Antonio Naranjo arremete contra Quequé por usar la tragedia de Adamuz, con 45 fallecidos, como material humorístico en un programa de la Cadena SER.

Antonio Naranjo, conocido periodista y comentarista, ha expresado su indignación de manera contundente hacia Héctor de Miguel, más conocido como Quequé, tras la reciente parodia emitida en el programa “Hora Veintipico” de Cadena SER.
Esta parodia utiliza la trágica catástrofe de Adamuz, que dejó 45 muertos, como material humorístico, lo que ha generado un profundo malestar en el sector periodístico y entre el público.
“Yo me río de mi sombra y tengo las espaldas muy anchas”, comenzó Naranjo en un mensaje publicado en Twitter, marcando una clara línea roja ética.
Su crítica se centra en el hecho de que se emplee un drama real para atacar a otros comunicadores, llamando “facha y buitre” a colegas como Nacho Abad y a él mismo.
Para Naranjo, lo que se presenta como sátira no es más que un “de muy muy mal gusto”.
En su opinión, el uso de una catástrofe para saldar cuentas ideológicas es inaceptable y refleja una falta de respeto hacia las víctimas y sus familias.

El periodista subraya que puede aceptar burlas personales, pero no tolera que se instrumentalicen las víctimas para obtener beneficios políticos o ideológicos.
“El humor no puede apoyarse en cadáveres para provocar aplausos fáciles ni para estigmatizar a profesionales”, afirmó Naranjo, reflejando una indignación compartida por muchos en el sector que consideran que hay límites que no deben cruzarse.
La controversia estalló tras la emisión de un sketch extremo en el que Quequé se presenta bajo el alias de “Macho Abad” desde un plató ficticio llamado “En boca de bobos”.
En este segmento, se parodia la cobertura televisiva de tragedias, apuntando directamente al programa de Nacho Abad en Cuatro, “En boca de todos”.
La introducción del sketch deja clara la intención: “Bueno, seguimos en ‘En boca de bobos’, soy Macho Abad”, antes de ironizar sobre la búsqueda inmediata de culpables y la supuesta pericia exprés de “expertos ferroviarios”.
El tono del sketch se intensifica con anuncios de “imágenes muy duras” que se cortan abruptamente, dejando al público a la espera de más contenido para esa noche con Iker Jiménez.
A lo largo de la pieza, se realizan conexiones falsas y se plantean preguntas provocativas, como: “¿Quién crees que tiene la culpa y por qué Óscar Puente?”.
Sin embargo, el remate final ha incendiado las redes sociales con una pregunta que muchos consideran inadmisible en este contexto: “¿Qué mata más ahora mismo en España? ¿Los trenes o los menas?”.

Para los críticos, este tipo de humor cruza definitivamente la línea entre la sátira y el desprecio.
Las reacciones no se han hecho esperar; algunos defienden la libertad creativa del humorista, mientras que otros respaldan a Naranjo, reclamando un mayor respeto en el tratamiento de las víctimas recientes.
“Hay bromas que no deberían hacerse jamás”, concluyó Naranjo, verbalizando lo que muchos piensan y poniendo de relieve una cuestión incómoda para los medios: el humor político puede ser incómodo y ácido, pero cuando convierte una tragedia en munición ideológica, pierde su gracia y gana reproche social.
Este debate ha reavivado una discusión necesaria sobre los límites del humor en el contexto de tragedias reales.
Los medios de comunicación se enfrentan a un dilema: ¿hasta dónde se puede llegar en nombre de la libertad de expresión? La línea entre el humor y el respeto es delgada, y en este caso, la controversia ha puesto de manifiesto que hay temas que requieren una sensibilidad especial.
La indignación de Naranjo y de muchos otros destaca la necesidad de reflexionar sobre el papel del humor en la sociedad y su impacto en las víctimas de tragedias.
