Antonio Naranjo se enfrenta a Sarah Santaolalla en directo al exigir una respuesta clara sobre si Óscar Puente debe dimitir tras la tragedia de Adamuz.

Antonio Naranjo ha desatado una tormenta durante el programa En boca de todos, al enfrentarse directamente a Sarah Santaolalla en un debate candente sobre las responsabilidades políticas tras la tragedia de Adamuz.
El clima se tornó tenso cuando Naranjo exigió, de manera contundente, una respuesta clara sobre si el ministro de Transportes, Óscar Puente, debería dimitir.
A esta pregunta, Santaolalla respondió con evasivas y comparaciones, lo que no hizo más que avivar la llama del intercambio.
“Estamos hablando de Puente.
¿Debería irse o no?”, insistió Naranjo, con la voz firme.
Sin embargo, la respuesta de Santaolalla fue elusiva, llenando el aire con reproches temporales y una serie de comparaciones que, a juicio de Naranjo, solo servían para desviar la atención del verdadero tema.
“Has tardado un año en pedir la dimisión de Carlos Mazón y un día en pedir la de Óscar Puente”, replicó Santaolalla, utilizando esta afirmación para señalar lo que consideraba un doble rasero en la crítica política.
La respuesta de Naranjo fue inmediata y demoledora: “La diferencia es que tú no pides la de Rivera ni la de Puente”, dejando al descubierto la falta de consistencia en el discurso de su interlocutora.
Este intercambio no solo puso en evidencia la tensión entre ambos, sino que también destacó la polarización que caracteriza el debate político en la actualidad.

Naranjo, lejos de suavizar su tono, intensificó su crítica, enumerando hechos concretos que subrayaban la gravedad de la situación: “Hay una vía rota, mueren 45 personas, los maquinistas le han avisado y han mentido en las explicaciones”.
Con un tono de indignación, Naranjo acusó a Santaolalla de ser “la primera en defender lo indefendible”, refiriéndose a la actitud de algunos sectores que, a su juicio, justifican las acciones del gobierno incluso frente a tragedias con víctimas mortales.
El momento culminante del enfrentamiento llegó cuando Naranjo cuestionó la coherencia moral de Santaolalla.
“¿Pero qué tenéis en la cabeza? Cuando muere gente, nada más os fijáis en los carnés”, dijo, enfatizando la contradicción en la forma en que se manejan las críticas dependiendo de la afiliación política de los implicados.
Para subrayar su punto, Naranjo añadió que si el responsable político fuera del Partido Popular, “estarías subiéndote por las paredes y bajando las escaleras como la niña del exorcista”, una metáfora poderosa que ilustró la indignación selectiva que él percibía en el discurso de Santaolalla.

“Es una vergüenza lo de Mazón y es una vergüenza lo de Puente.
Y si no lo ves así, te define”, concluyó Naranjo, dejando claro que su crítica no se limitaba a un solo individuo, sino que abarcaba una tendencia más amplia de defensa ciega del poder.
Su advertencia resonó más allá del plató: “Si ni con muertos somos exigentes con los cargos públicos, este país se irá por el sumidero”.
Esta declaración final no solo cerró el debate, sino que también dejó una profunda reflexión sobre la responsabilidad política y la necesidad de exigir cuentas a quienes nos gobiernan.
El enfrentamiento entre Naranjo y Santaolalla no solo puso de manifiesto las tensiones actuales en el panorama político español, sino que también reflejó una lucha más amplia por la verdad y la justicia en un contexto donde las tragedias humanas a menudo son tratadas con un alarmante desdén.
La incapacidad de algunos tertulianos para exigir responsabilidades cuando el poder es afín es un tema que sigue resonando en la sociedad, y el debate en En boca de todos se convirtió en un claro ejemplo de esta problemática.
La confrontación, aunque intensa, sirvió para abrir un espacio de reflexión sobre la ética en el discurso político y la necesidad de una crítica constructiva que no se detenga ante la ideología, sino que busque la verdad y la justicia por encima de todo.
