La empresa que llevaba a cabo las obras en el edificio derrumbado tenía los papeles en regla y “en principio todo está bien”

El corazón de Madrid ha quedado marcado por la tragedia este martes 7 de octubre, cuando un edificio situado en la calle Hileras, cerca de la plaza de Ópera, se desplomó dejando un saldo de cuatro fallecidos y varios heridos.
La estructura, que estaba siendo rehabilitada para convertirse en un hotel de cuatro estrellas con inversión saudí, colapsó alrededor de las 13:00 horas, atrapando a tres obreros de la empresa ANKA y a una administrativa que desempeñaba funciones dentro del inmueble.
La alarma movilizó a once dotaciones de Bomberos de Madrid, equipos de SAMUR-Protección Civil, unidades caninas especializadas y apoyo aéreo de la Policía Municipal, todos coordinados para rescatar a los desaparecidos entre los escombros.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, confirmó la localización de los cuatro cuerpos a lo largo de la noche y madrugada siguientes al colapso.
Los equipos de emergencias trabajaron de manera constante para retirar los cadáveres y asegurar la zona, realizando los levantamientos formales y las pruebas pertinentes bajo supervisión judicial.
La rápida intervención permitió minimizar riesgos adicionales, aunque el impacto emocional y la conmoción en el barrio han sido enormes.
Entre las víctimas se encontraban Dambéle, Alfa y Jorge, de nacionalidades maliense, guineana y ecuatoriana respectivamente, con edades comprendidas entre los 30 y 50 años, y la administrativa cuya responsabilidad en la obra la situaba en la planta afectada al momento del derrumbe.
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Según las primeras investigaciones urbanísticas, la obra contaba con todos los permisos en regla desde febrero, y la declaración responsable para la instalación de una grúa-torre se tramitó en junio.
“En principio todo está bien”, explicó Almeida, subrayando que el derrumbe se produjo por el colapso del forjado de la sexta planta, que se precipitó hacia las inferiores afectando a los trabajadores y provocando la tragedia.
Los bomberos iniciaron trabajos de apuntalamiento para evitar nuevos desplomes, mientras que los equipos sanitarios de SAMUR atendieron a los tres heridos iniciales: un trabajador con fractura de pierna y dos con contusiones leves.
El despliegue de emergencia incluyó la colaboración de unidades caninas para acelerar la localización de los desaparecidos, con perros especializados que accedieron a los escombros más inestables.
La Policía Científica se encargó posteriormente de la identificación de los cadáveres, coordinando el proceso con precisión para garantizar la correcta documentación de cada hallazgo.
La estructura, que había sido rehabilitada con fines hoteleros, contaba con inversión internacional y planes para convertirse en un edificio emblemático en el centro histórico de la capital.

Vecinos del área relataron el impacto de escuchar el colapso como un estruendo ensordecedor, seguido por el caos de ambulancias, bomberos y sirenas. “Se cayó como fichas de dominó”, comentaba un testigo que observaba los trabajos de rescate desde una distancia segura.
La administración local ha mantenido la comunicación constante con los residentes, asegurando que, salvo cambios imprevistos, podrán regresar a sus viviendas bajo supervisión especial para garantizar su seguridad.
El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre, expresó su más sentido pésame a las familias de los fallecidos a través de sus redes sociales, destacando la labor heroica de los servicios de emergencia y la Policía Municipal.
“Una vez más, lo están dando todo en una situación límite”, señaló, reconociendo que la coordinación de distintos cuerpos ha sido clave para poder controlar el siniestro y recuperar a los desaparecidos con rapidez.
Aunque los papeles y permisos estaban en regla, las autoridades han iniciado una revisión exhaustiva de las causas que provocaron el derrumbe, sin descartar factores estructurales, de seguridad laboral o imprevistos de la construcción.
La prioridad sigue siendo garantizar que el resto del edificio y las edificaciones colindantes no corran riesgo, mientras se esclarecen todos los detalles que llevaron a esta tragedia.
La seguridad en obras de gran envergadura vuelve a ser el eje de debate, y los técnicos advierten de la importancia de revisar cada elemento estructural antes de permitir trabajos en altura o sobre plantas superiores.

Los familiares de las víctimas han recibido apoyo psicológico y asistencia directa del Ayuntamiento de Madrid, mientras que la ciudad guarda un minuto de silencio y respira con cautela ante lo sucedido.
La historia de este derrumbe recuerda la vulnerabilidad incluso en zonas centrales y supuestamente seguras, y la necesidad de protocolos de emergencia que permitan actuar con rapidez ante cualquier eventualidad.
Este trágico suceso se suma a una creciente preocupación por la seguridad en la rehabilitación de edificios antiguos en el centro de Madrid, donde la mezcla de estructuras históricas y proyectos modernos exige máxima cautela.
Los organismos responsables prometen investigaciones detalladas y la adopción de medidas preventivas para que incidentes de este tipo no se repitan.
Por ahora, la ciudad se enfrenta al duelo, mientras los servicios de emergencia continúan asegurando la zona y evaluando los daños colaterales en edificios cercanos.
En conclusión, el derrumbe del edificio de la calle Hileras ha dejado un saldo de cuatro fallecidos y varios heridos, y ha conmocionado al centro de Madrid por su inesperada magnitud.
Los esfuerzos coordinados de bomberos, policías, unidades caninas y sanitarios han permitido recuperar los cuerpos y controlar la zona, mientras se investiga la causa exacta de la tragedia.
Las autoridades destacan que los permisos estaban en regla, pero el colapso plantea nuevas interrogantes sobre la seguridad en obras urbanas de gran envergadura y la responsabilidad en los trabajos de rehabilitación.
La ciudad llora a sus víctimas y refuerza su compromiso con la prevención, la supervisión estricta y la protección de quienes transitan y trabajan en su corazón histórico.