La muerte de Irene de Grecia dejó a la reina Sofía profundamente afectada tras acompañar a su hermana hasta el último momento en la Zarzuela.

Una sombra gris se ha cernido sobre La Zarzuela desde este jueves 15 de enero.
El fallecimiento de Irene de Grecia, hermana de la Reina Sofía, ha dejado una herida profunda en el corazón de Su Majestad, un dolor que trasciende lo imaginable para quienes la rodean.
En el Palacio, se respira un clima de preocupación contenida, donde se palpa la angustia por el estado emocional de la Reina Emérita.
La princesa Irene partió poco antes del mediodía, en un momento cargado de tensión emocional.
La Reina Sofía, visiblemente afectada, no la dejó sola ni por un instante, aferrándose a su mano hasta el último aliento.
“No te vayas, por favor”, susurró la Reina, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.
La imagen de esa despedida, relatada con pesar por quienes estuvieron presentes, deja entrever la magnitud del golpe.
La angustia fue tal que la Reina Sofía llegó a desmayarse por unos segundos, requiriendo atención médica inmediata.
La inquietud no se limita al plano físico; la preocupación se centra en cómo la Reina Sofía procesará la pérdida definitiva de su hermana.
Irene era mucho más que una pariente: era su amiga, su confidente, su apoyo silencioso en momentos de adversidad.
“Siempre estuviste a mi lado, hermana.
¿Cómo seguir sin ti?”, fueron las palabras que resonaron en el ambiente, marcadas por la tristeza y la nostalgia de un vínculo irrompible forjado a lo largo de décadas.
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Afortunadamente, la Reina Emérita no está sola.
Sus hijas, las Infantas Elena y Cristina, junto al Rey Felipe VI, están a su lado, brindándole compañía y consuelo en uno de los momentos más dolorosos de su vida.
“Estamos aquí para ti, mamá”, le dijeron, intentando aliviar su sufrimiento.
En medio del luto familiar, se ha diseñado un protocolo para despedir a la princesa Irene, un adiós que trasciende fronteras y simboliza la unión entre España y Grecia, dos países que marcaron la vida de la fallecida.
Los restos mortales de Irene serán trasladados este sábado a la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio en Madrid, donde permanecerán expuestos durante unas horas para recibir homenajes en un entorno religioso que evocará sus raíces espirituales y culturales.
“Irene, siempre serás parte de nosotros”, se escuchó en la capilla ardiente, donde amigos y familiares se reunieron para rendir homenaje a la princesa.
Posteriormente, su cuerpo será trasladado a Grecia para ser sepultado junto a otros miembros de la dinastía griega en el cementerio de Tatoi.
El funeral tendrá lugar el lunes 19 de enero en Atenas, con el ceremonial propio de la familia real helena.
La Zarzuela ha instalado también una capilla ardiente en ámbito familiar para que allegados y cercanos puedan rendir homenaje a Irene antes de que sus restos partan hacia su última morada.
“Este último adiós será íntimo y sencillo, sin grandes gestos ni escenografías innecesarias”, comentaron fuentes cercanas a la familia.

El duelo que atraviesa la Reina Sofía no requiere explicaciones públicas; se trata de una despedida profunda, marcada por la complicidad, el exilio compartido, la confianza absoluta y una lealtad fraterna que sobrevivió a coronas, países y décadas de historia.
“Perder a Irene es perder una parte de mí misma”, confesó la Reina, con la voz entrecortada por el dolor.
Para Sofía, la pérdida es doble: pierde a su hermana, pero también a la única persona que la acompañó incondicionalmente en cada paso, lejos de focos y titulares.
“Siempre fuiste mi refugio, mi hermana.
Te extrañaré cada día”, dijo, mientras sus hijas la abrazaban con ternura, intentando consolarla en uno de esos momentos que ni la fortaleza institucional ni la experiencia vital consiguen amortiguar del todo.
Porque hay despedidas que no entienden de rangos ni de títulos, y esta, sin duda, es una de ellas.
La familia real se encuentra en un momento de profunda reflexión y tristeza, rodeada de un amor que trasciende la pérdida.
“Irene, siempre estarás en nuestros corazones”, se oyó en un susurro colectivo, recordando la vida de una mujer que fue más que una princesa; fue un pilar de amor y apoyo en la vida de quienes la conocieron.
