Cayetana Álvarez presentó un plan de siete puntos para deponer a Nicolás Maduro y restaurar la democracia en Venezuela.
El plan incluye acciones judiciales, endurecimiento de sanciones, cese de financiamiento a la dictadura y creación de alianzas internacionales por la libertad.

En un discurso cargado de intensidad y determinación, Cayetana Álvarez ofreció un panorama claro y contundente sobre la situación de Venezuela y los pasos necesarios para poner fin al régimen de Nicolás Maduro.
Según Álvarez, el gobierno venezolano no puede describirse simplemente como una dictadura: es un cártel criminal organizado, implicado en narcotráfico y terrorismo, cuyos líderes deben ser enfrentados con soluciones policiales y judiciales precisas.
“Sus cabezas valen tanto como la de Bin Laden.
Mediten sobre esto y actuemos en consecuencia”, afirmó, subrayando la gravedad de la situación y la necesidad de intervención internacional.
Álvarez presentó un plan en siete puntos dirigido a restaurar la democracia en Venezuela y fortalecer la libertad en la región.
El primer punto consiste en decir la verdad y asumir sus consecuencias.
Destacó cómo muchos gobiernos, incluso democráticos, se niegan a reconocer la gravedad del régimen de Maduro, evitando calificarlo como dictador y utilizando eufemismos que desdibujan la realidad.
La negativa de ciertos países, incluido España, a reconocer a los líderes legítimos electos por el Parlamento venezolano, constituye, según Álvarez, un respaldo indirecto a la dictadura y un precedente peligroso que legitima la postverdad.
El segundo punto del plan enfatiza la valentía, recordando los sacrificios del pueblo venezolano y de líderes como María Corina Machado, quienes han luchado clandestinamente por la libertad.
Álvarez recalcó que los venezolanos han demostrado un heroísmo sin precedentes al votar masivamente a pesar de las amenazas, recopilar actas y documentar su victoria.
“No les pidamos más gestos de heroísmo.
Seamos nosotros decentes y dejemos de lado la trampa del apaciguamiento”, sentenció.
Según ella, los procesos de diálogo repetidos han sido inútiles y solo han reforzado a los tiranos.

El tercer punto es impulsar la acción de la justicia, utilizando informes de organizaciones internacionales sobre violaciones graves de derechos humanos en Venezuela.
Álvarez detalló casos estremecedores, como violencia contra mujeres embarazadas, tortura de adolescentes y secuestros de personas con discapacidad, enfatizando que se requiere una respuesta judicial inmediata.
“Es inaceptable que tantos gobiernos democráticos no utilicen mecanismos internacionales como la Corte Penal Internacional para intervenir”, denunció, señalando la urgencia de actuar ante crímenes de lesa humanidad.
El cuarto punto aboga por endurecer y ampliar las sanciones económicas contra el régimen.
Según Álvarez, reducir la presión solo proporciona un respiro al gobierno de Maduro y sus aliados.
“El costo de mantenerse en el poder debe ser superior al de marcharse.
Es la única manera de que comprendan que no hay impunidad”, subrayó, destacando la importancia de elevar la presión internacional al máximo.
El quinto punto consiste en dejar de financiar la dictadura y cuestionar la colaboración de empresas extranjeras con el régimen chavista.
Álvarez mencionó específicamente a compañías como Chevron y Repsol, criticando la continua inversión en un país donde se violan sistemáticamente los derechos humanos.
La dirigente española enfatizó que la inversión en democracia es la más segura y rentable, y que las compañías deben asumir consecuencias morales y económicas por sus acuerdos con un gobierno represivo.
El sexto punto del plan es utilizar todos los mecanismos disponibles para deponer a Maduro, apelando a la responsabilidad de proteger a las poblaciones sometidas a crímenes de humanidad, tal como reconoce la ONU desde 2005.
Álvarez criticó la falta de acción de organismos internacionales y la dependencia de mercenarios para llevar a cabo intervenciones.
“Es hora de actuar de manera coherente y proteger a los venezolanos antes de que sea demasiado tarde”, declaró.

Finalmente, el séptimo punto consiste en forjar una gran alianza transatlántica por la democracia que fortalezca la libertad no solo en Venezuela, sino también en Cuba, Bolivia, Nicaragua y otros países de la región.
Álvarez resaltó la posición estratégica de España como puente entre Europa, Estados Unidos y América Latina, instando a ejercer un liderazgo ético y efectivo que promueva la libertad en todos los ámbitos de decisión.
Criticó al actual gobierno español por alinearse con intereses contrarios a la libertad, denunciando su colaboración implícita con regímenes autoritarios y con potencias como China.
A lo largo de su intervención, Álvarez llamó a la acción y a la coherencia moral: “Hagan honor a sus compromisos.
Defiendan para los venezolanos lo mismo que reclaman para los americanos: libertad, seguridad y prosperidad.
Lo moral es lo eficaz”, concluyó.
La dirigente dejó claro que la liberación de Venezuela no es solo un imperativo ético, sino una acción necesaria para asegurar estabilidad y justicia en toda la región, y enfatizó que la verdadera grandeza se mide por la valentía y la defensa de los derechos fundamentales.
El mensaje final de Álvarez fue un llamamiento a la comunidad internacional y a Estados Unidos: liberar a Venezuela y devolver la esperanza a millones de ciudadanos exiliados, castigados y perseguidos.
Su discurso delineó un camino audaz y sin concesiones para enfrentar a la dictadura, sancionar a los responsables y reconstruir la democracia, marcando un hito en la estrategia política internacional para la región.
La intensidad del discurso y la claridad del plan subrayan que el destino de Venezuela podría cambiar radicalmente si se siguen estos siete pasos estratégicos, con consecuencias que se extenderían mucho más allá de sus fronteras, afectando a toda América Latina y redefiniendo el papel de España y Estados Unidos en la promoción de la libertad y la justicia global.
