía no tardó en presentar pruebas en su contra.
Las cámaras de seguridad, las compras de insulina y cloruro de potasio, todo estaba documentado.
María confesó, pero su corazón estaba lleno de rabia.
“No me arrepiento de lo que hice”, dijo ante el juez.
“Ellos mataron a mi esposo y a mi hijo. Merecían morir”.
El juicio fue un espectáculo mediático.
Las cámaras seguían cada movimiento, cada lágrima, cada declaración.
Finalmente, el juez dictó sentencia: 18 años de prisión.
María fue llevada a la prisión de Santa Marta Catitla, donde ahora enfrenta su nueva realidad.
“Mi nombre es María Alejandra Contreras Suárez.
Soy la venezolana vengadora”.
Mientras cumple su condena, reflexiona sobre su vida, sus decisiones y el precio de la venganza.
“¿Valió la pena?”, se pregunta.
“Tal vez, pero ahora debo vivir con las consecuencias”.
La historia de María es un recordatorio de los horrores del régimen de Maduro y de cómo el dolor puede llevar a una persona a cruzar límites inimaginables.
Su búsqueda de justicia la transformó en lo que nunca pensó que sería: una asesina.
Y aunque su venganza fue cumplida, la pregunta persiste: ¿realmente hay justicia en la venganza?
La vida de María Alejandra Contreras Suárez es un testimonio de la lucha entre el dolor y la redención.
Su historia continúa en las sombras de la prisión, donde cada día es una batalla por la supervivencia y la paz interior.
El eco de su pasado la persigue, pero su determinación por sobrevivir y luchar por la verdad nunca se apaga.
La historia de María es un capítulo más en la lucha por la justicia en Venezuela y un recordatorio de que la venganza puede tener un precio devastador.