Explosiva confesión de Darinka Ramírez: su nuevo novio vive con ella y la polémica con Farfán estalla
Darinka Ramírez volvió a sacudir las redes sociales y el mundo del espectáculo peruano con una confesión que nadie esperaba escuchar tan abiertamente.

Sin rodeos, sin matices y con un tono que muchos calificaron como provocador, la influencer admitió públicamente que vive con su actual novio en el departamento que paga Jefferson Farfán para su hija.
Una frase bastó para encender la indignación, la curiosidad y un debate feroz que, hasta hoy, sigue creciendo sin control.
La declaración surgió en medio de una avalancha de preguntas de seguidores que cuestionaban su vida sentimental, su embarazo y su situación económica.
Lejos de esquivar el tema, Darinka Ramírez decidió responder con franqueza absoluta.
Lo que parecía una aclaración terminó convirtiéndose en una bomba mediática.
Para muchos, sus palabras no solo confirmaron lo que ya se sospechaba, sino que además dejaron mal parado al exfutbolista más mediático del país.

Darinka, actualmente embarazada por segunda vez, aseguró que su actual pareja vive con ella y que no es, como algunos insinuaban, un “mantenido”.
Al contrario, afirmó que él asume gastos importantes del hogar, colabora económicamente y, según sus propias palabras, incluso se hace cargo de una niña que no es suya.
Esa afirmación fue interpretada por miles de usuarios como una comparación directa —y devastadora— con Jefferson Farfán, el padre de su primera hija.
Las redes no tardaron en reaccionar.
Comentarios encendidos, acusaciones cruzadas y posturas extremas comenzaron a multiplicarse.
Para un sector del público, Darinka cruzó una línea al exponer una situación privada que involucra directamente a su hija y a Farfán.
Para otros, simplemente dijo lo que vive, sin maquillaje ni hipocresía, defendiendo su derecho a rehacer su vida y a ser feliz.

El punto más polémico llegó cuando Ramírez dejó claro que su prioridad absoluta es su hija y que no está pidiendo privilegios, sino una pensión justa.
Según explicó, solo exige que su hija reciba el mismo trato económico que los otros hijos de Jefferson Farfán.
Esa frase, aparentemente razonable, fue suficiente para reavivar viejos cuestionamientos sobre la relación del exjugador con sus hijos y su rol como padre.
Muchos usuarios interpretaron sus palabras como una indirecta directa y calculada.
En redes comenzaron a circular mensajes afirmando que el nuevo novio estaría cumpliendo un rol más presente, más constante y más comprometido que el propio Farfán.
La comparación fue inevitable y profundamente divisiva.
Mientras algunos aplaudieron la figura del nuevo galán, otros defendieron al exfutbolista, recordando que cumplir económicamente no siempre se traduce en exposición pública.
Darinka, sin embargo, se mostró firme.
Negó estar atacando o desmereciendo a Jefferson Farfán y sostuvo que solo estaba respondiendo a críticas injustas.
“Yo no vivo del aire”, habría dejado entrever, cansada de ser señalada como oportunista o interesada.
Su discurso fue leído por muchos como una mezcla de defensa personal, cansancio emocional y una clara necesidad de marcar límites.
El contexto no ayudó a calmar las aguas.
Su segundo embarazo, rodeado de rumores sobre la identidad del padre, intensificó la atención mediática.
Cada palabra, cada gesto y cada respuesta fue analizada con lupa.
Para algunos, Darinka se expuso innecesariamente; para otros, simplemente se cansó de callar y decidió contar su verdad, cueste lo que cueste.

Hasta el momento, Jefferson Farfán no ha emitido una respuesta directa a las declaraciones.
Su silencio ha sido interpretado de múltiples formas: estrategia legal, indiferencia o una decisión consciente de no alimentar la polémica.
Sin embargo, ese mutismo solo ha avivado más la conversación, dejando que las especulaciones sigan creciendo sin freno.
El caso de Darinka Ramírez se convirtió así en mucho más que un chisme de farándula.
Tocó fibras sensibles: la maternidad, la manutención, la figura paterna, el rol de las nuevas parejas y la exposición de la vida privada en redes sociales.
Cada usuario parece haber tomado partido, y la discusión ya no gira solo en torno al departamento, sino a quién sostiene realmente el hogar, emocional y económicamente.
En medio del escándalo, Darinka insiste en que no busca conflicto.
Asegura que su única lucha es por el bienestar de su hija y por vivir su embarazo en paz.
Sin embargo, sus palabras ya dejaron huella.
Porque cuando una figura pública habla sin filtros, la verdad —o su versión— puede convertirse en un arma poderosa.
Hoy, la pregunta sigue flotando en el aire: ¿se trató de una confesión honesta o de una comparación que no debió hacerse pública? Lo cierto es que Darinka Ramírez volvió a poner su vida en el centro del debate nacional y abrió un nuevo capítulo en su historia con Jefferson Farfán, uno que promete seguir dando de qué hablar.