🔥💣 No lo echaron: Beto Ortiz asegura que dijo no a una oferta millonaria y sacude la TV peruana
La versión oficial acaba de estallar en mil pedazos.
Con un tono firme y sin rodeos, Beto Ortiz salió al frente para desmentir uno de los rumores más insistentes de los últimos meses: no fue despedido de Panamericana Televisión.

Lejos de eso, asegura que fue él quien tomó la decisión de dar un paso al costado y, más aún, que rechazó un contrato millonario que habría cambiado por completo el relato que se instaló en la opinión pública.
Durante semanas, el silencio alimentó especulaciones.
Se habló de tensiones internas, de decisiones editoriales incómodas y de una salida forzada.
El nombre de Beto Ortiz volvió a ocupar titulares, pero esta vez rodeado de dudas.
Ahora, el propio periodista decidió romper su reserva y contar su versión con lujo de detalles, una que contradice frontalmente lo que muchos daban por hecho.

Ortiz fue categórico al afirmar que nadie lo echó.
Según explicó, su salida no respondió a sanciones ni a conflictos irreconciliables, sino a una elección personal.
“No me despidieron”, dejó claro, marcando distancia de una narrativa que, asegura, se construyó sin su consentimiento.
En su relato, hubo conversaciones, propuestas concretas y una oferta económica de gran envergadura que terminó rechazando por razones que van más allá del dinero.
El periodista reveló que Panamericana le ofreció un contrato que calificó como “muy importante” en términos económicos.
Una cifra que, de acuerdo con su testimonio, pocos habrían rechazado.
Sin embargo, Ortiz sostuvo que el monto no compensaba ciertas condiciones que consideraba innegociables.

Aunque evitó detallar cláusulas específicas, dejó entrever que existían límites editoriales y profesionales que no estaba dispuesto a cruzar.
Sus declaraciones no solo desmienten un despido, sino que reconfiguran el conflicto.
Beto planteó que, en la televisión actual, aceptar grandes contratos suele implicar concesiones silenciosas.
“No todo se trata de plata”, señaló, apuntando a la independencia como un valor que, según él, prefirió preservar incluso a costa de su permanencia en pantalla.
El impacto de esta revelación fue inmediato.
En redes sociales, el debate se encendió.
Algunos celebran su postura y lo ven como un gesto de coherencia profesional; otros cuestionan el momento elegido para hablar y se preguntan por qué dejó que el rumor creciera durante tanto tiempo.
Ortiz respondió a esa inquietud con una frase contundente: “A veces el silencio también es una decisión”.
El periodista también se refirió al desgaste que implica estar permanentemente bajo el escrutinio público.
Reconoció que no es la primera vez que enfrenta controversias ni versiones malintencionadas, pero admitió que esta vez le molestó especialmente que se pusiera en duda su autonomía.
“No soy un empleado al que sacan por la puerta de atrás”, dijo, subrayando su trayectoria y el peso de su nombre en la televisión peruana.
Desde Panamericana, el silencio ha sido casi absoluto.
No hubo comunicados extensos ni desmentidos formales tras las palabras de Ortiz, lo que ha alimentado aún más la discusión.
Para muchos, esa ausencia de respuesta refuerza la versión del periodista; para otros, es simplemente una estrategia para no avivar la polémica.
Lo cierto es que el canal vuelve a estar en el centro de una controversia mediática que no parece disiparse pronto.
Beto Ortiz aprovechó el momento para reflexionar sobre el estado actual de la televisión.
Habló de presiones comerciales, de líneas editoriales cada vez más rígidas y de un medio que, según él, castiga la incomodidad.
Sin victimizarse, dejó claro que no está dispuesto a sacrificar su estilo ni su voz por estabilidad económica.
“Prefiero no estar antes que estar a medias”, sentenció.
También descartó estar retirado o fuera de juego.
Aseguró que sigue recibiendo propuestas y que evalúa nuevos proyectos, aunque sin prisa.
“No me corre nadie”, afirmó, dejando ver que su salida de Panamericana no significa un final, sino una pausa estratégica.
Esa declaración fue interpretada por muchos como una advertencia: Beto Ortiz aún tiene cartas por jugar.
El rechazo del contrato millonario se convirtió rápidamente en el punto más comentado de su testimonio.
Para algunos, es una muestra de convicción; para otros, una jugada calculada para reposicionarse.
Ortiz no pareció preocupado por esas lecturas.
“Cada quien cree lo que quiere”, dijo, reafirmando que su decisión fue personal y meditada.
En un medio donde las versiones suelen imponerse antes que los hechos, la voz de Beto Ortiz irrumpe para reclamar control sobre su propia historia.
Niega haber sido despedido, confirma que dijo no a una oferta millonaria y deja claro que su salida no fue una derrota, sino una elección.
El escándalo, lejos de cerrarse, entra ahora en una nueva etapa.
Por ahora, el periodista se mantiene firme en su postura, consciente de que su relato incomoda y divide.
Pero si algo ha demostrado a lo largo de su carrera es que no rehúye la controversia.
Esta vez, la historia no gira en torno a un ampay ni a un entrevistado explosivo, sino a él mismo, desafiando la versión oficial y recordando que, en televisión, la verdad rara vez es tan simple como parece.