Confesión, dudas y furia: el testimonio de Juelix que dividió a las redes y enfureció a Magaly
Durante años, su imagen pública estuvo rodeada de excesos, polémicas y un pasado que muchos creían imposible de dejar atrás.

Sin embargo, nadie estaba preparado para la confesión que Juelix soltó frente a cámaras y redes sociales, una revelación que no solo sorprendió a sus seguidores, sino que encendió una nueva guerra mediática con una de las figuras más temidas de la televisión peruana.
La influencer confesó que lleva diez años completamente alejada del alcohol, una batalla silenciosa que, según sus propias palabras, decidió enfrentar lejos del ruido, los reflectores y los juicios ajenos.
La declaración, lejos de ser recibida con respeto o empatía, provocó una reacción en cadena.
En cuestión de horas, las redes se llenaron de comentarios divididos entre quienes aplaudían su fuerza de voluntad y quienes dudaban abiertamente de su versión.
Pero fue una usuaria en particular la que encendió la mecha.

Un mensaje sarcástico, cuestionando la veracidad del testimonio y recordando episodios del pasado, bastó para que el tema escalara a niveles inesperados.
El comentario no pasó desapercibido.
Y mucho menos para Magaly Medina, quien, fiel a su estilo frontal y sin filtros, reaccionó con una furia que rápidamente se volvió viral.
Desde su tribuna mediática, la conductora arremetió contra la usuaria, calificando el cuestionamiento como cruel, ignorante y carente de humanidad.
“La gente habla sin saber lo que significa luchar contra una adicción”, sentenció con evidente molestia, mientras las cámaras captaban uno de sus discursos más encendidos de los últimos meses.
Lo que parecía una simple confesión personal se transformó en un enfrentamiento público que volvió a colocar el tema de las adicciones en el centro del debate.
Juelix, visiblemente afectada, decidió romper el silencio y profundizar en su historia.
Contó que su decisión de dejar el alcohol no fue repentina ni sencilla, sino el resultado de años de caídas, recaídas emocionales y momentos en los que sintió que perdía el control de su propia vida.
“No fue por una moda ni por imagen.
Fue por supervivencia”, confesó.
Según relató, durante mucho tiempo prefirió guardar silencio para evitar ser señalada, ridiculizada o usada como blanco de ataques.
“En este país, confesar una debilidad es darle un arma a tus enemigos”, dijo.
Y no se equivocaba.
La reacción de las redes confirmó que, incluso una década después, su pasado sigue siendo utilizado para poner en duda su palabra.
Magaly, por su parte, no bajó el tono.
En un segundo pronunciamiento, fue aún más directa.
Defendió la importancia de visibilizar los procesos de recuperación y criticó duramente la ligereza con la que algunos usuarios opinan sobre temas que, según ella, pueden costar vidas.
“No es un juego.
No es chisme.
Es salud mental”, afirmó, mientras advertía que la sociedad sigue castigando a quien intenta cambiar.
La confrontación generó una ola de reacciones.
Psicólogos, comunicadores y figuras públicas salieron a opinar, algunos respaldando a Juelix y otros cuestionando el rol de Magaly como juez moral del espectáculo.
Pero lo cierto es que el episodio dejó al descubierto una herida colectiva: la facilidad con la que se desacredita el esfuerzo ajeno y la rapidez con la que se convierte una confesión íntima en espectáculo.
Mientras tanto, Juelix intentó bajar la tensión.
Agradeció los mensajes de apoyo y aclaró que su testimonio no buscaba aplausos ni victimización.
“Solo quería decir que sí se puede salir, aunque nadie te crea”, escribió en una historia que fue compartida miles de veces.
Sin embargo, también admitió que no esperaba el nivel de agresividad que se desató tras sus palabras.
El enfrentamiento con Magaly, aunque indirecto, marcó un punto de quiebre.
Para muchos, la conductora actuó como una voz de defensa frente al linchamiento digital.
Para otros, exageró su reacción y avivó innecesariamente la polémica.
Pero en el mundo del espectáculo, el silencio rara vez gana.
Y esta historia demostró que, incluso una década después de haber dejado atrás una adicción, el pasado sigue persiguiendo a quien se atreve a hablar.
Hoy, la confesión de Juelix ya no es solo una historia personal.
Se ha convertido en un símbolo incómodo de una sociedad que exige cambios, pero castiga a quien los anuncia.
Y en medio del ruido, queda una pregunta flotando en el aire: ¿realmente estamos preparados para creerle a alguien que dice haber cambiado, o preferimos seguir recordándole quién fue?