El actor malagueño regresa de nuevo a ‘El Hormiguero’ de Pablo Motos para hablar de su nuevo proyecto teatral, el musical ‘Godspell’, que se estrena este enero en Madrid

Antonio Banderas (Málaga, 1960) atraviesa uno de los momentos más equilibrados y reflexivos de su vida.
A sus 65 años, convertido en uno de los actores españoles más universales y respetados, combina el reconocimiento internacional con una existencia marcada por la conciencia, la calma y una nueva forma de entender el éxito.
Su regreso a *El Hormiguero* para presentar su nuevo proyecto teatral, el musical *Godspell*, que se estrena este enero en Madrid, ha vuelto a situarlo en el centro de la conversación pública, no solo por su carrera artística, sino también por una vida personal profundamente transformada.
El punto de inflexión llegó en 2017, cuando sufrió un infarto mientras descansaba en su casa de campo en Londres.
Aquel episodio cambió su relación con el cuerpo, el trabajo y el tiempo.
El propio actor lo ha relatado en varias ocasiones con una franqueza poco habitual.
“Me empiezo a sentir mal, siento un sudor frío y me faltaba el aire. Una sensación como cuando tienes mucho sueño que no puedes abrir los ojos, multiplícalo por diez”, explicó al recordar aquellos minutos en los que sintió que el cuerpo pedía “abandonarse y dejarse ir”.
Lejos de la imagen cinematográfica del dolor en el pecho, Banderas reveló que “a mí lo que me empezó a doler fueron las mandíbulas, más que el pecho. Me tumbé en el suelo y traté de no dejarme ir”.

La rápida reacción de su pareja actual, Nicole Kimpel, resultó decisiva.
“El médico le dijo a mi chica: ‘Le han salvado la vida las dos aspirinas que le metió debajo de la lengua’”, contó el actor, consciente de que aquel gesto marcó un antes y un después.
Desde entonces, la salud se convirtió en prioridad absoluta.
Cambió radicalmente su alimentación, redujo el consumo de carne roja y adoptó hábitos más equilibrados.
“Como menos carne roja, más pollo y pescado.
Pero el jamón no falta en mi dieta”, confesó con humor, sin renunciar del todo a los placeres de su tierra.
También incorporó el ejercicio de forma regular: correr, yoga ocasional y entrenamiento de fuerza forman parte de una rutina pensada para cuidar el corazón y la mente.
Ese cambio físico vino acompañado de una transformación vital.
“Después de un incidente cardíaco que sufrí, me he dado cuenta de que el éxito en la vida es hacer lo que quieres, hacerlo como lo quieres y con la gente con la que lo quieres hacer”, afirmó en una entrevista reciente.
Esa filosofía explica por qué, sin abandonar el cine, ha centrado gran parte de su energía en el teatro, especialmente en el Teatro del Soho de Málaga, un proyecto personal que inauguró en 2019 y que ya ha recibido a cientos de miles de espectadores.
Allí, Banderas no solo actúa, sino que dirige, produce y construye un espacio cultural con vocación de legado.
En el plano sentimental, su vida también encontró estabilidad tras años de intensidad.
Antonio Banderas estuvo casado en dos ocasiones.
Su primer matrimonio fue con Ana Leza, una relación clave en su salto a Hollywood, ya que ella le ayudó como traductora cuando aún no dominaba el inglés.
Se separaron en 1995, en un divorcio muy mediático.
Poco después, el actor inició una relación con Melanie Griffith, a quien conoció durante el rodaje de *Two Much*.
Se casaron y compartieron casi veinte años de matrimonio, formando una familia junto a los hijos de ella, Alexander y Dakota Johnson, y dando la bienvenida a su única hija biológica, Stella del Carmen, nacida en 1996.

La separación definitiva llegó en 2015, pero el vínculo emocional se mantuvo.
“A pesar de que estamos divorciados, probablemente es la mejor amiga que tengo”, reconoció Banderas públicamente, subrayando una relación basada en el respeto y el afecto mutuo.
Desde 2014, el actor comparte su vida con Nicole Kimpel, financiera y agente inmobiliaria de origen neerlandés-alemán.
Se conocieron en el Festival de Cannes, en un momento delicado para él, aún inmerso en el proceso de divorcio.
Fue el propio Banderas quien explicó los tiempos de aquella relación: “Yo era todavía un hombre casado, aunque las cosas estaban abocadas a lo que después ha sido.
Una vez los papeles del divorcio estuvieron, fue cuando empezamos a conocernos”.
Con el paso de los años, la relación se consolidó y, en 2021, ambos se instalaron en la Costa del Sol.
Nicole ha mantenido siempre su independencia profesional.
Junto a su hermana gemela dirige un negocio de asesoría financiera y una firma de moda, y no ha sentido la necesidad de formalizar la relación con un matrimonio.
Ella misma lo expresó con naturalidad: “No es necesario. Estamos felices así como estamos. A lo mejor, algún día, hagamos una fiestecita. Pero ahora no”.
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En el ámbito familiar, Antonio Banderas vive un momento especialmente emotivo gracias a su hija Stella del Carmen.
El pasado 18 de octubre, el actor la acompañó al altar en su boda con Alex Gruszynski, celebrada en una ceremonia íntima en Valladolid.
Stella, que siempre ha huido del foco mediático, ha construido su propio camino lejos de la interpretación.
“Nunca me ha interesado la parte más brillante de la industria, los eventos, los elogios o la fama, que para mí es precisamente la parte más oscura”, afirmó en una entrevista, reivindicando una mirada crítica sobre el mundo que rodeó su infancia.
Formada en Cine en la Universidad del Sur de California, Stella trabaja detrás de cámaras como directora y ayudante de cámara, e incluso colaboró con su padre en el musical *Company*.
Para Antonio Banderas, verla crecer y elegir su propio rumbo representa uno de los mayores logros de su vida.
Hoy, entre proyectos teatrales, amor sereno y una salud cuidada con disciplina, Antonio Banderas encarna una madurez consciente, lejos del vértigo de la fama y más cerca de una plenitud construida paso a paso.
