La obligación de la baliza V16 conectada a partir de 2026 ha generado una fuerte polémica en España, con críticas que la califican de medida costosa, poco clara y beneficiosa para intereses económicos concretos.

Las dudas sobre la obligación de llevar la nueva baliza V16 a partir del 1 de enero de 2026 están en auge, generando un intenso debate no solo entre los conductores, sino también en la esfera pública.
El periodista Antonio Naranjo ha sido uno de los más críticos, calificando esta medida como un posible “timo” que carece de una explicación clara y lógica para millones de españoles que deberán asumir su coste.
En el programa “En Boca de Todos”, Naranjo ha planteado preguntas inquietantes que aún no tienen respuesta: “¿Por qué los países europeos no la imponen? ¿Por qué compras una y de repente un día ya no vale ese modelo?”.
Su retórica desafiante resuena en un contexto donde la desconfianza hacia las autoridades va en aumento.
La polémica se centra en que, a partir de 2026, los triángulos de emergencia dejarán de ser válidos y serán reemplazados por la baliza V16 conectada, un dispositivo que no solo debe estar homologado, sino que también debe estar vinculado a la plataforma de tráfico.
Esto obligará a millones de conductores a desembolsar alrededor de 50 euros por una nueva baliza, lo que eleva el volumen total del negocio a cerca de 1.
500 millones de euros en todo el país.
Naranjo no ha dudado en señalar que una parte significativa de las balizas disponibles en el mercado proviene de fabricantes chinos, lo que intensifica aún más las sospechas sobre a quién beneficia realmente esta medida.
“Es un sinsentido”, afirma Naranjo, quien sostiene que la obligación de adquirir un nuevo dispositivo genera desconfianza, ya que las reglas del juego cambian cada pocos años, obligando a los ciudadanos a volver a pasar por caja sin una justificación convincente.
La falta de claridad en torno a esta normativa ha llevado a muchos a cuestionar la verdadera motivación detrás de su implementación.
¿Por qué se impone una obligación tan costosa sin que exista una exigencia similar en otros países europeos? ¿Qué hay detrás de esta decisión que parece favorecer a ciertos grupos económicos?

Las críticas del periodista han resonado con el malestar de muchos conductores que ven la nueva normativa como una imposición difícil de entender y económicamente gravosa.
Mientras el gobierno de Pedro Sánchez defiende la baliza V16 como una mejora en seguridad vial, voces como la de Naranjo insisten en que el debate de fondo sigue abierto.
“Antes de obligar a millones de personas a pagar, debería aclararse quién gana con esta medida y por qué se ha diseñado de esta manera”, subraya.
Este escándalo ha captado la atención no solo de los medios de comunicación, sino también de los políticos, quienes han comenzado a expresar sus opiniones sobre la controversia.
Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal han alzado la voz, cuestionando la falta de transparencia del gobierno en este asunto.
“Es inaceptable que se impongan cargas económicas sin una justificación adecuada”, ha declarado Ayuso en un mitin reciente, mientras que Abascal ha añadido que “los ciudadanos merecen respuestas claras y no ser tratados como un cajero automático”.
La situación ha generado un clima de tensión entre los conductores, muchos de los cuales se sienten atrapados entre la necesidad de cumplir con la ley y el temor a ser víctimas de un sistema que parece favorecer a unos pocos.
“No entiendo por qué tengo que comprar algo nuevo cuando ya tengo un triángulo de emergencia que ha funcionado bien durante años”, comenta un conductor frustrado.
Este sentimiento se comparte ampliamente, con numerosas quejas en redes sociales y foros de discusión donde los ciudadanos expresan su indignación.

Además, la falta de información sobre el proceso de homologación y la vinculación de las nuevas balizas a la plataforma de tráfico ha alimentado aún más la incertidumbre.
Muchos se preguntan si esta medida realmente mejorará la seguridad vial o si es simplemente un nuevo impuesto encubierto.
“Si realmente se trata de mejorar la seguridad, ¿por qué no se han implementado estas balizas antes? ¿Por qué ahora?”, cuestiona otro conductor, resaltando la confusión generalizada que rodea a la medida.
Mientras tanto, el gobierno continúa defendiendo la baliza V16, argumentando que es una evolución necesaria en la seguridad vial moderna.
Sin embargo, las voces críticas no cesan y el clamor por una mayor transparencia y claridad en la implementación de esta normativa se hace cada vez más fuerte.
La situación plantea un dilema importante: ¿es esta medida un avance en la seguridad o simplemente una carga económica más para los ciudadanos?
El futuro de la baliza V16 y su aceptación entre los conductores dependerá en gran medida de la capacidad del gobierno para abordar estas preocupaciones y proporcionar respuestas claras a las inquietudes que han surgido.
Mientras tanto, la incertidumbre y la desconfianza seguirán creciendo, dejando a millones de españoles preguntándose si realmente están siendo protegidos o si, por el contrario, están siendo objeto de un nuevo timo.