María Patiño y Carlota Corredera protagonizan una fuerte polémica tras opinar en televisión sobre las denuncias contra Julio Iglesias, cuestionando pruebas, presunción de inocencia y el papel de los medios.

El viernes 23 de enero, se desató una nueva controversia en el mundo del espectáculo español.
María Patiño y Carlota Corredera han vuelto a acaparar titulares, esta vez por sus comentarios sobre el caso de Julio Iglesias.
Durante el programa, Patiño afirmó: “Tenemos las imágenes de nuevo.
Se pasan por la presunción de inocencia y hacen ver que, en su día, hicieron creer que Antonio David Flores era un maltratador, por lo cual están en una macrodemanda que pronto tendrá un resultado judicial”.
Con estas palabras, la periodista encendió el debate sobre el tratamiento mediático de los casos de violencia de género.
El escándalo se intensificó cuando se reveló que Julio Iglesias había emitido un comunicado en el que desmentía las denuncias en su contra, calificándolas de “mentiras”.
“Esas mismas mujeres son las que le decían: ‘Te quiero, profesor, estoy deseando verte, profesor'”, afirmó Patiño, sugiriendo que las acusaciones carecían de fundamento.
Las reacciones no se hicieron esperar, y las redes sociales se inundaron de comentarios sobre la ética de los medios en la cobertura de estos temas delicados.
Corredera, por su parte, defendió la postura de Patiño, argumentando que “no se puede juzgar a una persona sin pruebas”.
Sin embargo, la audiencia se mostró dividida.
Muchos criticaron la forma en que ambas periodistas abordaron el tema, acusándolas de trivializar la violencia de género.
“Lo que estamos viendo es un discurso de falso feminismo”, exclamó Patiño, desatando un torrente de críticas en las redes.

La discusión se tornó aún más intensa cuando se mencionó el síndrome de Estocolmo.
“Cuando una mujer vive en una relación violenta, muchas veces se siente atrapada y llega a querer a su agresor”, explicó Patiño, intentando poner en contexto el comportamiento de algunas de las denunciantes.
“He conocido casos de mujeres que, después de una paliza, se han acostado con sus agresores”, añadió, lo que generó una ola de indignación entre los espectadores.
El clima de tensión aumentó cuando se discutieron las implicaciones legales de las declaraciones de Iglesias.
“Él quiere saber por qué se le acusa y tiene todo el derecho a defender su honor”, sostuvo Corredera.
Sin embargo, Patiño no dudó en señalar que “esto puede tener consecuencias graves para las víctimas, que pueden sentirse intimidadas al ver cómo se maneja la información en los medios”.
Mientras el debate se intensificaba, la audiencia se preguntaba si realmente se estaba haciendo justicia o si, por el contrario, se estaba perpetuando un ciclo de desinformación.
“Las víctimas no solo tienen por qué ser escuchadas, sino que deben ser protegidas”, enfatizó Patiño, aunque muchos cuestionaron la sinceridad de sus palabras, dado el enfoque sensacionalista del programa.

A medida que el programa avanzaba, las insinuaciones sobre la relación entre Iglesias y sus denunciantes continuaron.
“Esto es un peligro para la sociedad”, advirtió Patiño, aludiendo a la responsabilidad de los medios en la creación de narrativas que pueden afectar la vida de las personas involucradas.
“No podemos permitir que se juegue con la vida de las víctimas de esta manera”, concluyó.
La situación se tornó aún más compleja cuando se discutieron las pruebas presentadas por Iglesias.
“Las comunicaciones privadas no se pueden hacer públicas sin consentimiento”, argumentó Corredera, defendiendo la postura del cantante.
Sin embargo, Patiño insistió en que “la verdad debe salir a la luz, y las víctimas merecen ser escuchadas”.
El programa terminó dejando a la audiencia con más preguntas que respuestas.
¿Es posible encontrar un equilibrio entre la libertad de expresión y la protección de las víctimas? ¿Qué papel juegan los medios en la construcción de narrativas sobre la violencia de género? La controversia no solo ha puesto en evidencia la fragilidad de la presunción de inocencia, sino que también ha abierto un debate crucial sobre la ética en el periodismo.
Con el cierre del programa, las palabras de Patiño y Corredera resonaron en la mente de los espectadores: “Es hora de que todos asumamos nuestra responsabilidad en la lucha contra la violencia de género”.
Sin embargo, la pregunta persiste: ¿realmente están dispuestos a hacerlo?
