😮 Entre señalamientos y defensa pública: el pronunciamiento de Sergio Galliani que genera debate
El mundo del teatro se ha visto envuelto en una controversia que ha despertado intensas reacciones dentro y fuera del ámbito artístico.

El actor y director Sergio Galliani decidió pronunciarse públicamente luego de que surgieran acusaciones de presunto maltrato hacia actrices de tercera edad durante una temporada de la obra Monólogos de la Vagina en el teatro Marzano.
Las declaraciones iniciales que encendieron el debate provinieron de la actriz Sonia Oquendo, y desde entonces el tema no ha dejado de generar comentarios, opiniones divididas y una fuerte atención mediática.
Frente a la magnitud que tomó la situación, Galliani difundió un video en sus redes sociales en el que expresó su profunda molestia y tristeza por los señalamientos.

Visiblemente afectado, negó de manera categórica haber ejercido cualquier tipo de violencia física, psicológica o verbal hacia las actrices del elenco.
Su mensaje se centró en defender su trayectoria profesional y en marcar una línea clara entre lo que considera exigencia artística y lo que se define como maltrato.
El director teatral sostuvo que en el trabajo escénico la disciplina, la corrección y la búsqueda de excelencia forman parte natural del proceso creativo.
Según su versión, su rol siempre ha estado enfocado en obtener el mejor desempeño de cada intérprete, algo que, afirma, no debe confundirse con abuso.
Sus palabras apuntaron a que se estaría generando una interpretación que, desde su punto de vista, no refleja lo que realmente ocurrió durante la temporada teatral.
Uno de los puntos más sensibles de la polémica es que las acusaciones involucran a actrices de tercera edad, lo que ha generado una reacción emocional más intensa en la opinión pública.

Galliani se refirió directamente a este aspecto, subrayando que mantiene un profundo respeto hacia las artistas mayores y rechazando el uso del término “maltrato”, al que calificó como grave y, según su postura, injustamente aplicado a su forma de trabajo.
También recordó que la obra concluyó sin que, según indicó, se presentaran conflictos formales ante la producción o el teatro.
En su descargo, mencionó que otras personas vinculadas al montaje podrían dar testimonio de que no se registraron situaciones de abuso.
Estas afirmaciones forman parte de su defensa pública frente a una controversia que, por ahora, se desarrolla principalmente en el terreno mediático.
El caso pone sobre la mesa un debate recurrente en el mundo artístico: los límites entre la exigencia profesional y el trato personal.
El teatro, como espacio creativo, suele estar marcado por emociones intensas, presión por los resultados y dinámicas de trabajo donde las correcciones son constantes.
Sin embargo, en tiempos donde la sensibilidad hacia posibles situaciones de maltrato ha crecido, cada experiencia es observada con mayor atención y desde perspectivas más diversas.
Otro momento que generó fuerte impacto en su mensaje fue cuando Galliani mencionó a la fallecida actriz Camucha Negrete.
Con evidente carga emocional, defendió su memoria y cuestionó que su nombre sea incluido dentro de la controversia pública.
Para él, ese punto cruzó un límite especialmente delicado, lo que reforzó su pedido de prudencia al momento de abordar el tema en medios y redes sociales.
Mientras tanto, el público ha reaccionado de forma dividida.
Hay quienes respaldan la importancia de escuchar a quienes denuncian experiencias negativas dentro de espacios laborales, recordando que el respeto debe ser prioridad en cualquier ámbito.
Otros, en cambio, señalan que también es fundamental considerar la versión de la persona señalada y evitar conclusiones definitivas sin procesos formales que esclarezcan los hechos.
La rapidez con la que se difunden las declaraciones en redes sociales ha convertido el caso en una conversación nacional, donde cada fragmento de video, cada frase y cada interpretación se amplifican en cuestión de minutos.
En ese escenario, la imagen pública de los involucrados se ve sometida a un escrutinio constante, muchas veces antes de que existan instancias oficiales que investiguen o aclaren lo ocurrido.
Galliani cerró su mensaje señalando que continuará enfocado en su trabajo artístico y reiterando que, según su versión, no hay nada cierto en las acusaciones que circulan.
También pidió que se evite sacar conclusiones apresuradas y que se respete el proceso de cada persona involucrada.
Su pronunciamiento no apagó la polémica, pero sí marcó un nuevo capítulo en una historia que aún se encuentra en desarrollo.
Este episodio refleja cómo las dinámicas internas de un montaje teatral pueden trascender el escenario y convertirse en tema de debate público.
Más allá de las versiones enfrentadas, la situación invita a reflexionar sobre el equilibrio entre autoridad artística, respeto personal y la necesidad de canales claros para expresar y resolver conflictos dentro de los espacios culturales.
Por ahora, la conversación sigue abierta.
Entre acusaciones, defensas y llamados a la prudencia, el caso de Sergio Galliani muestra cómo, en el mundo del espectáculo, los límites entre lo profesional y lo personal pueden convertirse en el centro de una tormenta mediática.