Cientos de tractores colapsaron el centro de Madrid en una protesta masiva de agricultores contra los recortes de la PAC y el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur.

Madrid ha amanecido colapsada por una imagen que evoca las grandes protestas del campo en los últimos años: cientos de tractores han tomado las principales arterias de la capital, avanzando lentamente hacia el centro político del país.
Los agricultores, convocados por organizaciones agrarias independientes, han salido a las calles para denunciar lo que consideran un abandono deliberado del sector primario por parte del Gobierno de Pedro Sánchez.
La protesta tiene como eje central el rechazo frontal a los recortes previstos en la futura Política Agraria Común (PAC) y al acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, que los agricultores han calificado como una sentencia de muerte para miles de explotaciones españolas.
“No podemos permitir que se sacrifiquen nuestras cosechas y nuestras familias por intereses ajenos”, gritaba uno de los manifestantes mientras sostenía una pancarta que decía: “¡El campo no se vende!”.
Las columnas de tractores han partido desde distintos puntos de la periferia, confluyendo en el eje de Recoletos y el Paseo del Prado.
Este movimiento ha generado importantes afecciones al tráfico y ha obligado a modificar decenas de líneas de transporte público.
“Es una locura, pero necesitamos que nos escuchen.
Estamos luchando por nuestra supervivencia”, comentaba una agricultora mientras su tractor sonaba en medio del caos del tráfico.

La jornada ha sido particularmente simbólica al llegar a las inmediaciones del Congreso de los Diputados, donde se celebra la sesión de control al Gobierno.
Dentro del hemiciclo, las intervenciones han estado marcadas por la tensión política, con el Partido Socialista y sus socios de la izquierda enfrentando críticas por su gestión de la crisis del campo.
“Han dado la espalda a quienes alimentan este país”, declaraba un portavoz de Vox, quien fue aplaudido por los agricultores que esperaban fuera, haciendo eco de sus palabras con vítores.
A medida que los tractores se acercaban al Congreso, el ruido de las bocinas y los gritos de protesta resonaban en el aire.
“¡Sánchez, escucha! ¡El campo está en la calle!”, se oía a los agricultores que llevaban horas esperando ser escuchados.
Más de 2,500 agricultores han colapsado el centro de Madrid, creando un contraste evidente entre la movilización popular y el debate parlamentario que se desarrollaba a escasos metros.
Los manifestantes han denunciado que el acuerdo con Mercosur permitirá la entrada masiva de productos agrícolas de países con estándares fitosanitarios y laborales más laxos, generando una competencia desleal.
“Ya lo vivimos con Marruecos, y no podemos permitir que vuelva a suceder”, advertía un joven agricultor, visiblemente frustrado.
“Este acuerdo es un golpe mortal para nuestras explotaciones”.

Al mismo tiempo, han señalado que la nueva orientación de la PAC reducirá ayudas esenciales que han sostenido durante años la viabilidad de miles de familias que viven del campo.
“No solo se trata de dinero, se trata de nuestra forma de vida”, afirmaba una madre de familia que lleva generaciones cultivando en la región.
“Si el Gobierno no nos apoya, ¿qué futuro tendrán nuestros hijos?”.
En este contexto, Vox ha sido la única formación que ha mostrado públicamente su respaldo explícito a las reivindicaciones del sector dentro del Congreso.
“Nosotros estamos aquí para defender lo que es justo”, aseguraba un representante del partido.
Sin embargo, el resto de fuerzas políticas han evitado posicionarse con claridad durante la sesión, lo que ha dejado a muchos agricultores decepcionados.
“Esa falta de respuesta política es el reflejo de lo que hemos denunciado todo el día: un Gobierno que ignora nuestras necesidades”, afirmaba un veterano agricultor con lágrimas en los ojos.
La jornada ha culminado con una clara demanda de atención y acción por parte del Gobierno.
“No queremos promesas vacías, queremos soluciones reales”, gritaban los manifestantes mientras se preparaban para regresar a sus pueblos, con la esperanza de que su lucha no haya sido en vano.
En definitiva, Madrid ha amanecido en un caos absoluto, pero también ha sido testigo de una movilización histórica que pone de manifiesto la urgencia de escuchar al campo español y atender sus demandas antes de que sea demasiado tarde.