Un juzgado de Madrid investiga a la periodista Ana Pardo de Vera por presuntas coacciones y delito de odio tras un incidente con el reportero Bertrand Ndongo, en el que se le atribuye haberle arrebatado el micrófono y decirle “recógelo como un gorila”.
La escena ocurrió hace un año en un acto público celebrado en el entorno del Museo Reina Sofía y ha vuelto al centro del debate político y mediático tras conocerse que un juzgado de Madrid ha imputado a la periodista Ana Pardo de Vera por un presunto delito de coacciones y de odio.
Los hechos se remontan a un enfrentamiento con Bertrand Ndongo, reportero de un medio digital, durante el cual la periodista le arrebató el micrófono y lo lanzó al suelo, instándole a recogerlo con una expresión que el denunciante considera ofensiva y de carácter discriminatorio.
El juzgado de instrucción ha apreciado indicios suficientes para citar a declarar a Pardo de Vera en calidad de investigada.
Según el relato incorporado a las diligencias, el incidente se produjo cuando el reportero intentó formular preguntas en el marco de un acto antifranquista al que asistían varias figuras del ámbito político y mediático.
En ese contexto, se produjo un intercambio tenso que derivó en la retirada del micrófono por parte de la periodista y en una frase que ha sido ampliamente difundida y debatida.
Bertrand Ndongo sostiene que Ana Pardo de Vera le dijo: “Recógelo como un gorila”, una expresión que, a su juicio, tiene una carga racista evidente.
El propio Ndongo afirmó posteriormente: “El juez aprecia indicios de delito de odio y coacciones por este comportamiento que tuvo conmigo y tendrá que declarar en calidad de investigada”.
El vídeo del momento, grabado por distintos asistentes y difundido en redes sociales, se ha convertido en una de las piezas clave del procedimiento.
Por su parte, Ana Pardo de Vera ha negado reiteradamente que utilizara esa expresión con una intención racista o que, incluso, la pronunciara en los términos que se le atribuyen.
En varias intervenciones públicas y entrevistas, la periodista ha defendido que actuó porque se sintió intimidada y agredida verbalmente.
“Yo pasé mucho miedo.
Pensé que me iba a pegar”, declaró en un programa de televisión, añadiendo que el reportero “se me echó encima, me puso el pecho en la cara y pensé que me iba a agredir de verdad”.
En ese mismo espacio televisivo, Pardo de Vera relató su versión de los hechos con detalle: “Estábamos saludándonos, un grupo de amigos y conocidos, y este hombre se metió en medio, nos puso el micrófono prácticamente en los ojos y empezó con comentarios provocadores”.
Según su relato, fue entonces cuando le pidió que se marchara y decidió arrebatarle el micrófono.
“Le arranqué el micrófono, me lo llevé y, por supuesto, se lo tiré”, afirmó, insistiendo en que actuó en un contexto de tensión y sintiéndose amenazada.

La periodista también negó que la palabra “gorila” tuviera para ella un significado insultante o racista.
“Para mí los gorilas son animales bellos”, llegó a decir en una de sus declaraciones, añadiendo: “Yo soy antirracista, soy feminista y antifascista; es imposible que yo utilice un insulto racista”.
Estas palabras, sin embargo, no han evitado la polémica ni la investigación judicial abierta, que será ahora la encargada de determinar si los hechos encajan en los tipos penales denunciados.
El caso ha reavivado un debate más amplio sobre el clima de confrontación en la vida política y mediática española, especialmente en relación con el trato a determinados colectivos y el uso del lenguaje en espacios públicos.
En los últimos días, también se ha conocido la presentación de denuncias contra otros comunicadores por expresiones dirigidas a la comunidad venezolana, lo que ha alimentado la percepción de un aumento de la tensión verbal y de los discursos agresivos.
Durante el mismo periodo, figuras públicas y escritores han reaccionado con dureza ante los insultos dirigidos a inmigrantes venezolanos que celebraron acontecimientos políticos recientes en su país.
En ese contexto, el escritor Arturo Pérez-Reverte fue preguntado por unas declaraciones polémicas de un periodista y respondió con contundencia: “No comento sobre basura sectaria que se define por sí misma”.
La frase se viralizó rápidamente y fue interpretada como una crítica frontal a la deriva del debate público.
El entorno de Ana Pardo de Vera ha señalado que la periodista ha recibido tanto apoyos como críticas desde que se conoció su imputación.
Ella misma ha reconocido que la situación ha tenido un impacto personal y familiar.
“El dolor más grande lo tengo por mi familia, por mi madre, que se preocupa al ver todo esto en las noticias”, afirmó, aunque reiteró su intención de defenderse y de “aclararlo todo ante el juez”.
Días después de que trascendiera la investigación judicial, la periodista fue abordada de nuevo por reporteros a la salida de un acto público.
Su actitud fue notablemente más contenida que en el episodio que originó la causa.
A la pregunta sobre cómo se sentía tras la imputación, se limitó a responder: “Lo aclararé todo ante el juez.
Gracias”.
La escena fue interpretada por muchos como una muestra de prudencia ante el proceso judicial en curso.
El procedimiento abierto contra Ana Pardo de Vera se encuentra en una fase inicial y será la instrucción la que determine si los hechos constituyen finalmente un delito o si, por el contrario, quedan archivados.
Mientras tanto, el caso continúa alimentando el debate sobre los límites de la confrontación política, la libertad de prensa y el uso de expresiones potencialmente ofensivas en el espacio público, en un clima social cada vez más polarizado.