Desapareció en diciembre y apareció como NN: la historia más dolorosa del mes
Durante más de un mes, una familia vivió atrapada entre la esperanza y la desesperación.
Cada día comenzaba con una pregunta sin respuesta y terminaba con la misma incertidumbre.

Michel Asto Delgado, desaparecido desde diciembre, era buscado incansablemente por sus seres queridos sin imaginar que, mientras recorrían hospitales, comisarías y barrios de Lima, su cuerpo ya se encontraba en la morgue central, registrado como NN, es decir, no identificado.
La noticia se confirmó hoy y cayó como un golpe imposible de describir.
Michel había sido hallado sin vida en enero, en un cuarto ubicado en el distrito de Los Olivos.
Sin embargo, su identidad no fue verificada en ese momento, lo que provocó que su familia continuara buscándolo durante semanas, aferrándose a cualquier señal, cualquier llamada o cualquier pista que pudiera devolverles la tranquilidad.
La desaparición de Michel había encendido las alarmas desde el primer momento.
Sus familiares denunciaron su ausencia y comenzaron una búsqueda desesperada.

Publicaron fotos, difundieron mensajes en redes sociales y tocaron puertas de distintas instituciones.
Cada día sin noticias aumentaba la angustia, pero también la esperanza de encontrarlo con vida.
Nunca imaginaron que el desenlace ya estaba escrito, oculto tras un número y un registro sin nombre.
El momento en que la familia fue informada de la identificación del cuerpo fue devastador.
El dolor se mezcló con una sensación de incredulidad y, paradójicamente, con una calma amarga.
Según comentaron, saber finalmente qué ocurrió con Michel les permitió cerrar un ciclo de incertidumbre que se había vuelto insoportable.
La espera, la duda constante y la ausencia de respuestas habían sido una tortura silenciosa.
Este caso ha generado una profunda conmoción en la opinión pública.
En redes sociales, cientos de usuarios expresaron su indignación y tristeza al conocer que una persona pudo permanecer tanto tiempo en la morgue sin ser identificada, mientras su familia lo buscaba incansablemente.
El término “NN” volvió a ser tema de debate, reabriendo cuestionamientos sobre los protocolos de identificación y comunicación en casos de fallecidos sin documentos.
La historia de Michel no es solo un drama familiar, sino también un reflejo de una realidad que muchos prefieren no ver.
Cada año, decenas de personas permanecen sin identificar durante semanas o incluso meses, mientras sus familias viven una búsqueda desgarradora.
En este caso, la cercanía temporal entre la desaparición y el hallazgo del cuerpo hace que el impacto sea aún mayor.
El hecho de que Michel fuera encontrado en enero, apenas semanas después de su desaparición, ha intensificado las preguntas.
¿Qué falló en el proceso? ¿Por qué no se logró confirmar su identidad antes? ¿Cuántas familias más podrían estar atravesando una situación similar sin saberlo? Estas interrogantes se multiplican a medida que el caso se difunde y genera reacciones.
Para sus seres queridos, el dolor ahora tiene nombre y rostro.

Ya no es la incertidumbre de no saber dónde está, sino la certeza de una pérdida definitiva.
Aun así, la familia ha señalado que conocer la verdad, por dura que sea, les ha permitido comenzar un proceso de duelo que estaba suspendido por la esperanza.
El caso también ha puesto en evidencia la fragilidad de los sistemas de registro y la importancia de una comunicación efectiva entre las autoridades y las familias de personas desaparecidas.
La identificación tardía no solo retrasa procesos legales, sino que prolonga innecesariamente el sufrimiento emocional de quienes esperan respuestas.
Mientras Lima asimila esta noticia, la historia de Michel Asto Delgado se convierte en un símbolo del dolor silencioso de muchas familias.
Un recordatorio de que detrás de cada nombre registrado como NN hay una historia, una vida y personas que esperan, buscan y sufren en silencio.
Hoy, aunque el desenlace sea trágico, la familia de Michel puede finalmente despedirse.
La calma que mencionan no es alivio, sino el fin de una espera que nunca debió prolongarse tanto.
Su historia deja una herida abierta en la ciudad y una pregunta que resuena con fuerza: ¿cuántos más siguen esperando ser identificados mientras alguien, en algún lugar, aún los busca?