Ángel Fernández Franco, conocido como El Torete, pasó de una infancia marcada por la marginalidad y la delincuencia a convertirse en un icono del cine quinqui con Perros Callejeros, sin llegar a beneficiarse de su propio éxito.

La vida de Ángel Fernández Franco, conocido como “El Torete”, es un relato impactante que refleja la lucha de un joven que, a pesar de las adversidades, se convirtió en un ícono del cine quinqui español.
Nacido en 1960 en Nerja, Málaga, y criado en el barrio de La Mina, en Barcelona, su infancia estuvo marcada por la marginalidad y la delincuencia.
Desde temprana edad, Ángel aprendió que el mundo no era un lugar amable; a los doce años, recibió su primer disparo de la Guardia Civil, un evento que marcaría el inicio de una vida llena de desafíos.
“El mundo no es un lugar amable para los de mi clase”, solía decir Ángel, mientras recordaba sus días de juventud.
A pesar de tener talento para el fútbol y la música, pronto se dio cuenta de que estas habilidades no le proporcionarían la vida que deseaba.
La necesidad lo llevó a convertirse en un ladrón de coches, un juego de adrenalina que, para él, era más que un crimen: era una forma de vida.
La vida de El Torete cambió drásticamente cuando conoció a José Antonio de la Loma, un director de cine que vio en él una oportunidad dorada.
“Tú eres el chico que necesitamos”, le dijo De la Loma, convencido de que Ángel podía interpretar el papel de un joven delincuente en su próxima película.
Así nació el personaje que lo catapultaría a la fama: el protagonista de “Perros Callejeros”, lanzada en 1977.
La película no solo fue un éxito de taquilla, sino que también capturó la atención del público al retratar la vida real de los jóvenes en los barrios marginales.

“Era como mirarse en un espejo”, recordaba Ángel sobre la experiencia de actuar en la película.
Con su carisma y autenticidad, rápidamente se convirtió en un ídolo juvenil, pero la fama trajo consigo una dura realidad.
A pesar de su éxito, El Torete no vio un céntimo de las ganancias generadas por la película.
Su contrato, diseñado por De la Loma, lo mantenía atado a condiciones draconianas que no le permitían beneficiarse de su propia popularidad.
Mientras tanto, su vida personal se desmoronaba.
A pesar de casarse con Soledad García “La Sole” y tener un hijo, la heroína se convirtió en su peor enemigo.
“Quería cambiar, quería ser un buen padre, pero la droga me atrapó”, confesó en una de sus últimas entrevistas.
La adicción lo llevó a ser encarcelado más de 100 veces, y cada vez que intentaba escapar de su destino, la sombra de la prisión lo alcanzaba.
El Torete intentó rehacer su vida, trabajando en una cafetería de la prisión y buscando un camino lejos de la delincuencia.
Sin embargo, el destino tenía otros planes.
La heroína arrasó con su mundo, y su salud se deterioró rápidamente.
“No sabía cómo salir de esta espiral”, decía mientras reflexionaba sobre sus decisiones pasadas.
A los 31 años, Ángel fue diagnosticado con sida, una noticia que lo dejó devastado.

El 26 de febrero de 1991, El Torete falleció en un hospital, dejando atrás un legado complicado.
Su funeral fue un evento íntimo, con pocos asistentes, y la ausencia de De la Loma fue notable.
“El hombre que me hizo famoso ni siquiera se molestó en venir”, lamentó uno de sus amigos más cercanos.
A pesar de su trágico final, su historia no se desvaneció.
Años después de su muerte, su tumba en el cementerio de Monjuïc se convirtió en un lugar de peregrinación para aquellos que aún ven en él un símbolo de la generación perdida de los años 80.
“El Torete no fue solo un delincuente, fue un reflejo de una época”, afirmaban sus seguidores, quienes continúan dejando flores y mensajes en su lápida.
Su figura sigue viva en la cultura popular, y sus películas se proyectan en festivales y cine clubs, recordando a todos que su historia es, en última instancia, la de un joven que luchó por encontrar su lugar en un mundo que nunca le dio verdaderas oportunidades.
En un país donde la marginalidad y la delincuencia eran parte del paisaje cotidiano, Ángel Fernández Franco se convirtió en un mito.
Su vida, marcada por la tragedia y la lucha, sigue resonando en la memoria colectiva, dejando una huella imborrable en la historia del cine español.
