Un duro enfrentamiento en el Congreso enfrentó a Gabriel Rufián y Cayetana Álvarez de Toledo por la postura de los partidos españoles ante la crisis en Venezuela y la figura de María Corina Machado.

En una reciente sesión del Congreso, el ambiente se tornó explosivo cuando Gabriel Rufián, portavoz de ERC, lanzó una serie de acusaciones que desataron una intensa confrontación con Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del PP.
La tensión se palpaba en el aire mientras Rufián, visiblemente alterado, cuestionaba la postura de la oposición respecto a la situación política en Venezuela, particularmente sobre la figura de María Corina Machado, a quien defendió como una “paria internacional”.
“Siempre le acabo diciendo lo mismo, señora Álvarez de Toledo.
Usted es una gran oradora y es una persona extraordinariamente inteligente.
No me puedo creer que no vea que están solos defendiendo a una persona absolutamente abandonada”, afirmó Rufián, refiriéndose a la líder opositora venezolana.
Su intervención no solo buscaba criticar la falta de apoyo a Machado, sino también poner en evidencia la complicidad de algunos partidos españoles con el régimen de Maduro.
La diputada del PP no se quedó atrás y respondió con firmeza.
“Señor Rufián, cuando usted acusa a Trump de dar un golpe de estado, habla como especialista, como perito en golpismo, ¿no?”, replicó con ironía, sugiriendo que Rufián carecía de autoridad moral para emitir juicios sobre la democracia en otros países.
La discusión se intensificó cuando Rufián acusó a Álvarez de blanquear la dictadura de Maduro.
“No llamar dictador a Maduro.
Blanquear a la dictadura.
Criticar la operación de Trump, pero arrogarse los resultados”, dijo, mientras la atmósfera se cargaba de indignación.
“Se lo repito por si no lo ha entendido bien.
Trump extrajo de Venezuela al usurpador de la presidencia.
Ustedes extrajeron al presidente legítimo”.

El debate se tornó aún más personal cuando Rufián cuestionó la legitimidad de los esfuerzos de diálogo promovidos por figuras como José Luis Rodríguez Zapatero.
“Zapatero ha sido el gran blanqueador de la dictadura.
Con ustedes.
Siempre utilizan esa vía espúria, el diálogo, las palabras bonitas para revestir la maldad”, sentenció, aludiendo a la percepción negativa que muchos venezolanos tienen sobre el ex presidente español.
La diputada del PP, sin embargo, mantuvo su postura y continuó defendiendo su visión sobre la situación en Venezuela.
“¿Sabe lo que es tomar el pelo a los venezolanos? No llamar dictador a Maduro.
Eso es lo que ustedes hacen”, enfatizó, buscando deslegitimar las acusaciones de Rufián.
El clímax del debate llegó cuando Rufián recordó la falta de reconocimiento por parte del gobierno español hacia los logros de figuras de oposición como Machado, quien recientemente fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
“Pedro Sánchez no fue capaz de felicitar a María Corina Machado por el Premio Nobel.
Y mire que era fácil, un simple tweet”, lamentó, sugiriendo que la falta de apoyo era indicativa de una política que prioriza la conveniencia sobre los principios democráticos.

La intervención de Rufián culminó con una dura crítica a la ambigüedad del gobierno español frente al régimen venezolano.
“Nosotros también queremos a Maduro de vuelta en Venezuela.
Lo queremos con Delsy Rodríguez, con Jorge Rodríguez y con Diosdado Cabello.
Los cuatro en el Helicoide”, concluyó, dejando a la cámara en un silencio tenso.
Este intercambio no solo refleja las profundas divisiones políticas en España sobre la política exterior hacia América Latina, sino que también ilustra la creciente frustración entre los partidos sobre cómo abordar la crisis venezolana.
Las palabras de Rufián resuenan con el eco de muchos venezolanos que sienten que su lucha por la democracia y la libertad ha sido ignorada por aquellos que deberían apoyarlos.
El debate en el Congreso no es solo un reflejo de la política interna española, sino un microcosmos de las tensiones internacionales que afectan a millones de personas en Venezuela.
La lucha por la democracia y los derechos humanos continúa, y cada intervención en el Congreso es un recordatorio de que estas cuestiones siguen siendo de vital importancia para muchos.
