🔥 Dolor de padre: Moisés Vega revela el conflicto que le impide ver a sus hijas
La revelación cayó como un balde de agua fría y nadie estaba preparado para escucharla de esa manera.
Con la voz visiblemente afectada y sin rodeos, Moisés Vega confesó públicamente que atraviesa uno de los momentos más dolorosos de su vida: aseguró que Flavia Gómez no le permite ver a sus hijas.

No fue una frase lanzada al pasar, fue una declaración cargada de impotencia, tristeza y una frustración que llevaba tiempo acumulándose en silencio.
Según su testimonio, la situación no es reciente.
Moisés relató que desde hace meses intenta mantener contacto con las menores, pero se encuentra con negativas constantes, silencios prolongados y condiciones que, según él, le resultan imposibles de aceptar.
Contó que llegó a un punto límite, donde callar empezó a doler más que hablar, y por eso decidió hacerlo público, aun sabiendo las consecuencias.
El cantante explicó que tomó esta decisión porque siente que su rol como padre está siendo borrado poco a poco.
Dijo que no se trata de un conflicto de pareja ni de resentimientos personales, sino de un vínculo que considera sagrado.
“Son mis hijas”, expresó con la voz quebrada, dejando claro que el dolor no tiene que ver con él, sino con lo que viven las niñas al crecer sin la presencia activa de su padre.
Sus palabras rápidamente generaron un impacto enorme.

En redes sociales, miles de usuarios reaccionaron con mensajes de apoyo, mientras otros exigían escuchar la versión de Flavia Gómez.
El debate se encendió casi de inmediato, porque el tema toca una fibra extremadamente sensible: el derecho de los hijos a compartir tiempo con ambos padres.
Moisés aseguró que ha intentado manejar la situación de forma privada.
Dijo que buscó diálogo, acuerdos y soluciones lejos del escándalo mediático, pero que todo fue inútil.
Según su relato, cada intento terminó en un portazo emocional.
“No me dejan ni saber cómo están”, afirmó, visiblemente afectado, señalando que incluso fechas importantes han pasado sin poder verlas.
El momento más duro de su declaración llegó cuando confesó que sus hijas le preguntan por qué no puede estar con ellas.
Dijo que no sabe qué responder sin lastimarlas, sin hablar mal de su madre y sin cargarles un conflicto que no les corresponde.
Ese dilema, aseguró, lo persigue todos los días y le quita el sueño.
Hasta el momento, Flavia Gómez no ha dado una respuesta pública directa a estas acusaciones.

Su silencio ha sido interpretado de distintas maneras: algunos lo ven como prudencia, otros como una forma de evitar alimentar la polémica.
Sin embargo, esa ausencia de respuesta solo ha intensificado las especulaciones y el escrutinio mediático.
Especialistas en temas familiares han señalado que este tipo de conflictos suelen ser mucho más complejos de lo que aparentan desde afuera.
Recordaron que existen procesos legales, acuerdos previos y circunstancias que no siempre se conocen públicamente.
Aun así, coincidieron en que cuando uno de los padres denuncia públicamente la imposibilidad de ver a sus hijos, el impacto emocional es profundo y real.
Moisés dejó claro que no busca victimizarse ni atacar a la madre de sus hijas.
Insistió en que su único objetivo es poder estar presente, acompañarlas, verlas crecer y cumplir con su rol.
Aseguró que está dispuesto a cumplir cualquier condición razonable con tal de no perder el vínculo.
“No quiero ganar una pelea, quiero recuperar a mis hijas”, expresó en uno de los momentos más tensos.
La declaración cerró con una frase que dejó a muchos en silencio.
Moisés dijo que el escenario más grande que ha pisado no se compara con el vacío que siente al no poder abrazar a sus hijas.
Una comparación que reflejó con crudeza que, detrás del artista, hay un padre roto que solo pide ser escuchado.
El caso sigue abierto, no solo en el plano mediático, sino también en el corazón de una opinión pública dividida.
Mientras algunos exigen justicia y diálogo, otros piden cautela y respeto por la privacidad de las menores.
Lo cierto es que la revelación de Moisés Vega volvió a poner sobre la mesa una realidad incómoda: cuando los conflictos de adultos se vuelven públicos, los más afectados casi siempre son los hijos.