Rocío Flores habló entre lágrimas del juicio mediático que sufre tras el documental de su madre, asegurando que la exposición pública le ha dejado una “mancha” imposible de borrar.

Rocío Flores ha decidido romper el silencio y sentarse frente a las cámaras con valentía y sinceridad para compartir su experiencia en medio de la tormenta mediática que la rodea desde la emisión del polémico documental de su madre, Rocío Carrasco.
Durante su intervención, las lágrimas amenazaban con brotar mientras expresaba el profundo dolor que siente al ser señalada públicamente por un episodio de su pasado que considera ajeno a la esfera pública.
En un momento emotivo, Rocío comentó: “Esa mancha no me la va a quitar nadie nunca, y eso es porque ella ha decidido hacer eso”.
A pesar de haber ganado una demanda contra los creadores del documental, que revelaba detalles íntimos sobre una discusión familiar ocurrida cuando era menor de edad, la joven se enfrenta al desafío de reconstruir su vida tras la exposición mediática.
Reconoce que, aunque ha logrado una victoria legal importante, el daño emocional persiste, y lamenta que “cada persona va a pensar de mí lo que le dé la gana”.
La gravedad de la situación se hace evidente cuando Rocío señala que, a pesar de la sentencia que prohíbe la revelación de secretos, “personas que son trabajadores de Adrián Madrid y de Óscar Cornejo siguen haciendo una campaña de acoso y derribo en contra de mí”.
Esta constante presión ha afectado su salud mental, llevándola a un punto de vulnerabilidad extrema.
“Pasaba horas leyendo comentarios dañinos y cuestionándome mi propia valía”, revela, reflejando el impacto que el ciberacoso ha tenido en su vida diaria.
Rocío describe cómo, a pesar de sus esfuerzos por evitar el daño, se siente atrapada en una espiral de negatividad.
“Llegué a tal punto que intenté hacer lo posible por pedir ayuda donde consideraba que la tenía que pedir”, confiesa.
Su experiencia resalta la necesidad de una regulación más estricta de las redes sociales, donde el odio y la difamación proliferan sin control.
“Estaría muy bien que se regularan, porque es muy fácil hablar y escribir barbaridades a través de una pantalla”, argumenta.
A medida que avanza en su proceso de sanación, Rocío también comparte momentos en los que ha sido confrontada públicamente.
Recuerda una ocasión en un supermercado, donde fue señalada y insultada, lo que le hizo reflexionar sobre la dimensión social del documental.
“¿Veis realmente la gravedad? La dimensión que ha tomado todo este documental a nivel social, a todos los niveles”, expresa con tristeza.

La joven, que ha enfrentado ataques constantes, se encuentra en una lucha diaria por su bienestar emocional.
“Sobreviviendo.
Es que no gusta que diga la palabra sobreviviendo en piloto automático, pero es que es la realidad”, admite, subrayando la importancia de hablar abiertamente sobre la salud mental.
A pesar de las adversidades, Rocío busca seguir adelante, reconstruyendo su vida tras la tormenta mediática que ha enfrentado.
Su valentía al hablar de su dolor y sufrimiento puede servir de inspiración para otros que se encuentran en situaciones similares, recordándoles que no están solos y que es posible superar los desafíos más difíciles.
“No me apetece que mañana nadie me tenga que atacar con cosas que yo pueda hablar sobre mí”, dice, evidenciando su deseo de encontrar paz y sanación.
Finalmente, Rocío Flores aboga por un uso responsable de las plataformas digitales, enfatizando la necesidad de proteger a las personas de los ataques online.
“Es fundamental que se tomen medidas para evitar que esto siga ocurriendo”, concluye, dejando un mensaje claro sobre la importancia de la empatía y el respeto en la era digital.
Su historia es un llamado a la reflexión sobre el impacto del ciberacoso y la necesidad de un cambio en la forma en que se manejan las redes sociales.
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