Pablo Felipe Prada Moriones, alias Blackjack, actuaba como el cerebro financiero del Clan del Golfo, gestionando el lavado de dinero del narcotráfico desde Ibiza y otros países sin recurrir a la violencia.

Durante años, el narcotráfico ha sido sinónimo de violencia, armas y territorios controlados a la fuerza.
Sin embargo, mientras las autoridades se enfocaban en este modelo tradicional, un nuevo tipo de narco comenzó a operar en silencio, lejos de los focos mediáticos y de la violencia ostentosa.
Este narco digital se movía entre Ibiza y Dubai, gestionando millones de dólares sin disparar una sola bala.
“No necesito armas para construir mi imperio”, decía con seguridad, reflejando la astucia y el ingenio que lo caracterizaban.
Pablo Felipe Prada Moriones, conocido en el bajo mundo como Blackjack, no era el típico narcotraficante que se muestra en las películas.
No había fotos suyas con fusiles ni videos intimidantes.
Su poder radicaba en el manejo del dinero, un cerebro financiero que permitía que las ganancias del narcotráfico circularan sin levantar sospechas.
“El dinero es mi mejor arma”, afirmaba, consciente de que su verdadero desafío era justificar la enorme riqueza que generaba.

El narcotráfico no es solo un negocio ilegal; es una industria global que mueve miles de millones de dólares cada año.
Blackjack sabía que el dinero debía ser blanqueado, un proceso vital para cualquier narcotraficante.
“Sin blanqueo, el dinero se vuelve inútil”, explicaba, resaltando la importancia de transformar el capital ilícito en recursos que pudieran ser utilizados sin levantar alarmas.
Para ello, utilizaba empresas fachada, negocios en efectivo y paraísos fiscales, siempre buscando un paso adelante de las autoridades.
Mientras Blackjack operaba desde la sombra, en Colombia, su red mantenía un funcionamiento impecable.
Brenda Ginet Pineda Bedoya, alias la contadora, era una de las piezas clave, encargada de mantener los registros financieros que daban apariencia de legalidad a los ingresos.
“Todo debe parecer limpio”, repetía, asegurando que cada transacción estuviera cuidadosamente diseñada para no despertar sospechas.
La vida de lujo que llevaba Blackjack en Ibiza era un reflejo de su éxito.
“No busco ser el centro de atención, solo quiero disfrutar de lo que he construido”, decía mientras se movía por propiedades de alto nivel, disfrutando de un estilo de vida que parecía intocable.
Sin embargo, su fortuna no era solo un capricho; era el resultado de un sistema financiero bien orquestado.
“Cada movimiento cuenta, y cada centavo debe ser justificado”, recordaba, consciente de que las autoridades siempre están al acecho.

La red de Blackjack no solo se limitaba a Colombia.
Mantenía vínculos con organizaciones criminales europeas, como la ‘ndrangheta italiana y mafias de los Balcanes.
“El narcotráfico es un negocio global”, afirmaba, mientras coordinaba operaciones en varios continentes.
Las investigaciones oficiales lo señalaban como uno de los principales financiadores del Clan del Golfo, una organización que no solo trafica drogas, sino que necesita enormes engranajes financieros para sostener su operación internacional.
A finales de 2020, la red de Blackjack dio un giro crucial al comenzar a utilizar criptoactivos como eje central de su esquema de lavado.
“El futuro del dinero es digital”, decía, convencido de que el uso de criptomonedas le permitiría mover grandes sumas sin dejar rastro.
Con este enfoque, fragmentaba los fondos y los movía entre distintas billeteras virtuales, dificultando el rastreo por parte de las autoridades.
“Cada transacción es una oportunidad”, enfatizaba, mientras su red se expandía.
La infraestructura empresarial creada por Blackjack era sofisticada.
Desde 2022, estableció empresas de activos virtuales en múltiples países, que en apariencia eran legales, pero en la práctica servían como canales para mover y justificar grandes flujos de dinero.
“El secreto está en mezclar lo legal con lo ilegal”, explicaba, mientras diseñaba su estrategia para eludir la vigilancia.

Sin embargo, el destino de Blackjack cambió con la operación Gulupa, un operativo coordinado entre la Policía Nacional de Colombia y la Guardia Civil de España.
“Nadie es invisible para siempre”, reflexionó, mientras las autoridades cruzaban información financiera y movimientos migratorios.
Su captura, junto con la de su hermano Santiago y otros miembros de su red, marcó el fin de una era.
Las autoridades incautaron vehículos de lujo, relojes de alta gama y millones en criptoactivos durante los operativos.
“Todo lo que construí se desmoronó en un instante”, lamentó, mientras enfrentaba los cargos de lavado de activos y tráfico de estupefacientes.
La vida de lujo que había llevado no era producto del azar, sino el resultado de una estructura compleja diseñada para convertir dinero ilegal en una existencia cómoda y aparentemente legal.
Ahora, con su futuro incierto y su red desmantelada, Blackjack se enfrenta a la realidad de que el narcotráfico ha evolucionado.
“El crimen organizado ya no vive solo en la selva; ahora también vive en la nube”, concluyó, reconociendo que la tecnología ha cambiado las reglas del juego.
Mientras tanto, las autoridades siguen adaptándose a este nuevo escenario, conscientes de que la lucha contra el narcotráfico digital apenas ha comenzado.
