La salida de Leire no fue improvisada ni repentina. Detrás hubo meses de conversaciones internas, una propuesta que no prosperó y un comunicado unilateral que lo cambió todo

Durante meses, la versión oficial sobre la salida de Leire Martínez de La Oreja de Van Gogh se sostuvo sobre un relato escueto, medido y aparentemente consensuado.
Un comunicado breve, un tono neutro y la idea de un cierre natural de etapa.
Sin embargo, con el paso del tiempo ha quedado claro que la decisión no fue improvisada ni repentina, sino el desenlace de un proceso interno complejo, prolongado y marcado por un momento clave: el regreso de Amaia Montero al foco público.
El punto de inflexión se produjo el 22 de junio, cuando Amaia Montero apareció por sorpresa en el escenario del Santiago Bernabéu durante el concierto de Karol G para interpretar “Rosas”.
La escena, cargada de simbolismo y nostalgia, se viralizó de inmediato.
Para el público fue un reencuentro emocional con una voz que marcó a toda una generación; para La Oreja de Van Gogh, fue algo más: la constatación de que el regreso de su vocalista original ya no era una hipótesis lejana, sino una posibilidad real.

A partir de ese momento, los miembros fundadores del grupo —Xabier San Martín, Álvaro Fuertes, Haritz Garde y Pablo Benegas— comenzaron a valorar internamente una serie de conciertos puntuales con motivo del 30 aniversario de la banda.
La idea tenía un enorme atractivo comercial y simbólico, pero también planteaba una dificultad evidente: el grupo llevaba 17 años con una vocalista consolidada, Leire Martínez, cuya etapa había sido larga, exitosa y creativamente relevante.
Cuando Leire tuvo conocimiento de esos planes, su reacción fue distinta a la que muchos podrían haber esperado.
Lejos de oponerse frontalmente o de bloquear la propuesta, planteó una alternativa conciliadora que buscaba unir pasado y presente del grupo.
La cantante propuso compartir escenario con Amaia Montero y cantar juntas, una fórmula que habría permitido celebrar la historia de la banda sin excluir ninguna de sus etapas.
Sin embargo, la respuesta fue clara y contundente: Amaia Montero rechazó cantar a dúo.
Según la información que ha trascendido posteriormente, la negativa fue rotunda.
Amaia no aceptó la convivencia artística y el grupo respaldó su postura.
A partir de ese momento, la opción de una solución integradora desapareció por completo.
El proyecto del aniversario pasó a diseñarse sin Leire y la situación interna cambió de forma irreversible.
El desenlace llegó semanas después, el 14 de octubre de 2024, cuando La Oreja de Van Gogh anunció en redes sociales la salida de su vocalista.
El comunicado fue unilateral, no llevaba la firma de Leire y, según se ha sabido después, ella no fue informada previamente del texto ni de su publicación.
La ruptura se materializó sin una imagen conjunta, sin despedida pública compartida y sin un relato común que cerrara una etapa de casi dos décadas.
La salida de Leire no fue la única grieta que dejó al descubierto este proceso.
Pablo Benegas, guitarrista y miembro fundador de la banda, también decidió apartarse de esta nueva etapa.
De forma oficial, se habló de una pausa para centrarse en su familia y en otros proyectos personales.
Sin embargo, el trasfondo fue más complejo.
Benegas, históricamente uno de los apoyos más firmes de Amaia Montero, expresó dudas sobre si la cantante estaba preparada para afrontar una gira de gran exigencia.
Su postura no fue compartida por el resto del grupo y optó por dar un paso atrás.
Ese paso tuvo consecuencias más profundas de lo que inicialmente se comunicó.
En diciembre se constituyó una nueva sociedad para gestionar la gira del regreso de Amaia Montero, una estructura empresarial en la que ya no figura Pablo Benegas.
Un detalle que marca, de facto, una desvinculación mucho más clara de lo que sugería la idea de una simple pausa temporal.

Mientras tanto, la banda ha seguido adelante con el nuevo proyecto.
El regreso de Amaia Montero se ha materializado con un nuevo single, una gira con varias fechas agotadas y una exposición mediática constante.
Al mismo tiempo, el debate sobre su estado vocal ha vuelto a ocupar espacio en redes y medios, con análisis minuciosos de cada actuación y ensayos seguidos al detalle por los seguidores del grupo.
Leire Martínez, por su parte, ha optado por un camino distinto.
Tras su salida, inició su carrera en solitario con cifras sólidas y una propuesta centrada en la composición y en una mayor libertad creativa.
En declaraciones posteriores, la cantante ha dejado entrever que esa libertad no siempre fue posible durante su etapa en la banda, aunque ha evitado alimentar la polémica con reproches directos.
Así, lo que durante meses se presentó como una transición natural se revela ahora como una ruptura marcada por decisiones firmes, negativas irreversibles y silencios estratégicos.
La historia de La Oreja de Van Gogh entra en una nueva fase, con Amaia Montero de nuevo al frente, mientras la etapa de Leire Martínez queda cerrada sin el reconocimiento compartido que muchos seguidores esperaban.
Una historia de regresos, despedidas y tensiones internas que explica por qué nada de lo ocurrido fue fruto del azar ni de un impulso de última hora.