La investigación del accidente ferroviario de Adamuz apunta a que la vía estaba fracturada antes del paso del tren, lo que refuerza la hipótesis de un fallo previo en la infraestructura.

La investigación sobre el grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba) ha entrado en una fase decisiva tras la aparición de un informe preliminar y nuevos testimonios que cuestionan la gestión previa de la infraestructura.
El foco se sitúa ahora en la cadena de responsabilidades administrativas y técnicas, en un contexto de fuerte tensión política, presión mediática y dolor social por las víctimas.
Según los primeros datos conocidos, la comisión investigadora ha determinado de forma preliminar que la rotura del carril se produjo antes del paso del tren siniestrado.
El documento apunta a que “la fractura de la vía se produjo antes del paso del tren”, y añade que las muescas detectadas en ruedas y la deformación observada en el carril “son compatibles con el hecho de que el carril ya estuviese previamente fracturado”.
Este extremo, aún pendiente de confirmación definitiva, refuerza la hipótesis de que el descarrilamiento fue consecuencia de un fallo previo en la infraestructura.
En paralelo, declaraciones atribuidas a un agente de la Guardia Civil que participó en las primeras actuaciones han generado un profundo impacto.
El testimonio describe una situación de descoordinación en los momentos posteriores al accidente.
“El maquinista estaba encima de un vagón volcado y me dijo: ‘Aquí hay una persona muy herida’”, relató.

Al preguntar por la existencia de otro convoy implicado, la respuesta fue tajante: “El único tren accidentado es este”.
Sin embargo, minutos después, un grupo de personas apareció desde una zona oscura.
“Un señor me dijo: ‘Nosotros somos pasajeros del otro tren’”, afirmó el agente, confirmando que había al menos dos trenes implicados cuando inicialmente se negaba esa posibilidad desde los centros de control.
Este testimonio ha reavivado las críticas sobre la gestión de la emergencia y la información disponible en tiempo real.
La Guardia Civil es señalada por distintos analistas como clave para esclarecer qué se sabía exactamente y cuándo se supo, especialmente en relación con la localización de los trenes y el estado de la vía.
El informe preliminar también ha tenido consecuencias en el plano jurídico.
Juristas consultados sostienen que, de confirmarse que la vía estaba rota antes del paso del tren, podría abrirse la vía a una investigación por homicidio imprudente.
El Código Penal contempla penas de entre uno y cuatro años de prisión en casos de imprudencia grave, además de inhabilitación especial si se tratara de una imprudencia profesional.
En ese marco, el nombre del ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido mencionado como máximo responsable político del área, aunque cualquier eventual imputación dependería de declaraciones en sede judicial y del desarrollo de la instrucción.

Mientras avanza la investigación técnica y judicial, el debate público se ha intensificado.
Familiares de las víctimas han denunciado insultos y ataques en redes sociales, así como la falta de empatía institucional.
Al mismo tiempo, se ha producido un choque frontal entre diferentes corrientes mediáticas y políticas sobre cómo informar del caso y dónde situar las responsabilidades.
En ese contexto, han cobrado relevancia las palabras del streamer conocido como El Chocas, pronunciadas en un programa televisivo y ampliamente difundidas.
“Creo que vivimos en un sistema en el que no tenemos voz ni voto”, afirmó, añadiendo que “el sistema democrático en el que estamos en la actualidad no funciona”.
El creador de contenido fue más allá al señalar que “no puedes confiar en los líderes políticos si lo único que hacen es tener a su entorno implicado en escándalos”.
Sus declaraciones, especialmente cuando advirtió de su temor a que España “acabase como Venezuela”, generaron una oleada de reacciones y críticas, pero también apoyos de quienes consideran que expresó un malestar social extendido.
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En el ámbito político, representantes de distintas formaciones han protagonizado cruces de acusaciones.
Desde sectores críticos se denuncia que se esté intentando reducir el suceso a un “accidente inevitable”, mientras otros reclaman prudencia hasta que el informe final sea concluido.
La mención reiterada a posibles presiones para modificar el contenido del informe preliminar ha elevado aún más la tensión.
“Si la vía estaba rota antes del paso del tren”, insisten algunas voces, “la responsabilidad cambia radicalmente”.
También se ha cuestionado el tratamiento del caso en la televisión pública, con críticas a la línea editorial y a la ausencia de determinados enfoques.
La polémica se ha extendido a la cobertura de incidentes paralelos, como enfrentamientos entre periodistas y activistas, que han añadido ruido a un escenario ya de por sí cargado.
A la espera del informe definitivo de la comisión y de las decisiones que adopte la autoridad judicial, el caso de Adamuz se ha convertido en un símbolo de un debate más amplio sobre la seguridad ferroviaria, la transparencia institucional y la rendición de cuentas.
La confirmación o no de que la vía estaba fracturada antes del accidente marcará un antes y un después, no solo en el plano judicial, sino también en la confianza pública en la gestión de las infraestructuras y en la respuesta del Estado ante una tragedia de gran magnitud.
