Ana María González Herdaro es designada diputada por Valencia para sustituir a José Luis Ábalos pese a un antecedente por dar positivo en alcoholemia en 2021.

La alcaldesa de Llaurí, Ana María González Herdaro, ha sido seleccionada para ocupar el escaño del exministro de Transportes José Luis Ábalos, quien renunció a su cargo como diputado por Valencia.
Sin embargo, esta decisión ha desatado una ola de controversia que pone en tela de juicio la idoneidad de su nombramiento.
En abril de 2021, González Herdaro dio positivo en un control de alcoholemia, lo que resultó en una multa de 960 euros y la retirada de su carné de conducir durante ocho meses.
Este incidente ha encendido las críticas sobre los criterios del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) a la hora de elegir a sus representantes.
El PSPV-PSOE, consciente de la polémica que rodea a su nueva diputada, abrió un expediente informativo para investigar el asunto y evaluar posibles repercusiones.
No obstante, el caso fue finalmente archivado, según fuentes cercanas a la alcaldesa.
A pesar de este traspié, González Herdaro logró revalidar su cargo como alcaldesa en las elecciones de 2023, lo que evidencia que cuenta con el respaldo mayoritario de sus vecinos.
Sin embargo, esto no ha disipado las dudas sobre su comportamiento al volante ni su capacidad para asumir la responsabilidad de un cargo político de alto nivel.
La reacción en las redes sociales ha sido inmediata y contundente.
Muchos usuarios han criticado con ironía su designación.
“Sin duda, una candidata muy socialista”, escribía un internauta, mientras otro añadía: “Digna sucesora. No descartemos que lo de conducir borracha sea lo menos grave de su historial. Al tiempo”.
Estos comentarios reflejan la percepción de muchos ciudadanos sobre la continuidad de escándalos y polémicas dentro del PSOE.
“El PSOE es como las maras, si quieres entrar, tienes que tener antecedentes”, sentenciaba otro usuario, poniendo de manifiesto el descontento generalizado.

La polémica ha dejado al descubierto un doble estándar dentro del partido.
Mientras el PSOE intenta proyectar una imagen de responsabilidad y cercanía con los ciudadanos, la realidad muestra que sus representantes pueden contar con antecedentes graves y aun así acceder a cargos de alto nivel.
La elección de González Herdaro ha abierto un debate sobre los criterios éticos y morales que el partido aplica para ocupar escaños en el Congreso.
La indignación no solo se limita a los ciudadanos en las redes sociales.
Líderes políticos de diferentes partidos han expresado su asombro y desaprobación.
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, comentó: “Es inconcebible que alguien con ese historial pueda representar a los ciudadanos en el Congreso”.
Por su parte, Santiago Abascal, líder de VOX, no dudó en calificar la situación como “una burla a la democracia y a la responsabilidad política”.
La designación de González Herdaro ha generado un descrédito no solo para ella, sino también para el propio PSOE, que una vez más se encuentra en el centro de un escándalo que cuestiona su gestión interna y su compromiso con la ejemplaridad pública.
“Esto es un claro ejemplo de cómo el partido está dispuesto a ignorar el pasado de sus miembros si eso significa mantener el poder”, afirmaba un analista político en un programa de televisión.

La historia de conducir ebria y aún así recibir el respaldo del partido refuerza la imagen de un PSOE que premia a sus miembros pese a comportamientos irresponsables.
“No podemos permitir que personas con antecedentes como estos ocupen cargos públicos”, enfatizaba un ciudadano en una manifestación en Valencia.
“La política debe ser un ejemplo para la sociedad, y esto no lo es”.
A medida que avanza la controversia, la presión sobre el PSOE para que revise sus criterios de selección se intensifica.
La elección de González Herdaro no solo ha abierto viejas heridas sobre la ética en la política, sino que también ha planteado serias preguntas sobre el futuro del partido en un momento en que la confianza del electorado es más crucial que nunca.
La imagen de un partido que se esfuerza por ser visto como responsable y cercano a los ciudadanos se ve empañada por este tipo de decisiones.
El nombramiento de Ana María González Herdaro, por lo tanto, no es solo un asunto de política local; es un reflejo de las tensiones y contradicciones que enfrenta el PSOE en su búsqueda por mantenerse relevante en un panorama político cada vez más competitivo y exigente.
La sociedad observa con atención, y el tiempo dirá si esta controversia tendrá repercusiones duraderas en la carrera política de González Herdaro y en la reputación del partido.
