Un trabajador de ADIF denuncia graves deficiencias en el mantenimiento de las vías del AVE, alertando de fisuras peligrosas por las que circulan trenes a 300 km/h sin una reparación adecuada.

El programa Horizonte ha revelado un testimonio impactante que pone en entredicho la gestión del Ministerio de Transportes, liderado por Óscar Puente.
Un trabajador activo de ADIF, experto en el mantenimiento de las vías del AVE, ha compartido un relato desgarrador acompañado de imágenes que evidencian una situación de grave riesgo en la alta velocidad.
Las declaraciones del técnico han generado una oleada de reacciones y una gran indignación en las redes sociales.
Este trabajador, que opera en una base de alta velocidad encargada del mantenimiento de los desvíos y las partes móviles de la vía, narra cómo fue alertado por un maquinista que reportó un fuerte golpe al pasar un tren.
“Me dijeron que un maquinista había anunciado que había un bache de la h****”, cuenta.
Al llegar al lugar, se encontró con una realidad alarmante: “La base de la vía estaba partida por debajo y completamente desnivelada, con una placa más alta que la otra”.
Lamentablemente, lejos de recibir una reparación inmediata, el trabajador denuncia una práctica que pone en mal lugar a la dirección del sistema ferroviario.
“Como vale mucho dinero cambiarlo, ¿sabes lo que están haciendo? Nos mandan todas las semanas a hacer una foto a ver si sigue igual”, asegura con desánimo.
Su mensaje es claro: “Esto es una barbaridad. Es peligrosísimo, porque aquí el tren pasa a 300 kilómetros por hora”.
Este testimonio directo desafía el discurso oficial sobre la seguridad y el mantenimiento de la red ferroviaria.

Además, el documento que presentó al programa refuerza su denuncia.
En una imagen ampliada, se puede apreciar una fisura marcada con señales técnicas que superan los márgenes permitidos.
“AVG: es lo que sobrepasa la tolerancia.
Hay fisuras de este tamaño”, explica el trabajador.
A esto se suma un dato inquietante: “En mi línea se han cambiado solo dos carriles.
El resto están sin cambiar y en observación”.
Esta situación, según su relato, se ha prolongado en el tiempo sin que se tomen soluciones reales.
Durante el mismo programa, dos supervivientes del trágico accidente del Alvia también compartieron su experiencia, expresando el abandono que sienten.
“Tras el descarrilamiento, nadie se ha puesto en contacto con nosotros ni nos ha pedido perdón”, relata uno de ellos.
“Tenemos un grupo de WhatsApp de unas 100 personas afectadas… no sabemos nada”.
Estos testimonios pintan un panorama desolador y dejan a Óscar Puente bajo una creciente presión en cuanto a su gestión, la transparencia y, sobre todo, la seguridad en las vías.
La situación descrita por el trabajador de ADIF y los sobrevivientes del accidente pone de manifiesto la necesidad urgente de una revisión exhaustiva de las prácticas de mantenimiento y la atención a la seguridad en el sistema ferroviario español.
La comunidad exige respuestas y soluciones que garanticen la integridad de los pasajeros y la fiabilidad del servicio.

La indignación generada por estas revelaciones resuena en toda la sociedad, y muchos se preguntan cómo es posible que una situación tan peligrosa haya sido ignorada durante tanto tiempo.
La falta de acción inmediata ante un problema tan grave plantea serias dudas sobre la eficacia de la gestión del Ministerio de Transportes y su compromiso con la seguridad pública.
Este relato no solo destaca la valentía del trabajador que decidió hablar, sino que también pone en evidencia la necesidad de que las autoridades asuman su responsabilidad y actúen en consecuencia.
La seguridad de los viajeros no puede ser un asunto de mera observación fotográfica; se requieren acciones concretas y efectivas que aseguren que las infraestructuras sean seguras y confiables.
La presión sobre Óscar Puente y su ministerio seguirá aumentando a medida que más voces se sumen a este clamor por la seguridad en las vías.
La sociedad está atenta y exige respuestas claras y rápidas.
La seguridad en el transporte ferroviario no es solo una cuestión de infraestructura, sino un compromiso con la vida y la integridad de todos los que utilizan este medio de transporte.
