Cayetana se mostró visiblemente emocionada al recordar a las víctimas del accidente de Adamuz, destacando el caso de una niña que perdió a toda su familia y reclamando justicia.

Cayetana se dirigió a la nación con una voz temblorosa, recordando a la niña que había perdido a su familia en el trágico accidente de Adamuz.
El ambiente se tornó tenso, y con lágrimas en los ojos, expresó el profundo dolor que todos sentían.
“¿Qué ha sido de nuestras decisiones?”, se preguntó, mientras su mirada se perdía en el horizonte.
La tragedia, que dejó 46 muertos y más de 150 heridos, fue un golpe devastador para la comunidad española.
“Quiero trasladar mi pésame a las familias de las víctimas y a la niña de seis años que apareció sola en la estación, gritando que sus padres habían muerto”, afirmó Cayetana, su voz resonando con una mezcla de tristeza y determinación.
“No podemos permitir que el silencio se imponga sobre nuestra necesidad de justicia.
Exigir explicaciones no es despreciar el dolor, es honrar a las víctimas”.
La emoción en su discurso era palpable, y cada palabra parecía cargar con el peso de la responsabilidad que recaía sobre los gobernantes.
“La gestión de las vías ferroviarias es esencial para la seguridad de nuestros ciudadanos.
No se trata solo de estadísticas, se trata de vidas humanas”, enfatizó.
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La ministra no dudó en señalar que la causa principal del accidente, según el primer informe oficial, era la rotura de la vía, un hecho que había sido negado por el ministro Óscar Puente.
“¿Cómo es posible que una vía recién renovada se rompa así?”, cuestionó, exigiendo una investigación exhaustiva sobre las obras realizadas.
Cayetana recordó que se habían gastado 700 millones de euros en la renovación de las vías, y que las obras se habían completado apenas ocho meses antes del accidente.
“Es fundamental saber si se utilizaron materiales de calidad y si se cumplieron todas las exigencias de seguridad”, subrayó, haciendo hincapié en que la corrupción tiene consecuencias fatales.
“La corrupción cuesta vidas”, declaró con firmeza, mientras la audiencia permanecía en un silencio reflexivo.
La ministra también abordó la gestión del Ministerio de Transportes bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, describiéndola como una “gestión que clama al cielo”.
“Este ministerio se ha convertido en un cortijo de corrupción y amaños”, afirmó.
Cayetana no escatimó en críticas hacia el exministro de Transportes, quien, según ella, estaba actualmente en prisión por corrupción.
“Es inaceptable que el país esté dirigido por personas que no solo han fallado en su deber, sino que también han manchado la confianza pública”.

“Es hora de que se asuman responsabilidades”, insistió, y recordó que las advertencias sobre la degradación de las vías habían sido ignoradas.
“Los maquinistas y hasta un senador del Partido Popular habían alertado sobre la situación de este tramo de vía, y nadie hizo nada”, añadió, su tono cargado de indignación.
La ministra concluyó su discurso con una frase que resonó en el corazón de todos: “Queremos justicia ya”.
El silencio que siguió fue abrumador, y muchos en la sala sintieron que la historia de la niña y las víctimas del accidente no podía quedar en el olvido.
Cayetana, con su voz temblando de emoción, se convirtió en la portavoz de un clamor colectivo por justicia y responsabilidad.
“Que lo oiga toda España”, exclamó, mientras la audiencia estallaba en aplausos, reconociendo la valentía de su mensaje.
La tragedia de Adamuz no solo dejó un saldo trágico de vidas perdidas, sino que también puso de relieve la necesidad urgente de una revisión profunda de la gestión pública y la responsabilidad de aquellos que toman decisiones que afectan la vida de millones.
La ministra Cayetana, con su apasionado llamado a la acción, se erigió como una figura central en la lucha por la justicia y la verdad en un momento en que el país más lo necesitaba.
